miércoles, 20 de mayo de 2015

Recomendación 6. Si tienes EPOC, no debes alterarte

Es muy importante seleccionar con quién te relacionas. Intenta rodearte de un ambiente confortable, sereno, acogedor, servicial, comprensivo, amistoso y lo más afectivo posible. Es decir, si puedes, no te despegues de la familia y amigos de lealtad más que probada. Cuanto menos experimentes mejor. Huye de quienes no van a comprender lo que te ocurre, de los que, en el mejor de los casos, te tratarán con condescendencia, de aquellos que pensarán, seguramente, que eres un histérico, que no estás bien de la cabeza, que eres débil de carácter, y que te pueden tratar como un trapo, solo porque notan cierta vulnerabilidad y la interpretan de forma incorrecta.

Habitar un espacio que ignora absolutamente la existencia de enfermos respiratorios es duro, sobre todo si se carece de un colchón emotivo. Si este es tu caso, provéete de una buena coraza. No te inmutes lo más mínimo por nada de lo que ocurra. Si das explicaciones y te insultan, no debe importarte. Si te alejas de un contaminante y se ríen de ti, no es algo de tu incumbencia. Si te atosigan con preguntas capciosas no te molestes en contestar, inventa cualquier excusa y lárgate de allí con el mayor sosiego posible. Tu salud es lo más importante. Lo que hagan o digan aquellos que no se van  a interesar nunca por ti te trae completamente al fresco. Ni siquiera actúes como quien oye llover, la lluvia es un sonido apacible: es bueno escucharla atentamente; no así esas recomendaciones absurdas que, en el mejor de los casos, no te conducirán más que a un agravamiento.
La gente no sabe nada de lo tuyo aunque se empeñe en presumir de lo contrario. Nadie se conoce mejor que tú mismo. No hay ni un solo individuo que esté enterado de lo que te pasa con solo verte la cara, menos aún que conozca tu patología y circunstancias mejor que tú después de peliagudos años de experiencia. Como norma general: cuanto más presuma alguien de saber de lo que habla, cuanto más empeño ponga en que hagas caso a sus consejos, menos debes confiar. La ignorancia es atrevida: solo el que lo ignora todo osa saber más que el propio interesado. Pero disimula, si haces ver que desconfías seguirán importunándote. Luego escapa. Una vez más. En circunstancias así, alejarse suele ser la mejor solución.

Todo lo que suponga una emoción fuerte ha de consumirse en dosis muy pequeñas. Incluso las positivas, como sorpresas agradables o manifestaciones de cariño intenso. Absolutamente contraindicado embarcarse en sentimientos como la indignación, sustos y temores, cólera y disgustos de toda clase. Procúrate una vida placentera y convence a tu entorno de que este es un factor que puede alargarte la vida tanto o más que la ausencia de contaminantes en la atmósfera.

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