viernes, 20 de febrero de 2015

EPOC. La nueva ley del silencio

La hija de un antiguo torero pasó muchos años enferma de EPOC. Casi nadie se enteró de que tenía un enfisema como un pino pues, como sucede la mayoría de las veces, se mencionaba la consabida “larga y penosa enfermedad” y todo el mundo dio por hecho que tenía cáncer.

Pablo Picasso - El fumador de pipa (óleo)
Daba pena verla en la pantalla, con un deterioro que le echaba veinte años encima, en silla de ruedas, no porque le ocurriese nada en las piernas sino, simple y llanamente, porque le faltaba el aliento. Cuando falleció, escuché a una amiga suya alardear de que le facilitaba las cajetillas cuando iba a visitarla al hospital. Hasta al periodista –y era evidente que mucha información no tenía– le impresionó tanto el comentario que puso cara de pánico y se quedó por un instante sin palabras. No obstante, la actitud de esa mujer tiene su lógica: cuesta creer que una enfermedad tan angustiosa pueda estar provocada por un producto  que se tolera tan despreocupadamente. Otro gallo cantaría solo con que los fumadores sospechasen que nadie les está engañando al rotular las cajetillas, que el tabaco es el responsable de que –solo en España –dos millones de personas sobrevivan con una mínima capacidad respiratoria. Intuyo que, de propagarse la noticia, en un solo mes la cifra de fumadores descendería sensiblemente. Esa y no otra es la causa de que exista tanta hipocresía al respecto. Lo curioso del asunto es que pocos son los responsables de que se mantenga este estado de ignorancia, que la mayoría de los que podrían acabar con él y no lo hacen actúa por puro mimetismo, sin conciencia del daño que produce su silencio.
Pablo Picasso - Le fumeur (1971)

Mientras tanto, se trata a los fumadores como si fuesen náufragos, proporcionándoles sucedáneos electrónicos, estufas y mobiliario urbano para que puedan fumar cómodamente en las terrazas de la calle, sin que sospechen ni por asomo que el auténtico desastre consiste en continuar con su hábito. Pero quizá la mayor aberración consista en tergiversar la realidad haciéndoles creer que, poco después de dejarlo, su organismo volverá a quedar como nuevo, prácticamente igual que si no hubiesen fumado nunca. 

Con tanto engaño, deliberado o no, gran parte de los pacientes de EPOC no aceptan ni aceptarán que el tabaco sea el causante de sus desgracias, y muchos de los que lo saben lo ocultan por un absurdo sentido de la culpabilidad y por la vergüenza que produce padecer algo que desconoce el gran público.

Para acabar, una pregunta: ¿alguno de ustedes conviviría con su asesino declarado o permitiría que alguno de sus seres queridos lo hiciese aunque su deleznable acción se realizase con una extraordinaria lentitud? ¿No? Pues aplíquense el cuento. Quizá les ayude saber que el tabaco es el único producto nocivo por la salud si se consume según las instrucciones del fabricante.

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