miércoles, 17 de enero de 2018

El tabaco, mejor ni probarlo



¿Hasta dónde vamos a llegar?

¿Qué es lo que estamos haciendo con los jóvenes? ¿Cómo pretendemos que no se inicien tempranamente en una costumbre tan legal como la inhalación de una sustancia que se dispensa en establecimientos patrocinados por el estado, avalada por marcas comerciales reconocidas y que, pretendidamente, recibe inspecciones sanitarias (¿sanitarias?) periódicas? ¿Quién puede resistirse a un hábito que están viendo en cine y televisión desde el día que nacieron? ¿Cómo van a pensar que en cuanto se inicien empezarán a matarse lentamente? ¿Cómo no van a rechazar desdeñosamente las advertencias sanitarias creyendo de buena fe que no son más que bulos?

La adición comienza a ser un hecho desde la primera calada, no importa mucho que el sabor desagrade a quien lo prueba, tal como demuestran numerosos estudios. La mayor parte de los que fuman su primer cigarro acaban convirtiéndose en adictos.

Eso de fumar es muy antiguo, ¡hombre!
José Gutierrez Solana - La tertulia del café Pombo

¿Conseguiremos una legislación antitabaco valiente en este 2018?

Empecemos ya a prohibir el tabaco a los nacidos a partir de determinada fecha, a imponer el etiquetado genérico, a restringir mucho más su consumo en público, a aumentar todavía más los impuestos al consumo, a advertir de sus peligros para el consumidor y quienes lo acompañan, a prohibir su presencia en cualquier elemento gráfico o filmado y a tildarlo de una desventurada lacra del pasado que debe extinguirse cuanto antes.

Eso de fumar es muy antiguo, ¡hombre!

miércoles, 10 de enero de 2018

Entre un 60% y un 70% de la población padece enfermedades respiratorias y lo desconoce

Una escandalosa ensalada de cifras

Vincent van Gogh - Sala en el hospital de Arles

Leemos que entre un sesenta y un setenta por ciento de la población padece alguna enfermedad respiratoria (o varias) y alrededor de un ochenta por ciento lo desconoce por completo.
Me hubiese gustado encontrar esta noticia en un diario de tirada nacional, como El País, ABC, El Mundo, o contemplarla en cualquier informativo de un canal no autonómico, ya que eso sería garantía de que la información llegará a un público extenso. Pero nunca ocurre así, no se hacen reportajes de investigación dando a conocer en qué consisten las enfermedades respiratorias, cuales son sus causas y cuántos los afectados. Las asociaciones ecologistas, los neumólogos o asociaciones como el Comité para la Prevención del Tabaquismo no suelen aparecer en tertulias sobre salud, el Ministerio de Sanidad no elabora spots publicitarios para alertar al público del peligro de las sustancias contaminantes. Visto todo esto, no puede extrañarnos que la sociedad viva de espaldas a esta problemática con la previsible consecuencia de que miles de los individuos que la componen van cayendo, uno tras otro, en las garras de estas patologías terribles. Podemos seguir haciendo caso omiso, hasta que el porcentaje de trabajadores que reciben una pensión de por vida, de consumidores de oxígeno domiciliario, de continuos ingresos hospitalarios, sea tan enorme que nos desborde, empecemos a alarmarnos de una vez y sintamos la necesidad de cambiar. 
Sería mucho mejor empezar a prevenir -ahora que las afecciones respiratorias son ya la tercera causa de muerte y el número de enfermos (de cualquier grado de gravedad) supera el cincuenta por ciento- en vez de esperar a que esos porcentajes se refieran a estadíos muy graves y estas patologías, en lo que se refiere a mortalidad, se coloquen en el primer puesto del ranking.

miércoles, 3 de enero de 2018

Fuman en el coche porque se han creído el cuento

La prueba de que los fumadores viven engañados es que siguen fumando en el coche ¡CON SUS HIJOS DENTRO!
Esos padres responsables, que supervisan los menús del colegio para completar y no redundar en las cenas, que analizan las etiquetas en el súper, que se han estudiado la tabla alimentaria, cuidan de que el niño haga ejercicio en lugar de pasar horas entre pantallas diversas, de que mantenga hábitos higiénicos, de que visite regularmente al dentista, de revisar su vista, su peso, su audición, de que se someta a analíticas periódicas; que se pasan día y noche a su vera cuando está enfermo y se alteran cada vez que la temperatura sube una décima, que están pendientes de sus horarios de sueño, de que cruce la calle por los lugares habilitados para ello, de que nadie dañe su integridad física, de que no utilice instrumentos cortantes o peligrosos hasta que no esté preparado para ello y esconder medicamentos, así como productos de limpieza hasta que tengan edad de distinguir lo nocivo, de hacer lo propio con esos pequeños objetos que los bebés se llevan a la boca...
¿Ustedes creen que esos progenitores fumarían delante de sus hijos en sitios cerrados -e incluso abiertos- si sospechasen mínimamente que las advertencias de los médicos son verídicas y absolutamente demostrables?
Por supuesto que no. Se han tragado el anzuelo elaborado por la industria del tabaco y están convencidos de que ese producto que tanto les gusta no puede ser tan nocivo. Menos aún si ni siquiera se inhala. Porque -argumentan- si fuera así, estaría prohibido en lugar de venderse en los estancos.
Joaquín Sorolla - Young Girl in a Silvery Sea (1909)

Pues no, señores padres. El hecho de que el tabaco sea un producto legal es un error de la historia que nuestros descendientes criticarán como la gran aberración de estos siglos, igual que nosotros censuramos otras aberrantes costumbres del pasado. El tabaco se coló por un brecha de inadvertencia e intereses económicos hace ya demasiados años y ha llegado a tener tanto éxito que se ha convertido en un problema mundial. Acabar con él supondría, por una parte, aceptar un hecho tan imprevisible como sería que casi un tercio de la población viviese sine die con síndrome de abstinencia, por otra, renunciar a una más que sustanciosa fuente de ingresos con las consecuencias económicas subsiguientes.
Todo ello, unido a la distorsión de la realidad producida por su propia adicción -que todo hay que decirlo- les convierte en unos padres irresponsables que ni siquiera sospechan que lo son. Pero si no hay nadie que les adiverta con la contundencia suficiente para sacarles de su error, porque -ya digo- no interesa a la industria, nuestros jóvenes seguirán respirando ese veneno y, lo que es peor, en cuanto crezcan un poco gastarán parte de sus ingresos en seguir el ejemplo de sus padres perpetuando hasta el infinito esta nociva costumbre.
Pero, ustedes tranquilos, hay unos señores muy riiicos, multimillonarios, con el cazo colocado en lugar conveniente para seguir enriqueciéndose a costa de su salud. No pasa nada, ellos ganan, ustedes pierden. Siempre ha sido así, el pez grande se come al chico, es ley de vida. A no ser que recapaciten y comprendan que entre lor argumentos de los médicos y los de las tabacaleras, no es difícil decidir quién tiene la razón.
¡Feliz año nuevo! Propósito del mes de enero: DEJAR DE FUMAR. A ver si esta vez lo consiguen. Y si no es así, por favor, no lo hagan dentro del coche a no ser que, siempre, vayan solos.
De nada. ¡A mandar!

miércoles, 27 de diciembre de 2017

España se queda atrás en la lucha antitabáquica

En enero de 2006 entro en vigor una legislación antitabaco que generó más problemas que soluciones, la tensión era patente y el gobierno de entonces no tuvo otro remedio que rectificar. Por fin, desde enero de 2011 difutramos de otras leyes, más satisfactorias, incluso avanzadas para ese momento.

En un ambiente particularmente polémico, no se podía resolver todo. Parece comprensible, pues, que se dejasen aparcadas multitud de cuestiones: prohibición el tabaco en las playas, en los coches donde viajan niños, en los estadios; mayor rigor en el cumplimiento de la prohibición en los alrededores de hospitales (sobre todo ¡cielos! las filas de sanitarios con batas blancas y un cigarro humeante); la implantación de un paquete de tabaco genérico, sin rastro de marcas comerciales; un drástico incrmento de los impuestos etc.

Se trata de un comportamiento que, como país, solemos adoptar a menudo. La secuencia es conocida:

1) proponemos una ley pionera con la oposición de intereses muy fuertes,
2) sorteando mil y un obstáculos, acaba por aprobarse,
3) se pone en marcha, pese a quien pese,
4) su cumplimiento se convierte en parte de la vida cotidiana,
5) se demuestra su efectividad y ya nadie la pone en duda sin parecer sospechoso de algo,
6) arrastramos a un sinfín de países, maravillados con nuestro ejemplo,
7) enfermos de éxito, acabamos durmiendo en los laureles,
8) la legislación y las costumbres se estancan, estamos tan satisfechos que no somos capaces de dar un paso más,
9) los países que nos siguieron empiezan a plantearse nuevas metas, las mentalidades han cambiado y ya no se conforman con tan poco,
10) uno de esos países acaba siendo pionero en la promulgación de nuevas leyes abriendo la puerta a otras costumbres,
11) muchos otros países toman nota y, uno tras otro, siguen su ejemplo,
12) España sigue encantada de conocerse, no mueve un dedo para avanzar, se complace en favorecer intereses (en este caso, económicos) a costa de los derechos humanos (de la salud si nos ciñemos a este ejemplo, aunque hay unos cuantos más),
13) la situación se anquilosa y esclerotiza, nos convertimos en los cavernícolas universales, los problemas aumentan pero nadie mueve un dedo, ni siquiera para protestar, porque ya -una vez- fuimos pioneros en algo,
14) el mundo gira y nosotros seguimos atascados en el bache de la complacencia.
Urge endurecer las leyes antitabaco españolas

¿Es que nunca tendremos arreglo?, me pregunto. Señores sanitarios, me alegra que protesten, pero tengan en cuenta que en sus manos, y solo en las suyas, está la solución. ¿Qué esperan para mover los engranajes? Informen del problema al gobierno central y a los autonómicos, hagan valer sus razones, protesten, presionen, hagan ruido, movilicen a ese público previamente concienciado que se mostrará encantado de seguirles. 

Estamos esperándolos pacientemente, confiábamos en ustedes, es verdad que de vez en cuando protestan, perro muy tibiamente y solo una parte muy pequeña del sector. Además, al escucharles, se diría que no tienen nada que ver en el asunto y eso nos a pie a preguntarnos ¿quiénes piensan que tienen que cambiar las cosas? 

¿Unas autoridades que no tienen por qué entender de medicina y que tienen mil prioridades por delante de la salud pública? 
¿El ciudadano medio? 
¿El caballo de Santiago? 
¿Su suegra?

¡Convénzanse! Ya es hora de que se pongan de una buena vez en marcha, esperamos que no nos defrauden.

miércoles, 20 de diciembre de 2017

Ironía respiratoria

Paradojas de la opinión pública

Lo que pensamos la mayoría

Se enferman los ojos, los intestinos, el corazón. El único órgano que se mantiene sano siempre son los pulmones. Si estos, por casualidad, pudiesen enfermar ¿cómo nos afectaría?  En nada. Los pulmones no sirven para nada. ¡Ah! sí, espera. Sirven para respirar. Entonces... si pudiesen enfermar los pulmones, ¿respiraríamos peor? ¿Nos podríamos quedar sin aire incluso? No creo. Eso sería mortal, ¿cómo puede ser que el aire no entre? Claro que el aparato respiratorio es uno más de los sistemas corporales, luego, podrá enfermar como todos. Y si sirve para gestionar el aire que entra y sale, a lo mejor, es sólo un suponer, esta entrada y salida puede no producirse con la fluidez que sería deseable o no producirse en absoluto. Pero ¿cómo va a ser esto? A mí no me suena de nada. Claro que nunca estudié medicina. ¡Uy! que lío.

Lo que de verdad ocurre

La ciudadanía está desinformada y tiene toda la pinta de tratarse de un fenómeno poco o nada inocente, Que algo que sucede a la vista de todos permanezca oculto para la mayoría solo puede deberse a intereses muy fuertes, de todos conocidos por lo demás. Es mucho más cómodo que cada uno ensucie el aire cómo y cuánto quiera, además de muy rentable para algunos bolsillos. El tabaco genera pingües beneficios, la lejía es más barata que el resto de desinfectantes (pero también genera gran cantidad de problemas respiratorios cuyo origen suele ignorarse), las taladradoras que levantan polvo son más económicas que las otras.
Por eso, nadie se para a pensar que los pulmones se estropean como cualquier otra parte del organismo. Y que el responsable de esas irregularidades es la suciedad ambiental. Aunque pensándolo bien parezca absurdo, para el común de los mortales se enferman los ojos, el corazón, los intestinos... y, parece ser, los pulmones son los únicos órganos que se mantienen en perfecto estado pase lo que pase. Algo a todas luces falso. Si hacemos recuento de los enfermos de asma en España, resulta que afecta al 10% de la población. La EPOC tiene una prevalencia parecida, aunque entre las dos no alcanzan el 20% porque hay un solapamiento entre ellas. Y no son las únicas patologías que impiden el paso del aire a los pulmones y de ahí al torrente sanguíneo: recordemos la hipertensión pulmonar, la esclerosis múltiple etc.
¿Cuál es la consecuencia de que se ignoren los problemas respiratorios? Que cada uno campa a sus anchas, arroja al aire lo que quiere sin que nadie se lo impida, no tiene en cuenta a los enfermos actuales ni a los potenciales. Porque, efectivamente, el aire sucio obstruye los bronquios de los enfermos pero además convierte en enfermos los que estaban sanos hasta entonces.
La sociedad necesita más información. Que los médicos, el ministro de turno, los diputados y todo el que tenga alguna responsabilidad en el asunto explique con la suficiente claridad al ciudadano medio el enorme drama que supone padecer una obstrucción respiratoria, la gran cantidad de afectados, la impactante cifra anual de fallecidos.
La solución, pedagogía, pero de la buena: concienciar, informar, alertar, promover la empatía, estimular el razonamiento, erradicar mitos indeseables. La situación es insostenible, pero si se toman medidas rápidamente podemos dejar un hueco a la esperanza.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Descubierta la causa de que el asma afecte sobre todo a mujeres

En la infancia, el número de varones con asma es un 50& mayor

La prevalencia del asma en relación con sexo y edad está bien estudiada desde hace tiempo: Los niños tienen un 50% más de probabilidades que las niñas de sufrir asma, tendencia que se invierte en la edad adulta que es cuando las mujeres asmáticas doblan en número a los hombres.
La novedad procede de un reciente estudio que demuestra la influencia de la testosterona en la reducción de los síntomas en lugar de atribuir su aumento a la existencia de hormonas ováricas como hasta ahora se venía dando por hecho.
Conocer el origen de unos síntomas concretos es el primer paso para combatir la enfermedad, y si no fuese posible, para mejorar la calidad de vida e, incluso, para evitar ponerla en peligro.
Y, hablando de niños, nunca dejaré de insistir en la necesidad de que los profesores estén concienciados e informados de lo que tienen que hacer si se presenta una crisis, así como de dotar a los colegios de instrumentos y protocolos imprescindibles para que, en ningún caso, se produzca un hecho irreparable.
Pero la imprescindible atención a la infancia no tiene que hacernos olvidar el hecho de que un gran número de adultas de todas las edades -sobre todo si han sido fumadoras pero no necesariamente- se verán más afectadas que la media en su contacto con pinturas, productos de limpieza, humo de tabaco o de cualquier procedencia etc. La constancia de que el asma existe y una elemental empatía ante sus consecuencias es fundamental, sobre todo en momentos críticos, para eliminar efectos adversos. Seamos, pues, comprensivos cuando alguien manifiesta que le hace daño algún producto ya que de ningún modo se trata de un capricho sino de algo tan preocupante como una inflamación de los bronquios llamada broncoespasmo que, en los casos más graves, puede desembocar en muerte. Y les aseguro que no estoy exagerando.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

El hombre Marlboro

No soy el hombre Marlboro, pero trato de imitarle con un gorro y un cigarro.
Disfrazado de vaquero con cigarro incluido



Una estrategia de lo más exitosa

La solitaria figura del vaquero, recortada sobre un horizonte desértico sosteniendo un cigarrillo entre los dedos, forma parte de la iconografía popular. Tenía que ser una imagen varonil pues trataba de popularizar el tabaco con filtro e iba dirigida a las mujeres. Fue una estratagema que sirvió para crear fumadoras en un panorama formado casi exclusivamente por varones y, de paso, popularizó el filtro entre ambos sexos. El hombre Marlboro fue encarnado por diferentes personas a lo largo de las casi cinco décadas que entró en nuestras retinas. Desde 1954 a 1999, comics, películas, publicidad de prensa y televisión, series etc. se poblaron de carismáticos fumadores que consiguieron convertir en adictos a millones de incautos de cualquier edad y condición.
La industria tabacalera, como no podía ser de otro modo, conocía perfectamente los efectos del producto que fabricaba, pero mintió descaradamente ganándose la confianza de todos a excepción de los mejor informados. Aunque ahora parezca mentira, un sector del mundo de la medicina se creyó ese cuento de que fumar era una costumbre inocua, e incluso en algún momento lo recomendó como beneficioso para la salud. Ha llovido mucho desde entonces pero les aseguro que no exagero nada. Los publicistas del tabaco hicieron una labor magnífica, pues no se limitaron a promocionarlo, se aseguraron, además, de que la mayoría de los creadores (cineastas, pintores, fotógrafos) contribuyesen a dotarle de glamour.
En España existe una ley que prohíbe la publicidad, tanto directa como encubierta. Eso supone que, teóricamente, en las pantallas, sean de la dimensión que sean, nadie debería aparecer fumando. Pero es fácil comprobar que no se cumple ni se ha cumplido nunca a rajatabla. Tengo la sensación que se empezó metiendo la cuña en las películas de época -con la excusa de que por entonces fumaba todo el mundo, formando el tabaco parte del decorado como cualquier otro elemento- y, en vista de la permisividad reinante, se ha ido ampliando hasta límites de escándalo.
Si alguien no pone coto a esto, nuestros jóvenes seguirán aficionándose año tras año a este hábito macabro, imitando a sus héroes favoritos y creyendo sinceramente que "si tanta gente lo hace, no será para tanto". Pero lo es, les espera una muerte prematura y muy poca calidad de vida a partir de una edad bastante temprana. Los enfermos están ahí y son legión, pero la sociedad los tiene escondidos, camuflados, ignorados y avergonzados de sí mismos, y sin embargo son sus imágenes la que tendrían que aparecer en el cine, televisión, vídeos y fotos en lugar de esas otras, las de fumadores felices, más falsas que un euro de madera.