lunes, 15 de septiembre de 2014

El ligue (I)

Al fin somos felices. Estamos rodeados de azul. El turquesa azul-verdoso del mar, el desvaído celeste de la atmósfera, hasta la cubierta del barco está pintada de un azul vibrante. Se acabó el invierno. Disfrutamos de una temperatura ideal. El sol ha llegado y se queda.

Aprovechando este clima excepcional, he invitado a Paco y a Cristina. Se alojan en mi casa desde hace una semana, así que tengo muestras suficientes para asegurar que son el paradigma de pareja civilizada del flamante milenio. He dicho pareja y rectifico. Mis amigos ya no viven juntos. No han pedido el divorcio porque no les parece necesario. Utilizan indistintamente sus pertenencias, todo en ellos resulta provisional, cualquier objeto es prestado, allí no hay propiedad que valga, los niños van y vienen, y lo más importante, entre ellos se percibe una camaradería asombrosa, una tolerancia fuera de lo común. Al principio pensé que fingían, pero algo como esto no se puede mantener mucho tiempo, así que me han convencido. Han sido una pareja insólitamente bien avenida y ahora son una ex pareja excepcional. Paco es quien da ejemplo, pues quien ha encontrado compañero en un tiempo record –y contra todas las previsiones, principalmente las suyas– es Cris.

Mientras la pareja y media pasa las vacaciones conmigo, los niños se desfogan en el pueblo de Paco. Los abuelos han sido la solución providencial pues la nueva adquisición de mi amiga todavía no les ha sido presentada. Se llama Raúl y es griego de nacimiento, de madre española y padre turco. ¿Necesitan más detalles? Está soltero. Tiene seis meses y medio más que Paco. Se dedica al negocio de la madera. ¿Qué significa eso exactamente? Ni lo sé ni me importa.

Ahora vivimos el momento tumbados bajo el sol en las hamacas. Los cuatro, Paco, Cristina, Raúl y yo. Se nos ha ocurrido jugar a la verdad, el entretenimiento más peligroso que podríamos practicar, dadas las circunstancias. Paco es quien lo ha propuesto y eso me ha hecho intuir alguna intención morbosa por su parte, imaginaba que preguntaría cómo se conocieron ellos, o algo peor, algún detalle escabroso de la nueva pareja. Nada de eso. Salvo alguna cuestión sin resolver del pasado, por lo demás bastante insulsa, quien se muestra intrigada por la nueva vida del otro es ella. Nunca dejaré de sorprenderme.
-¿Cuándo has tenido tu última cita? –interroga Cristina.
(Continuará)

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