domingo, 15 de febrero de 2015

¿Por qué las patologías respiratorias no aparecen nunca en los medios?

Es cierto, no se mencionan ni por asomo. O su existencia aparece tan camuflada que solo los que la conocen son capaces de captar el mensaje. Parece mentira que una realidad tan común y tan dependiente de la conducta ajena esté sepultada bajo el denso manto de un desconocimiento cuyo alcance resulta inimaginable para quien no tiene que sufrirlo.


En primer lugar, cualquiera que ose mencionar el asunto se convertirá en una especie de quijote, pero en su salsa, tal como lo verían el resto de personajes de la novela. A saber, se le ignora, las raras veces que se le tiene en cuenta es para dudar de su cordura y, por supuesto, se le impide conseguir sus objetivos. Y no es porque se le ocurra luchar contra molinos de viento ni nada parecido. Aún así se trata de una reacción lógica, ya que ¿alguien puede imaginar que un problema de salud tan aparatosamente grave como ese no se divulgue a diestro y siniestro por autoridades, medios de comunicación y, todavía con más motivo, por los profesionales de la salud? Con una publicidad tan aparentemente compasiva con los afectados de diabetes, colesterol, osteoporosis, cáncer y un larguísimo etcétera, ¿podemos suponer que la vida de un asmático peligre a causa de algo tan banal y cotidiano como inhalar humo o un producto químico irritante?

La semana pasada visité con mi amigo Paco una agencia inmobiliaria. Ha decidido pasar la semana santa en la playa y quiere alquilar un apartamento en Salou. La cita se había concertado por teléfono. Conozco bien a Paco: en cuanto traspasamos la puerta y vi cómo se le demudaba la cara supe que no iba a salir nada bueno de aquello. Efectivamente. Ya desde el saludo explicó que notaba el ambiente cargado y tenia que salir de allí cuanto antes. En ese momento nadie fumaba pero el asma pone una especie de radar en los pulmones. Ellos ni se inmutaron, sonrieron cortésmente indicando dónde nos teníamos  que sentar. El que llevaba la voz cantante consultó unos documentos mientras nos alargaba un folleto a cada uno. Eché un vistazo a las fotos sin perder de vista a Paco y su creciente gesto de angustia. El otro explicaba y explicaba, no callaba ni para tomar aliento. Paco, intentando que abreviase, señaló con corrección exquisita que le estaba costando respirar. La reacción de los vendedores fue la misma que si una mosca se hubiera posado en su espalda. Después de tres o cuatro interrupciones que no merecieron ninguna atención, Paco se levantó de pronto, se despidió muy educadamente y salimos. No se me va de la cabeza la cara de estupor de los dos hombres. Quizá pensasen que estábamos de broma, o que con ello mi amigo pretendía que le rebajasen el precio del alquiler. Por más vueltas que le doy, no consigo explicarme tanta indiferencia.

Pero puedo ponerme en el lugar de los que, como Paco, han de soportar diariamente estas actitudes. Y pregunto, señores del gremio alimentario ¿por qué no inventan un yogur para asmáticos? No es que piense que vaya a producir ningún efecto pero quizá sea una buena táctica para que los tele-espectadores empiecen a tomar conciencia. Con un poco de suerte, considerarán que eso de la falta de aire quizá no sea ninguna trola y hasta pueda tener algún fundamento. Pues, como todos sabemos, lo que no sale en la tele no existe.

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