jueves, 31 de mayo de 2018

31 de mayo, Día Contra el Tabaco ¿Qué es el IQOS?

Un año más celebramos el Día Internacional Sin Tabaco. Otro año y la gente sigue fumando por todas las esquinas con total inconsciencia, perjudicando con su humo a los viandantes, machacándose literalmente la salud. Y lo peor es que, también año tras año y a pesar de tan sombrío panorama, los jóvenes siguen iniciándose en ese hábito mortífero. ¡Cuánta impotencia!
Un año más y el lobby tabaquero sigue engañándonos a todos. Seguimos en el limbo, nos creemos sus torticeros argumentos, incluso aceptamos esos nuevos productos -tan modernos ellos, tan eficaces para seguir matando a consumidores y vecindario- que se han sacado de la manga para seguir lucrándose a nuestra costa.
¡Qué bien lo han hecho! Nos saquean mientras nos matan lentamente. 
¡Viva el Día Internacional Sin Tabaco! 
Pero es un grito triste, lleno de impotencia, es obvio que esto sirve de muy poco, que la gente sigue muriendo en silencio, callando la causa (EPOC: cáncer de pulmón, crisis asmáticas, fibrosis), escondiéndose tras ambigüedades para no molestar demasiado. Mueren después de muchos años de ostracismo, de vivir arrinconados en sus casas aferrados a una bombona de oxígeno, de sentirse como muertos en vida y, para colmo, creyéndose culpables.
Pero la víctima no es culpable nunca. Nos han engañado a todos y lo siguen haciendo impunemente.
El IQOS no es un buen producto, resulta tan dañino como todos, es veneno con envase atractivo como el resto de elementos que contienen nicotina. No sé cómo han podido introducirlo en el circuito comercial cuando está probado que es un producto mortífero. O sí lo sé, cuando hay fortunas por medio los trámites se facilitan, las barreras se allanan, no solo se deja pasar el producto: se le extiende una alfombfra acolchada para que llegue más rápido a su meta. Algunos bolsillos estarán un poco más llenos, algunas vidas se volverán mucho más precarias, muchas mentes se confundirán creyendo que la legalización del nuevo artefacto garantiza que es completamente inocuo. 
Nos dejamos engañar, somos ingenuos, y eso tiene un coste muy alto.
Nos están matando lentamente, lo juro.
Y si no me creéis, ¡informáos!

viernes, 20 de abril de 2018

El chivo expiatorio (II)

Dio la impresión de que no le quedaba aliento. Llenó su vaso con el agua que quedaba en la jarra y se pasó un pañuelo por la frente.

-¿Alguien quiere café? -Propuso Paco.

-¡Claro! Todos. –Replicó Cris mientras retiraba los platos sucios- Ya está hecho. Trae las tazas y sírvelo, anda.

-¿Estás bien? –pregunté a Sonia. Se la veía muy pálida y parecía haberse quedado sin fuerzas.

Pili, que estaba a su lado, le echó un brazo por los hombros.

-Paco, ¿vienes ya? -Cristina se acercó a la ventana- Voy a abrir un poco que hace mucho calor aquí.

Subió el estor con brío- Venga, ¿estamos todos ya?

-¿Mejor? –Paco, que entraba con la bandeja, dejó otra jarra llena junto a Sonia.

-¿Qué pasó después?

Sonia resopló y se llevó la taza a los labios.

-No sé cómo puede haber gente tan estúpida en el mundo.

-¡Uy! Si yo te contara… -interrumpió Paco.

-¡Calla! –terció su mujer.

-Pues nada, que querría contarle a mi tío que Luis y yo tampoco lo llevábamos muy bien, que estaba pensando en echar todo por la borda pero me estaba costando dar el paso. Le daba vueltas a todo eso mientras esperaba a que saliese, y no me estaba fijando en nada más. Entonces fue cuando vi a esos payasos al otro lado del cristal, haciendo visajes y descojonándose. Les di la espalda pero uno salió a preguntarme, con toda su jeta, por qué había salido corriendo.

-¿Hablas de los camareros?

-Sí, sí, los putos camareros.

Pensé que no parecía la misma Sonia que se había sentado a la mesa un rato antes. Ahora estaba reviviendo la escena y descargaba toda la rabia que tenía dentro. Guardaba más sangre en las venas de lo que parecía a primera vista.

"-Contesté que le que preguntase a mi tío, que todavía estaba dentro del bar. Pero siguió insistiendo como si estuviese obligada a darle explicaciones. Fui tonta haciéndole caso. Le dije que me hacían daño los líquidos.

"-¿Qué líquidos?

“Me interrogaba con una altanería y un aire chulesco que, por supuesto, no estaba dispuesta a soportar.

“-El detergente que tenéis encima de la mesa. Soy asmática y me ahogo al olerlo. ¿Tienes algo que objetar o es que crees que tengo que pedirte permiso para salir del bar cuando me plazca?

“.No. Si… Yo…

“-Y tus compañeros ¿de qué se ríen? Vaya pandilla de memos que sois.

“-Perdone, señorita. No es que se rían. Bueno, se ríen, pero en el sentido...

“Encima palurdo –pensé.

“-¿En el sentido? ¿De qué sentido hablas? ¿De la falta de respeto? ¿De la estupidez? ¿De molestar a gente que no os ha hecho nada? Mira, no quiero seguir hablando, seguro que no te importa pero esta movida está afectando a mi salud. Entra de una vez, diles a esos que dejen de reírse de lo que no entienden y déjame en paz, haz el favor.

“Cruzó la puerta de un salto, parecía un conejo asustado, no se esperaba que fuera a plantarle cara, tampoco que fuésemos gente normal, supongo, aunque sigo sin imaginarme qué les pudo pasar por la cabeza. Le vi hablar con sus compañeros, me fijé en cómo se ponían serios de golpe. Cuando se lo conté a Ángel me dijo que le habían pedido disculpas. Por el malentendido, dijeron. Él no contestó, no tenía ni idea de lo que le estaban hablando.

“Pero a esas alturas ya estaba tocada. Me había alterado tanto que apenas podía andar, me ahogaba, tuvimos que parar varias veces. Me eché el inhalador a la boca pero apenas me hizo efecto. Ángel estaba dispuesto a llamar al Samur, como había tenido que hacer tantas veces, para mi familia es casi una rutina ya. Íbamos los dos muertos de frío, apenas quedaba nada abierto y yo tenía que sentarme. También, y a ser posible, entrar en calor. Después de muchas paradas, de temer, una vez más, que no iba a ser capaz de salir viva de aquello, conseguimos llegar a la estación. Ángel quería llevarme al hospital o a mi casa, dónde fuera, pero yo era partidaria de esperar un poco. Nos sentamos en un banco del andén y, cuando llegó mi autobús, ya estaba bastante repuesta, así que subí sin escuchar las protestas de Ángel ni casi mirarle cuando me despedía para no ver su cara de preocupación.

Se oyó a Paco, tan práctico como de costumbre:

-¿Moraleja?

-Espera, –reclamó Pili- todavía no ha terminado.

-¡Ah! Pero, ¿todavía hay más?

-¿Qué si hay más?

RECUPERACIÓN DE LA SERIE DE RELATOS INDEPENDIENTES TITULADA CHARLAS CON PACO TELLA, PUBLICADA INICIALMENTE EN LA PRIMERA ETAPA DE ESTE BLOG
(Continuará)

miércoles, 18 de abril de 2018

Los peligros de un solo cigarro

El que quiera confirmar que el tabaco es un elemento altamente nocivo solo tiene que consultar cualquiera de las páginas médicas que informan sobre el asunto. En este blog también hay información de sobra. Hemos comentado infinidad de veces que los fumadores están en riesgo de padecer enfermedades cardiovascularres, patologías respiratorias como EPOC y asma, cánceres de varios tipos, sobre todo de pulmón, problemas de piel y de vista etc.
Lo peor no es que el fumador caiga en la trampa de creerse los cantos de sirena de las tabacaleras y aliados, eso es de comprender porque su adición piensa por ellos. Aunque si tienen un momento de lucidez y decide pedir ayuda profesional aumentaría su esperanza de vida y, por encima de todo, la calidad de esta. Vivir durante una decena o dos de años con graves problemas para respirar y, por tanto, para moverse libremente, gran parte de ellos encadenados a una bombona de oxígeno no creo que le haga mucha ilusión a nadie.
Pero lo altamente preocupante es que los no fumadores, con un total desconocimiento de la cuestión, se lanzan irresponsablemente a opinar poniéndose ingenuamente del lado del fumador. O eso creen ellos, porque si quieren hacer una favor, tanto a los fumadores como a los que respiran el humo que inhalan, deberían recomendarles que tratasen de abandonar el hábito.
El tabaco es peligroso desde la primera calada
Fumadores en la puerta de un local
Y lo que ya es absolutamente demencial es que los adolescentes continúen con esta costumbre sin que nadie parezca preocuparse demasiado: ni familia, ni profesorado, ni autoridades sanitarias, que deberían promover campañas de concienciación dirigidas sobre todo a ellos. Un escándalo absoluto.
Pues bien, dentro de esa desinformación que mantiene en el limbo a la ciudadanía, nos hemos hecho a la idea de que solo los que fuman un determinado número de cigarros al día pueden padecer algún trastorno. Esto no es así: el tabaco es peligroso desde la primera calada, incluso es peligroso aspirar el humo de otros fumadores. Dependerá de factores ambientales y genéticos cómo se materializa ese peligro, qué enfermedad (o enfermedades) acechan a cada individuo, en qué momento de su vida darán la cara, gravedad de estas etc.
Hace poco he conocido otro dato preocupante: el primer cigarro es tan peligroso como un paquete entero. Tampoco me sorprende. Hemos incorporado un veneno devastador a nuestra cultura y costará mucho esfuerzo lograr que la opinión pública se conciencie de esta realidad. A las autoridades médicas corresponde abrir los ojos de la gran mayoría, informar con todo detalle qué les espera en el futuro, mostrar cómo es la vida y las condiciones físicas de todas esas personas que sufren en silencio, recluidas en sus casas, los efectos de esa ley del silencio que ya dura demasiado.

viernes, 13 de abril de 2018

El chivo expiatorio (I)

Se acercaba un puente de cuatro días y me preguntaba cómo aprovecharlo. La semana anterior había acabado un guión de lo más tortuoso y me había quedado sin ganas de escribir una sola línea en todo lo que quedaba de mes, había puesto mis lecturas en barbecho hasta nueva orden, como estaba lloviendo a cántaros, recorrer a pie la montaña visitando sus pueblos y pasar penalidades no me convencía nada, entonces llamó Pili y me propuso que visitásemos a Paco, podía alojarme en su casa si ellos no tenía sitio. Ya conocéis a Pili, es una vecina de mi antiguo barrio, ciega de nacimiento o casi, con la que solo he hablado un par de veces. Me han dicho que no ha vuelto a comprar un libro mío desde que maté al protagonista de un relato en la última frase y a traición. Esta vez, tenía un plan.

-Te necesito, Molina. Una amiga mía quiere conocer a Paco y como tienes confianza con él…
-Más que nada, soy amiga de Cris. Puedo preguntar si tienen libre alguna tarde del puente.

Tenían. Y nos invitaron a empanada casera, una de las especialidades de Paco. La amiga de Pili se llamaba Sonia, lo único que entendí de todo lo que me contó esa tarde. Que si tenía movilidad reducida, que si no dejaba de llorar…
No sabía lo que iba a encontrarme.

-¿Es que va en silla de ruedas?
-¿Qué? No, no.

Su caso, según dijo, era muy parecido al de Paco, por eso quería que hablasen. Hace poco se había sentido tan vejada que no se levantaba ni para comer. Le daba igual perder el trabajo, le daba igual todo.
-Su novio le ha dicho a su jefa que tiene la gripe.

-Pero ya no es época de gripes.
-Ya. Poca imaginación que tiene el muchacho.

-Y se lo ha tragado.
-Parece ser.

El salón de Paco aparecía cuajado de guirnaldas y empapelado con pancartas en las que se leía “Todos se pelean por un papi como el mío” “Queremos hacerte feliz” “Por ti se inventó el día del padre” y frases por el estilo. Los niños acababan de representar una obra y estaban desmontando el escenario. Junto a nosotras tres pasaban cortinas, un guerrero con bigote, una princesa con capirote, una torre de cartón, una escalera forrada de fucsia, arbolitos de plástico, nubes de algodón azul. Mientras esperábamos que se apaciguase todo aquel revoltijo, nos sirvió sangría el abuelo. Luego reunió a los chicos, se aseguró de que no les quedase ni un churrete y se los llevó al cine con un paso tan marcial que, se diría, capitaneaba un regimiento.

-Sentimos interrumpir en un día como este.

Paco se pasó la manga por la frente.
-¡Ya venía bien un respiro!

-Estos ratos acaban agotándole, –intervino Cris- por eso os citamos para hoy. Habéis sido una coartada estupenda.
-Pero tu padre…

-Hoy también es su día. Está encantado de llevarlos por ahí. Un día por otro, casi nunca encontramos la ocasión.
Cris fue sirviendo los trozos de empanada que, por cierto, estaba de muerte y, en cuanto empezaron a funcionar los tenedores, dejamos hablar a Sonia.

-No sé cómo empezar, –empezó- es como si me sintiese culpable. Por nada, la verdad. Hace unos días quedé con mi tío Angel, fuimos a una tasca del centro, una de mala muerte porque estaba todo a reventar. Tomamos unas cervezas y unos pinchos.
Sonia tiene el pelo muy lacio, muy rubio y muy achicharrado  por el sol. Me fijé en sus ojeras azuladas, en que apenas probó bocado, en su expresión de derrota y sus hombros caídos. Al verla, no cabía duda de que la depresión le estaba clavando los garfios.

-Mi tío quiere separarse porque su mujer le… Bueno, eso da igual. Está decidido pero no se atreve a enfrentarse a mi padre, que es muy conservador y un poco intransigente. Ángel es el pequeño y siempre nos hemos llevado bien.
Cuatro pares de ojos la miraban. La única que sabía de qué iba el asunto era Pili, también la única que apenas podía verla.

-Yo también tengo hipersensibilidad a los químicos. Como tú, Paco. La verdad es que aún no me lo explico. Estábamos enzarzados en lo del divorcio, cuando Ángel se paró y dijo: “Ve saliendo rápido que ya me encargo yo de pagar. Estos han sacado los botes
“Miré y vi un espray lleno de líquido azul sobre la mesa más cercana a la puerta y a un camarero con guantes de goma y un trapo que estaba a punto de agarrarlo. Cogí el bolso y la chaqueta y eché a correr tapándome la boca. Ya he estado en urgencias muchas veces por lo mismo y no estoy dispuesta a comprobar si el producto tiene cloro o no tiene.

Miró fijamente a Paco.
-Supongo que sabes lo que es un bronco-espasmo.

-Demasiado bien. Sigue.
-¿También tú has ido al hospital?

Paco puso su mejor cara de guasa.
-Como todos, miles de veces, hasta que aprendí cuándo hay que irse corriendo de los sitios.

-Pues eso. Salí a toda prisa con la pasmina por delante y Ángel se quedó como alelado, parecía que rebuscaba en la cartera pero en realidad estaba dando vueltas a lo que habíamos hablado y así pasó diez minutos. Mientras fuera me estaban machacando entre todos, él seguía allí, en Babia.
“Me asomé por una ventanita que daba a la barra y le vi al fondo, cabizbajo. Al otro lado, justo enfrente de mí, cuatro camareros me hacían gestos de mal gusto y se partían de risa. No lo entiendo, la verdad.

Paco se había puesto serio.
-¿Cuántos años te lleva tu tío?

-No sé, unos quince.
-Pues te puedes imaginar, cualquier guarrada se les pasaría por la cabeza. Hay gente que tiene la mente muy sucia.

-Pero éramos un tío y una sobrina hablando de sus cosas. No lo puedo entender.
-Sonia, es que los tíos se aburren mucho. – Terció Cris.


RECUPERACIÓN DE LA SERIE DE RELATOS INDEPENDIENTES TITULADA CHARLAS CON PACO TELLA, PUBLICADA INICIALMENTE EN LA PRIMERA ETAPA DE ESTE BLOG
(Continuará)

miércoles, 4 de abril de 2018

¿Por qué le llaman infarto cuando quieren decir broncoespasmo?

Ante todo hay que definir el concepto:
"El broncoespasmo es un estrechamiento temporal de los bronquios (vías respiratorias en los pulmones) causado por la contracción de los músculos en las paredes de los pulmones, por la inflamación de la mucosa pulmonar, o por una combinación de ambas condiciones."

Existe un gran porcentaje de muertes súbitas, ocurridas a personas asmáticas -con diagnóstico previo o no- cuyo origen no es un ataque al corazón sino la inhalación de sustancias fuertemente irritantes o con algún ingrediente alérgeno que dan lugar a una respuesta automática en los bronquios, inflamándolos y, en consecuencia, produciendo un significativo estrechamiento que dificulta la respiración, y si no se trata a tiempo, es capaz de producir la muerte del individuo. 
¿Porqué un proceso de este tipo llega a relacionarse con un ataque al corazón? Muy sencillo, porque cuando el oxígeno no llega a los pulmones, o no llega en la cantidad suficiente, los músculos se ven privados de esta sustancia vital, y el corazón no es otra cosa que un músculo, si bien esencial para mantener el organismo con vida.
Quiero decir con esto, que cuando se habla de insuficiencia cardio-respiratoria el individuo no siempre padece un problema coronario; en ocasiones, el origen se encuentra en los pulmones. Lógicamente, y simplificando, si no llega aire a estos órganos, o no en cantidad suficiente, o llega muy contaminado y por tanto con una proporción insuficiente de oxígeno, falla el corazón y se produce el fallecimiento.
Sin embargo no escuchamos muy a menudo hablar de esto. Se suelen meter en el mismo saco los fallecimientos y las crisis de extraordinaria gravedad que aparecen y se desarrollan rápidamente tengan el origen que tengan, de esta forma nadie se plantea el peligro que supone la liberación de sustancias peligrosas y su contribución a un porcentaje determinado de fallecimientos repentinos. De esta forma, nos ahorramos utilizar medidas preventivas como registringir aún más el acto de fumar en lugares públicos, prohibir la utilización de productos químicos potencialmente peligrosos, regular el uso de taladradoras y maquinaria generadora de gran cantidad de polvo, tanto en la calle como en locales, obligando a sustituirlas por otras que ejercen la misma función y contaminan mucho menos, y un largo etcétera. Comprometerse con esta problemática resulta, ciertamente, algo molesto, pero imprescindible para prevenir una gran cantidad de muertes fácilmente evitables, no solo del público transeúnte sino de los propios trabajadores, que son los primeros en inhalar esos productos o partículas.
Una vez dicho esto, repito la pregunta. ¿Por qué le llaman infarto cuando quieren decir broncoespasmo? Pues para despistar, naturalmente. Cualquiera que tenga ojos para ver, a poco que observe, se dará cuenta de que existe una ley del silencio en torno a este asunto.

miércoles, 14 de marzo de 2018

Tabaquismo: Cuando uno enferma porque sí

¡Desengáñese fumador! Tal como indican voces autorizadas, la fantasía de que a usted no le va a tocar la china tiene poco fundamento, ya que está alimentada por opiniones tan poco consistentes como:

  • de una parte, los sectores interesados en mantenernos ciegos. Muy interesados, por cierto, ya que el dinero que mueve la industria tabaquera se  concreta en cifras de muchos ceros.
  • de otra, la adicción del propio fumador, que intenta justificar, como es lógico. Para ello, utiliza toda clase de excusas: "me siento muy bien", "puedo dejarlo cuando quiera", "no hace tanto daño como dicen", "a mí no me va a tocar", "de algo hay que morir", "todo eso que dicen no son más que mentiras de las farmaceúticas" (?!)
  • por último, la falta de información y la indiferencia social, que no entiende lo que está pasando y, a pesar del drama social y económico, no se preocupa de tomar conciencia de ello. Es más, incluso personas que no han fumado nunca, defienden lo indefendible por pura inercia e ignorancia.
Pero a los fumadores les espera, en un alto porcentaje de casos:
Resultado de imagen de paquetes de tabaco
  1. Responsabilidad en la aparición de patologías ajenas o en su agravamiento debido a la emisión constante de humo, en espacios abiertos y cerrados.
  2. Prematuro envejecimiento.
  3. Una larga y penosa enfermedad con el consiguiente descenso de la calidad de vida, escasa movilidad etc.
  4. Asociación con otras patologías, bien provocadas por la inmovilidad forzosa, por efectos secundarios de una medicación indispensable, por las escasas perspectivas vitales, descenso de autoestima y escasa socialización que acaban frecuentemente en un cuadro depresivo.
  5. Fallecimiento prematuro.
Seguro que algo me dejo en el tintero, pero si todo esto le parece poco motivo para abandonar el tabaco, se está engañando a sí mismo.
Si usted es fumador y cree imposible pasar sin el cigarrillo, busque ayuda profesional. Se sorprenderá de su eficacia. Muchos, antes que usted, se han sentido incapaces y acabaron consiguiéndolo con mucho menos esfuerzo del que imagina.
Si alguien de su entorno fuma aconséjele que busque ayuda, una ayuda avalada científicamente, nada de cantos de sirena, homeopatía o imposición de manos, eso es tirar el dinero y, lo que es peor, la forma más segura de hacer que el fumador retroceda en sus buenos propósito.

viernes, 9 de marzo de 2018

Cómo dejé el tabaco

Llevaba veinte días sin trabajar por culpa de una bronquitis y la casa se me caía encima. El día había sido gris y tristón, con nubes bajas y amenaza de lluvia, se intuía el invierno en las rachas de aire frío que me abofetearon cuando abrí la ventana, en el color de la tarde y en las ramas peladas. Si tenía motivos para estar decaído, el tiempo tampoco animaba. Empezaba a anochecer. Me había acercado unas cincuenta veces al teléfono, luego cogía un libro para ahuyentar tentaciones, pero la trama no lograba atraparme. Cristina había agarrado la bolsa de viaje nada más comer y se había marchado a casa de su madre con los niños. Todavía eran bebés, no hacía ni cuatro años que vivíamos juntos. Dijo que se largaba para siempre porque no podía soportar mi mal humor. No quería llamarla por orgullo. O porque me parecía demasiado pronto para ablandarla y prefería esperar al día siguiente, ya no recuerdo bien.
Fui a buscar un refresco porque estaba harto de fingir que leía y porque la cocina estaba en dirección contraria al teléfono. Me dolía la cabeza y el pecho, tenía algo de fiebre y la vida me parecía una broma de mal gusto. Volví a echarme la manta por encima y abrí la segunda cajetilla de esa tarde. Pensé que el salón debía oler a rayos, aunque yo no lo notase, porque llevaba horas cociéndome en mi propio jugo; pero si lo ventilaba a esa hora corría el riesgo de coger un pasmo aún mayor del que tenía encima. Así que encendí un cigarro y di un par de caladas nerviosas. Entonces me quedé tieso. Tal cual.
Me dediqué a dar bocados al aire pero no entraba ni gota, como si me hubieran puesto un tapón en la garganta. La colilla se consumió sola en el cenicero mientras yo bregaba con mis sudores fríos y luchaba por respirar. Tenía una nube delante de los ojos, noté cómo perdía fuerza en los brazos y los dejé caer, eché la cabeza hacia atrás, apreté los párpados e intenté respirar hondo con toda mi furia. Cuando lo conseguí y empecé a ver colores de nuevo, me juré a mí mismo que no volvería a coger un cigarro.
El fumador de pipa - Cezanne (1895)
Ya no sé cómo hicimos las paces. Debimos darnos prisa porque no creo haber pasado solo ni una noche más. Me había mareado y me asusté, eso es lo que le conté a Cris, luego supe que había sufrido una crisis de asma.
Tardé en volver al trabajo. No engordé. Alrededor del teclado se acumulaban los envoltorios vacíos de mis caramelos de menta. Algún compañero ponía cara de guasa al verlos, pero eran el equivalente del cenicero lleno que se veía en todas las mesas y que la fuerza de la costumbre había convertido en normal.
Lo había intentando tantas veces que nadie pensó que fuese a conseguirlo. Mi mujer escondió los cartones detrás de una pila de libros y aseguró que habían ido a la basura. Lo que no quería era tirar el dinero porque estaba convencida de que en un par de días iba a salir a comprar otros.
No fue así. Se me había metido en la cabeza que si era capaz de aguantar veinte horas sin el vicio, podría continuar toda la vida. Y así fue. Atrás quedaron los mil intentos anteriores, mis llantos a escondidas cada vez que echaba de menos la dosis, las restricciones: quince al día, luego diez, ocho, hasta seis, nunca menos. El hormigueo en las venas cuando, por fin, claudicaba, un gran bienestar que me recorría de arriba a abajo el cuerpo. Decían que un cura de la Rioja expulsaba las ganas de fumar solo con tocar la cabeza del visitante. Me apunté en una lista de seis meses pero Cris se negó a acompañarme, dijo que no quería brujerías en su casa y volví a llamar para anularlo.
Yo no lo había dejado, era él quien me había dejado a mí. Me había dado cuenta de que, por mucho que me gustara el tabaco, la vida era preferible.

RECUPERACIÓN DE LA SERIE DE RELATOS INDEPENDIENTES TITULADA CHARLAS CON PACO TELLA, PUBLICADA INICIALMENTE EN LA PRIMERA ETAPA DE ESTE BLOG