jueves, 20 de agosto de 2015

Las secuelas del tabaco duran cinco minutos

Quien dice cinco minutos dice tres meses, o dos años- Da igual, en cualquier caso, formulada así, la afirmación es una auténtica falacia. La mayoría de las veces –quiero pensar– se expresa con la mejor de las intenciones, la de animar a dejar el hábito al mayor número de gente posible. Pero a nada que reflexionemos nos damos cuenta de que consigue justamente lo opuesto. Y ese es el propósito que mueve a algunos a propagar esa ilusión engañosa, pura propaganda para que el fumador mantenga la esperanza de no tener nunca secuelas o de eliminarlas al poco de dejarlo.

Pero cualquier entendido les dirá que esta formulación resulta excesivamente simplista. Y las simplificaciones suelen confundir, más aún si van dirigidas a personas con adicción manifiesta a una sustancia, proclives, por tanto, a abrazar cualquier excusa para justificarse. Pero, además, la confusión se convierte en algo serio cuando lo que se juega no es solo el bolsillo sino la salud, entendiendo su ausencia como pérdida de la calidad de vida y sustancial acortamiento de esta.

Cada vez que me topo con la consabida cantinela (-a los dos días notará…, -al mes ya podrá…, al año no tendrá…, a los cinco años estará perfecto) referida a las enfermedades coronarias, comprendo que una lectura veloz, sobre todo de los profanos en el asunto y mucho más si son fumadores, puede convencernos de que el texto se refiere a cualquier patología de origen tabáquico.

Paso a concretar pues es fundamental que entiendan esto. Es cierto que gran número de fumadores no padecerá nunca los efectos más severos del tabaco. Aunque, inevitablemente, todos los de larga duración hayan (hayamos) perdido elasticidad en la piel –lo que aplicado a los rostros no es ninguna bobada–, algo de olfato y gusto, y nuestra voz se haya vuelto algo más ronca, patologías realmente graves como el cáncer y las relacionadas con corazón y pulmones afectan solo al 50% de la población fumadora y a un pequeño porcentaje de fumadores pasivos con organismos especialmente sensibles.

Solo a un 50%.

¿Solo?

¿Estamos locos? ¿Saben cuántos millones de fumadores pululan por el mundo hoy día? Echen la cuenta y no me digan que les tranquiliza pensar que la mitad de todos ellos morirá anticipadamente a causa de patologías fácilmente evitables, de patologías que jamás deberían haber aparecido.

Solo una de ellas, la EPOC (bronquitis crónica con/sin enfisema) y solo en España, se lleva todos los años a 18.ooo fumadores; si ampliamos el foco, en todo el mundo, el número de fallecimientos anuales se eleva a más de dos millones. Estas cifras no tienen en cuenta el cáncer ni los padecimientos del corazón. Ni siguiera el cáncer de pulmón se incluye en esta estadística, aunque he de resaltar que un enfermo de EPOC posee bastantes más probabilidades que cualquier otra persona de padecer este tipo de cáncer.

Entonces ¿para qué dejar el tabaco? Pues porque lo que se ha contraído hasta el momento, aunque todavía no haya dado la cara (y, ojo, hasta que lo haga pueden pasar años) ahí queda, aunque no volvamos a ver un cigarro en la vida. Pero seguir fumando alimenta una posible enfermedad, soterrada pero real, que se desencadenará tarde o temprano, con mucha mayor virulencia cuanto más tiempo hayamos dedicado a potenciarla. Se preguntarán entonces ¿y aquellos que están completamente sanos, libres de cualquier patología agazapada en algún lugar de su cuerpo? Muy sencillo, si todavía no les ha tocado el gordo ¿para qué seguir comprando papeletas? Hasta que no abandonen el hábito, nadie les garantiza que vayan a continuar indemnes. Hoy no nos pasa nada, pero ¿y mañana? Esta clase de enfermedades no se parecen en nada a un resfriado común, se presentan un mal día y ya no nos abandonan nunca.

Debo aclarar que cuando hablo de enfermedad agazapada no estoy usando ninguna figura retórica: un 70% de afectados de EPOC, todavía no lo sabe. Tardará en enterarse aún y solo lo hará cuando los síntomas le hagan insostenible la existencia. Esto ocurre, sobre todo, porque pocos deciden revisar periódicamente su estado de salud, pero también, a veces, debido a las limitaciones de los actuales diagnósticos.

Por cierto, ¿a qué esperas? No es tan difícil, en serio. Si no eres capaz solo, busca ayuda. A los tres días estarás algo contento, a los seis meses, contentísimo, a partir de ahí, más feliz que nunca.

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