sábado, 5 de julio de 2014

¡Ponga un inhalador en su lecho de amor!

Cristina y yo comíamos pipas ayer tarde, de espaldas al mar sentadas en la empalizada de piedra. Me explicaba que no es fácil mantener una relación sin altibajos cuando tu pareja está mal de los bronquios.


- Molina, estoy desesperada. Hace siglos que no me acuesto con Paco. Un día de estos se va con otra y me deja con tres palmos de narices.

Conozco a Cris desde que éramos pequeñas, pero estas conversaciones siempre resultan algo incómodas.

- Yo creo que no deberías preocuparte, todos las parejas pasan por algún bache Después de tantos años de estar juntos la pasión va disminuyendo, es lo normal.

- No es eso. Aunque haga 18 años que le conozco, a mí Paco me encanta. Pienso que se ha conservado muy bien a pesar de todos sus rollos de salud. O que es él y me gusta así por eso. El caso es que le deseo de verdad.

- ¿Le deseas pero te niegas? Pues tenéis un problema, Cris.
- Es por los ahogos. Antes que disfrutar de él, prefiero no perderlo. Cada vez que lo pienso, me quedo sin líbido.
- ¿Le has dicho que es por eso?
- ¿Qué dices? No me perdona ni que lo piense. Si llegara a enterarse...
- ¿De verdad crees que es peligroso ?
- Si, aunque tiene fácil arreglo, dos inhalaciones antes y listo, pero no se puede hablar con él.
- No me lo creo.
- Pues no exagero nada. Ni te imaginas lo susceptible que está con eso. Prefiero decirle que estoy agotada o que me ha sentado algo mal.
- O el tópico de la cabeza. Jajajaja.
- No, porque me obligaría a tragar una aspirina y se pasaría la mitad de la noche dándome la murga. ¿Qué me aconsejas, Molina? No se lo puedo contar a nadie.
- Pues… mira, ahora que lo dices… yo creo que deberías comentárselo al neumólogo.
- ¡Qué horror! ¿Como voy a hablarle de mis intimidades a ese hombre?
- Tampoco hace falta que le des detalles. Le puedes llamar por teléfono ¿no? Pues, yo que tú, le diría que tienes miedo de intimar con tu marido, que necesitáis un consejo, y que prefieres que él no sepa que se lo has dicho. La próxima vez que vayáis a verle él sacará el tema y le dirá lo que tenga que decirle.
- Lo pensaré. De todas formas, menudo plan. Está histérico, la semana pasada me regaló un camisón nuevo. Si no lo miras con lupa no lo ves.
- ¡No te quejarás! Eso es amor.
- Ya, ya. Yo acojonada y él subiéndose por las paredes. Como para no quejarme.

Emil Nolde - Couple on the beach (1903)
- También podríais ir a un psicólogo.
- ¿Con qué excusa?
- ¿Problemas de pareja?
- Eso es lo bueno. Y lo malo, claro. Que no tenemos ningún problema.
- Pero él cree que sí, él cree que ya no te gusta.
- No sabe qué pensar. Y yo siempre le digo que me encanta, que le quiero, que sigue siendo mi chico…
- ¡Qué bonito!
- Precioso. Pero se lo digo cuando vamos por la calle o tengo la sartén en el gas. En la cama me convierto en una seta.

- Lo dicho. Habla con su especialista. Total… ¿qué pierdes?
- Ya. Puede que te haga caso. Es que no te imaginas lo que es verle con la lengua fuera cuando ni siquiera me ha dado un beso. Se puede ahogar subiendo una cuesta, así que en la cama…
Miguel Prieto - La siesta
- Si tú lo dices... Pero el médico habrá visto miles de casos, él sabrá lo que tenéis que hacer.
- Me conformo con que le convenza de que use el broncodilatador. Y de que se esté quieto y me deje hacer a mí. Si hubiera un manual de posturas para enfermos de EPOC...
- Seguro que sí, mujer.

2 comentarios:

  1. una entrada increible
    me has hecho sonreir mientras disfruto mi té
    leyendo -Te

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  2. Pues, por lo que dices, no estoy muy segura de que se entienda lo que quiero decir en el relato, pero si al menos ha servido para que pases un buen rato, ¡estupendo!

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