viernes, 25 de noviembre de 2016

El humo y el azúcar

Hasta ahora es un hecho que la sociedad mira para otro lado pero alguna vez habrá que pararse a pensar en unas cifras que dan vértigo. Más de dos millones de residentes en España padecen EPOC, de los cuales solo unos 600.000 están diagnosticados. Existe pues un número enorme que no toma medidas, ni preventivas ni farmacológicas, que incluso sigue fumando, ignorantes, la mayor parte de ellos, de que existe una patología tan cruel.
Centrémonos en los que ya tienen el diagnóstico. Seiscientas mil almas dóciles, resignadas, que fuman o respiran el humo de otros, enchufados o no a una bombona de oxígeno, que respiran además todo tipo de contaminantes sin sospechar que les están arrancando la vida. A la mayoría nadie les cuenta que, no es que les vaya a doler un poco el pecho o vayan a tener más tos, es que cada vez están respirando peor y, si el aire que entra y sale de los pulmones se reduce, la historia no puede acabar bien jamás. Hablando en plata, a eso se le llama suicidio inconsciente, algo que resultaría ridículo si no fuera tan dramático. (Lo podríamos dejar en desinformado para dar una sensación más optimista). En cualquier caso, quien ignora lo que se le viene encima se arriesga a acabar bastante mal. Hay que empezar a informar con más rigor: se trata de un asunto realmente serio teniendo en cuenta que está en juego la vida de muchísima gente.
Fotograma de Charlie y la fábrica de chocolate
¿Dónde estáis seiscientos mil pacientes de EPOC? (algunos también con asma lo que debería aumentar su grado de consciencia), ¿Dónde estáis que no decís nada ante las agresiones de vuestro ambiente cercano, que no os rebeláis, que no proclamáis a los cuatro vientos la injusticia de la que sois objeto un día tras otro? ¿Tan engañados os tienen que no habéis caído en la cuenta de que dependéis de la limpieza de un aire que se ensucia constantemente? Y no, no me refiero a la lejana atmósfera, sino al cigarro, la bayeta impregnada en lejía, la barbacoa, el taladro que levanta el asfalto de tu calle. Vuestros seres queridos, esos que os protegen día tras día ¿entienden que estáis perdiendo fuerza y capacidad de movimiento aunque todavía no se note demasiado, que os convertiréis en inválidos aunque vuestros brazos y piernas funcionen como siempre, simplemente porque la falta de oxígeno os quita el resuello poco a poco? ¿Se preocupan de manteneros a salvo eliminando humo, polvo y productos químicos potentes?
Para entender esta conexión solo hay que establecer un paralelismo: EPOC es a humo lo que diabetes es a azúcar. Tan exacto como las matemáticas. Así que deja de andarte por las ramas y aplícate el cuento. Tabaco ni olerlo, contaminación fuera. Son como el azúcar para los diabéticos, pero el que padece EPOC no puede elegir porque el aire no se come, se respira, porque si está en el aire hay que respirarlo, nunca mejor dicho, por narices. Y os va la vida en ello aunque no os lo haya dicho nadie así de claro, igual que a los diabéticos que consumen azúcar.

domingo, 20 de noviembre de 2016

Programa Saber Vivir con motivo del Día de la EPOC

Saber Vivir – Problemas Respiratorios

El programa Saber Vivir de RTVE en su edición sobre la EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica) contó con el testimonio de Joaquina Fernández, paciente que pertenece al Consejo Asesor de la Fundación Lovexair.


martes, 15 de noviembre de 2016

16 de noviembre: Día Mundial de la EPOC

En un día como este abundan los programas que intentan lavar conciencias, fingir que divulgan, que están a favor de que los fumadores abandonen su hábito. Pero no les importa demasiado, ni eso ni que la sociedad tome conciencia de lo dañino del humo tabáquico y de toda contaminación a pie de calle (productos de limpieza, taladradoras sin dispositivos anti-polvo, incienso en abundancia, humo de diversa procedencia...). Y además, banalizan el problema, lo mezclan con la gripe y el resfriado, permiten que presentadores más o menos carismáticos confiesen abiertamente que fuman ante una audiencia especialmente influenciable. Y, por encima de todo, culpabilizan, desprecian y se burlan de los pacientes.
También he leído por ahí que la EPOC va asociada a problemas mentales, pero si seguimos leyendo nos enteramos que se refieren a ansiedad y depresión. En unos tiempos en que tendemos a conformarnos con leer los titulares y en los que casi nadie lee nada hasta el final, es muy fácil que el personal se confunda. Pero, reflexionemos, a ver quién es el guapo que no sufre depresión tras años de respirar apenas y no siente ansiedad cuando la vida se le escapa entre los dedos simplemente por falta de oxígeno. En estos casos, ambas –tanto depresión como ansiedad– no son, creo yo, más que reacciones saludables de la mente. Problema mental tendría el que, viéndose morir, ni siquiera se inmuta, porque carecería de algo tan elemental como el instinto de supervivencia.
Pero no se engañen. Los pacientes no son tontos, tienen un nivel de inteligencia similar al de cualquier otro colectivo, aunque algunos –y a las pruebas me remito– parezcan creer que esta patología se ceba sobre todo en las mentes más débiles. Una vez aceptado esto, sería bueno que autoridades y responsables sanitarios dejasen de dar por hecho que estos pacientes no saben usar los inhaladores, es más, que ni siquiera los utilizan todo lo que deberían y empiecen a analizarse a sí mismos, a investigar si todas las actuaciones médicas son las correctas. Para ello hay que empezar por escuchar al paciente con toda la paciencia y atención digna del caso, mirándole a los ojos en lugar de aferrarse a los socorridos teclado y pantalla, y por supuesto, creer lo que les dicen, como condiciones indispensables para diagnosticar atinadamente; hay que seguir por explicarle la situación con claridad y detalle; hay que terminar por pensarse bien el diagnóstico y, por consiguiente, el tratamiento para minimizar errores que nadie computa, de los que nadie responsabiliza a nadie y que provocan enormes sufrimientos y muy poca calidad de vida a mucha gente. Además de cuantiosísimos gastos (en pruebas diagnósticas, medicamentos e ingresos hospitalarios, sin contar las bajas médicas y pensiones de invalidez) que podrían reducirse muchísimo.
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Antônio Parreiras - Marina (1902)

Si quienes tienen la posibilidad de informar no se conformasen con cubrir el expediente, si razonasen la necesidad de dejar el tabaco adecuadamente y con la debida contundencia, todos esas personas que padecen de asma, bronquitis crónica, enfisema o cáncer de pulmón, entenderían su relación con la salud y, no solo pondrían los medios para dejarlo sino que, en muchos casos, se apartarían de todo cigarro humeante pues comprenderían, de una vez, que cualquier brizna de humo es, en su caso, un pedazo menos de vida. Eso, en lugar de pensar, como ahora, que estos consejos son manías de los médicos, intentos de promocionar a determinados laboratorios, estrategias políticas o cualquier otro pretexto que solo sirve para impedir que disfruten de su hábito.
Pongámonos las pilas, por favor, el día de la EPOC y todos los demás. Pensemos que con tanta práctica inadecuada se producen 18.000 fallecimientos al año en España –muchos de ellos evitables– a causa de esta patología, y un total de 60.000 por problemas derivados del tabaco. ¿No les parecen motivos suficientes para que las tabacaleras dejen ya de forrarse?
Pido menos indolencia y más sentido común por parte de todos: medios de comunicación, profesionales de la salud, autoridades, fumadores y también –por qué no– de los propios afectados. Ellos son los primeros que deberían divulgar su problemática, en lugar de ocultarla como hasta ahora, si desean –y les conviene desearlo– que la sociedad se conciencie de una vez.

viernes, 5 de agosto de 2016

La EPOC va al gimnasio

¡Cuidado!
No se trata de ningún consejo, tan solo de un planteamiento –novedoso o no, eso pueden decírmelo ustedes– de una cuestión que, pienso, alguien tenía que poner sobre el tapete pues merece la pena debatirse.
Pregunto: Los pacientes de EPOC ¿pueden practicar fitness?
Respondo: En principio, no.
Pero, como en casi todos los aspectos de la vida, sobre todo si, como en este caso, su complejidad es grande y los factores individuales poseen una variabilidad enorme, habría que matizar muchísimo.
¿Quién tiene que matizar? Los profesionales. Cada uno en su terreno, estudiando cada caso y elaborando un programa con instrucciones muy precisas para cada persona en concreto. Esos profesionales se llaman neumólogo y fisioterapeuta respiratorio. Habitualmente, el segundo pone en práctica las instrucciones del primero, y eso es también imprescindible en esta circunstancia. Una pauta lo más ajustada posible que debería ir acompañada de detalladas recomendaciones para que el interesado aprenda a observarse durante la sesión y actuar en consecuencia, un estricto seguimiento de los resultados a lo largo del tiempo, un diálogo permanente a lo largo de todo el proceso y la resolución constante de dudas. Y, naturalmente, el establecimiento del feedback más adecuado en cada punto –sea en positivo o en negativo–, lo que supone un constante reajuste de la estrategia a la vista de los efectos que vayan produciéndose.
Georges Seurat - El circo
No me olvido de que la natación es otra posibilidad a tener en cuenta. Pero, por una parte, ese asunto si está en cuestión y he visto literatura al respecto, por otra, no todos los pacientes respiratorios toleran el cloro, en particular si el diagnóstico completo ha detectado asma.
Posiblemente, un profesional del deporte –fitness o cualquier otro– incluso el aficionado que lo practica habitualmente, podría permitirse este esfuerzo, Teniendo en cuenta además que la escala en los aparatos de musculación es muy amplia e incluye niveles mínimos solo habría que buscar los posibles destinatarios de esta práctica. Provisionalmente, apunto, esos antiguos deportistas a los que se ha detectado EPOC mientras se encuentran en activo por afición o profesión, pero quizá también aquellos que aún están en las primeras fases. Hace falta mucha cautela en esto, pero de ahí a convertirnos en timoratos solo hay un paso, y no recomendable precisamente. De ahí la extrema sutileza con que hay que tratar este asunto.
Por otra parte, sabemos que no hace falta ir al gimnasio. La fisioterapia respiratoria incluye ejercicios adaptados a cada caso particular, como la bicicleta o las mancuernas, que son comunes a uno y a otro. Mi propuesta consiste en dar un paso más, en combinar la prudencia con la audacia, en preguntarnos si se puede recomendar la práctica del fitness en un gimnasio convencional a ciertos pacientes de EPOC.
Pero, después de todo, ¿por qué molestarse tanto? ¿No sería mejor curarse en salud, es decir, contentarse con pasear como hasta ahora y no meterse en más complicaciones? No pienso responder a algo que no me compete, doctores tiene la iglesia. Solo apuntaré que he presenciado efectos portentosos en algún caso aislado, que quizá el fitness contenga posibilidades que no existen en otra clase de ejercicios y, en consecuencia, puede ser necesario un análisis –con la consiguiente divulgación– de sus efectos en la capacidad pulmonar, en la resistencia muscular (que también se resiente en la EPOC como demuestran muchas investigaciones recientes) e incluso, y no es este un factor sin importancia, en el ánimo de quien la sufre. 

sábado, 30 de julio de 2016

¡Qué atrevida es la ignorancia!

Podríamos llamarlo desinformación para ser políticamente correctos. Pero realmente son cosas distintas: respecto al asma, solo quienes la padecen y su familia -a los amigos y conocidos nadie les cuenta nada de esto- están verdaderamente informados, pero, además, cuanto más ignorante es el desinformado más ciencia infusa cree que le ha sido adjudicada y más se esfuerza en demostrar al paciente que conoce su problema (una fruslería, naturalmente, teniendo en cuenta que a él no le suena de nada) mil veces mejor que él. Y esta demostración suele ser bastante peligrosa: llevarle a un sitio contaminadísimo asegurándole que está completamente limpio, jurarle por todas las perlas del Pacífico que el recipiente, trapo o suelo húmedos no contienen producto químico alguno, invitarle a su coche asegurando que allí no se ha fumado nunca y otras maravillas por el estilo.
En España se cuentan por decenas de miles, te los encuentras en cada esquina, salen de debajo de las piedras. son una auténtica legión (o plaga, según se mire). Se reconocen porque no paran de hacer preguntas y solo escuchan sus propias respuestas, porque están convencidos de que lo que ellos no conocen no puede existir y porque suelen contemplar con condescendencia al que intenta explicarles algo que ellos juzgan invención, estupidez o espejismo.
Objetarán que no tenemos obligación de hacerles caso, que podemos alejarnos de ellos, que somos libres de hacer lo que consideremos conveniente. Pero quienes se encuentran al margen de esta problemática no pueden ni imaginar la cantidad de ocasiones a lo largo del día que, por convenciones sociales, amistosas o por encontrarse en territorio ajeno, en manos de profesionales de toda índole en las más variadas circunstancias, es prácticamente imposible eludir a estos voluntarios salvavidas que, so pretexto de sus buenas intenciones, están ansiosos por darnos una lección inolvidable. (Ni ellos mismos pueden imaginar hasta que punto, y lo digo por experiencia, ajena pero experiencia al fin). Y que a nadie se le ocurra protestar por ello, mejor salir por piernas lo antes posible que enredarse a explicarles nada porque cerrarán bien los oídos mientras dejan caer como quien no quiere la cosa que "lo que le pasa a usted es algo psicológico". 
Recuerdo el caso del taxista, le ocurrió a Paco Tella hace ya algunos años y probablemente aparece en algún lugar del blog. El hombre aseguraba muy convencido que si Paco no podía meterse en ningún túnel no es porque les pasase nada a sus bronquios sino porque tenía claustrofobia. Y cuando el propio Paco intentó explicarle que eran neumólogos quienes le trataban y no psiquiatras ni psicólogos respondió con toda seriedad que él no era médico. Ahí mi amigo estuvo bien. Mientas abría la puerta del taxi dejó caer: "Pues juraría que, no solo tiene todas las especialidades de la carrera sino que además es usted un genio, porque me ha diagnosticado en tres segundos solo con mirarme por el retrovisor". Cuando se acercó a la ventanilla y le pagó, el otro seguía con la boca abierta, de no haberlo hecho no se hubiera dado ni cuenta hasta media hora después por lo menos.

martes, 5 de julio de 2016

Pídeme la luna, pero dame tiempo

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Van Gogh - Cielo estrellado
Hoy me dirijo a ti, amigo saludable a quien alguien de su entorno ha comunicado que padece problemas respiratorios. Porque fuma o ha fumado, cuando era niño guisaban con carbón y leña en su casa, le ha condicionado la genética o por otro motivo que no conoces.
Míralo. Es tu hijo, tu madre, tu vecino, un compañero de cuando ibas al colegio. Tú no le notas nada. No sangra, no le falta ningún trozo, ve, oye y habla bien. Le ves igual que siempre, vamos. Solo un poco más vago, o esa es la impresión que te da a ti. A veces, te pone nervioso, no llega a tiempo casi nunca, camina lento por la calle, aplaza citas con excusas algo bobas, te entregó muy tarde el último encargo que le hiciste… Esa nueva actitud te molesta, la encuentras absurda y empiezas a hacerte preguntas. ¿Por qué está tan raro? Ha cambiado mucho últimamente y no tienes ni idea de qué le puede pasar. Sí, te ha contado que tiene algo en los pulmones pero no te parece que eso tenga nada que ver. Tanta tontería ya cansa. Total, ¿qué tienen que ver los pulmones con hacer las cosas bien y rápido, con hablar a una velocidad normal, con tener la mirada igual de alegre que antes? Todo eso que cuenta te parecen un montón de excusas baratas. Crees que su comportamiento tiene más que ver con la voluntad, o mejor, con la falta de ella; o con el desinterés por lo que tiene delante, que viene a ser lo mismo. Quizá provocado por cierto desánimo, incluso depresión. Sí, eso debe ser. Lo que le pasa a tu amigo, a tu conocido, a ese familiar al que adoras debe ser más bien psicológico. Tú lo ves raro. No sangra, no le falta ningún trozo. ¿Qué pinta el pulmón en todo esto?
Bien. Ponte una pinza en la nariz y tápate la boca con un esparadrapo dejando un solo orificio en el centro. Ahora echa a correr y luego cuéntame hasta dónde llegas.
Pedro, Laura, don Antonio son los mismos de siempre. Te darán la luna si se la pides pero, por favor, acuérdate de no meterles prisa.

jueves, 30 de junio de 2016

¿Por qué los fumadores niegan que el tabaco sea "tan malo como dicen"?

Buena pregunta. Llevo mucho tiempo dándole vueltas y, la verdad, la respuesta no está tan clara. El argumento más utilizado es el de la adicción: un fumador nunca reconocerá hasta qué punto es nocivo su hábito porque, en ese caso, tendría que plantearse abandonarlo definitivamente y, como su vicio no se lo permite, busca excusas para que todo siga igual.
Pues… ¿qué queréis que os diga? No acaba de convencerme. Sí, es una explicación válida, no digo que no, pero no zanja la cuestión del todo. Desde luego, la adicción es un factor fundamental, y nadie niega que los fumadores –y cualquier adicto– utilizan el autoengaño (y el engaño) habitualmente. Pero, después de las (tímidas) campañas en contra, de las prohibición de fumar en lugares públicos, de las advertencias en los paquetes, de los estudios epidemiológicos que aparecen de vez en cuando en la prensa (infinitamente menos de las que deberían hacerse), después de tanto cáncer de pulmón, de tantísimos fallecimientos (se estima que, solo en España y por el conjunto de patologías que general el tabaco, 50.000 anuales nada menos), de los consejos del médico, ¿cómo es posible que el consumo no se haya reducido aún de forma drástica? Y, sobre todo, ¿quién entiende que los jóvenes –a estas alturas, con todo lo que la sociedad sabe sobre el tabaco– continúen adoptando esa nefasta costumbre, que cada vez lo hagan más prematuramente, que todavía no hayan aprendido de tanto drama, tanta calamidad, tanta muerte gratuita? Respecto a los que no fumaban antes, el argumento de la adicción previa no funciona. Que alguien me explique entonces por qué, cada año, legiones de adolescentes continúan cayendo en la trampa.
Pero, además, tenemos un término de comparación. Los adictos a cualquier otra droga a veces niegan que lo son pero nunca afirmarán rotundamente que el alcohol no es tan malo, la cocaína no es tan mala, el juego no es tan malo etc. Las drogas de diseño son un caso aparte porque existe un desconocimiento real de sus efectos –sobre todo de las más recientes y, en particular, en ambientes juveniles– pero ya hemos visto que en relación al tabaco, con su larga trayectoria, sus efectos fácilmente comprobables y los repetidos avisos a todo el que quiera escuchar, no hay ignorancia que valga.
Rafael de Penagós (1925)
Nadie en su sano juicio aguantaría estas cifras referidas a cualquier otro factor, el que sea, accidentes de tráfico, terrorismo… Pinten una línea con puntos y rellénenlos con una causa fácilmente evitable. ¿Quién no se escandalizaría ante millones de fallecimientos anuales en el mundo, dos millones de enfermos de EPOC en España de los que alrededor de 18.000 fallecen todos los años y un total de 50.000 –repito– al año en España por cualquier causa relacionada con el tabaco? ¿Qué epidemia, plaga de cualquier tipo, contaminación ambiental, accidente nuclear, medicamento nocivo, alimento en malas condiciones, organización terrorista, accidente automovilístico etc. toleraríamos sin poner el grito en el cielo? No hay un solo agente patógeno (humano, biológico o ambiental) que siembre esa ristra de cadáveres, provocando, de paso, tantísimo sufrimiento en vida. Y no nos escandalizamos, seguimos viendo a la gente fumar y nos parece una elección válida, que está en su derecho, que ejerce una libertad legítima.
Sin embargo, la clave es muy sencilla. Gran parte de estas actitudes absurdas radican simplemente en una gran desinformación, de la que los profesionales están exentos pero no el gran público. Sí, se habla mucho del asunto, pero a veces la saturación de contenidos produce ruido, considerado este –según la teoría de la información– como cualquier interferencia, surgida entre emisor y receptor, que impida la correcta recepción del mensaje y, por tanto, una comunicación auténtica.
Puestos a pensar mal, es evidente que conviene aparentar que se informa, por aquello de que hay contentar a la opinión pública, pero no resulta muy rentable que esta lo sepa todo. Solución: distorsionar un poco aquí y allá de forma que el ciudadano (fumador o no) crea que los datos están falseados, que hay intereses ocultos, que se persigue a los fumadores, que atentan contra su libertad, que existe una conspiración en su contra, que quienes alertan de los peligros del tabaco son personas amargadas que pretenden impedir su disfrute, o dictadores o vete a saber qué. En definitiva, las alertas llegan a todos los oídos pero de tal forma que pocos creen que es verdad. ¿Les parece que esas imágenes horrendas de los paquetes se toman en serio? Claro que no. Están pensadas para que parezcan disuasorias pero quien las ideó no tenía esa intención en absoluto. Es cierto que muchos divulgadores siguen creyendo en su efectividad de buena fe, pero yo sostengo que se equivocan. Es más, estoy convencida de que todo el entramado informativo acerca de los efectos del tabaco se elaboró astuta y pérfidamente para confundir a sus destinatarios. No es un asunto de ahora ni de este país. Aquí nos hemos limitado a copiarlo, en muchos casos sin calibrar sus consecuencias, en otros con toda la intención.
Y esas consecuencias van mucho más allá de la salud. De esta, creo que ya he dicho lo esencial, pensemos ahora en la economía. ¿Qué es el tabaco? Un producto que genera muchísimos impuestos. ¿Quiénes son los fumadores? Personas que invierten en él una parte sustancial de sus ingresos, de los de su vida entera en muchos casos. Como también producen muchos gastos sanitarios, conviene reducir algo su número mediante ligeras píldoras informativas. Pero, en contrapartida –teniendo en cuenta las amplias expectativas de vida actuales– mueren bastante jóvenes y eso quita de en medio a una gran cantidad de pensionistas.
Lo mejor de todo es que no existe un responsable, nadie a quien echar la culpa. ¡Fuenteovejuna, todos a una! ¿Recuerdan esa famosa obra de nuestro Siglo de Oro literario?
Este sí que es el crimen perfecto.

sábado, 25 de junio de 2016

Sé persona

Lo he escuchado decenas de veces: “Ya no soy el mismo”, dicen. Y en cierto modo es cierto, pero quien esto afirma cae en un error de bulto que le perjudica en todos los sentidos y, a los que le rodean de rebote.
Los castellanohablantes tenemos un matiz maravilloso que no terminan de entender los no nativos: la sutil diferencia entre estar y ser. Que no es asunto baladí, digan lo que digan quienes han aprendido a hablarlo de adultos.
Dicho esto, vuelvo con vosotros, los pacientes de EPOC, o de alguna otra patología respiratoria que provoque una disnea importante.
Convendría que te preguntases cada mañana o cada vez que te surja la duda: “Quién soy yo exactamente” Pues el de siempre, claro está.
La diferencia entre una persona y otra está en el cerebro, y a este no le pasa nada, son tus pulmones los que sufren.
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Carátula del álbum Tree of Half Life (El Árbol De La Media Vida) - PINK FLOYD 
Cierto que no puedes moverte igual, que quizá necesites una bombona a tu espalda, que hasta hablar resulta trabajoso a veces, que estás cansado, que te faltan energías, pero, recuerda, ante todo y sobre todo, tú eres tú. No permitas que tu problema de salud rebaje una milésima tu autoestima o se apodere de tu estado de ánimo. No prives a los tuyos del placer de estar contigo convirtiéndote en un ser ficticio, en algo que no eres ni has sido nunca. Sé consciente de tus convicciones, aficiones, afectos, cualidades y mantenlos bien vivos. Se trata de tu personalidad, nada menos, –algo como sabes, totalmente intransferible– y, contra viento y marea, has de conservarla. Sé dinámico en lo que puedas serlo, aunque solo lo manifiestes ante ti mismo con el pensamiento y a los demás con la sonrisa. No escatimes energías en buscar al que en realidad eres pues, cuando acabes de encontrarte, habrás recuperado tu esencia.
Piensa que, si además de respirar con dificultad, te pierdes a ti mismo, no tendrás un problema, los tendrás absolutamente todos.
¡Adelante! Toma las riendas.

La magia está en SER.

martes, 10 de mayo de 2016

Licencia para matar. Una historia del tabaco en España

El título le va que ni pintado a un texto tan oportuno en mensaje y propósitos. Lástima que la frasecita de marras se haya utilizado hasta la saciedad tanto en cine como en libros. Porque autores y promotores corren el riesgo de que la noticia de su aparición editorial se diluya en el laberinto periodístico, y con ella la información (y formación) que contiene y los beneficios que conlleva. Para el público en  general y, ante todo y sobre todo, para los fumadores. Activos y pasivos.
Licencia para matar analiza la estrategia de las tabacaleras para imponer su producto y mantenerlo en primera plana del panorama industrial y comercial, durante décadas y décadas, a pesar de las consecuencias en la higiene, salud y supervivencia, no solo de quienes lo consumen, también de los que rodean a estos. Se detiene en las causas de este éxito, fundamentalmente la complicidad de jueces y gobiernos mediante mil y una estratagemas de diversos tipos con una finalidad fundamentalmente económica. El análisis se circunscribe a España, pero podría extrapolarse a una infinidad de países.
Un gesto encomiable que honra a quienes han emprendido esta aventura. Pero 60.000 fallecimientos anuales, solo en España, merecería el esfuerzo de muchísima más gente. Se echa en falta una divulgación masiva de este enorme problema por parte de gobierno, partidos políticos, autoridades sanitarias, neumólogos y demás profesionales sanitarios.
Su aparición en librerías está prevista para el Día Mundial sin Tabaco.
Solo faltan 21 días.
Espero que tenga mucho éxito.

FICHA TÉCNICA
·         Autor: Carlos Escolá
·         Ediciones Península (Colección Atalaya)
·         Disponible en papel (tapa blanda) y digital
·         Páginas: 248
·         Publicación: 31 de mayo de 2016
SINOPSIS PUBLICITARIA
“Si el tabaco se descubriera hoy en día y se pretendiera su comercialización, ¿los gobiernos darían su visto bueno a un producto que es adictivo, que convierte a sus consumidores en esclavos de una nicotina potenciada con numerosos aditivos y mata a millones de personas cada año tras hacer estragos en los recursos de los sistemas sanitarios?
Sin duda la respuesta es no, y resulta evidente que algún día habrá que plantearse la prohibición gradual del tabaco, un producto que según la Organización Mundial de la Salud mata a entre cinco y seis millones de personas cada año en todo el planeta. De ellas, cerca de 60.000 en España: más muertes anuales que el sida, el alcohol, las drogas ilegales, los accidentes de tráfico y los homicidios juntos. Un millón de muertos en los últimos 30 años.”

jueves, 5 de mayo de 2016

Recomendación 6: Evita las emociones fuertes

J. M. W. Turner, Fishermen upon a Lee-Shore, in Squally Weather
Quizá hayas observado que los impactos emocionales repercuten en tu eficiencia respiratoria. Si nunca te han perjudicado, no le has dado importancia o no lo has relacionado con la EPOC, presta atención desde ahora a cualquier altibajo emotivo brusco que pueda presentarse en tu día a día. Debes saber que no solo los que padecen problemas coronarios han de estar atentos y procurar no exaltarse ni acalorarse. Tú también. Sobre todo si eres susceptible o te impresionas fácilmente.
Una vida tranquila y alegre es lo que el médico recomendaría a cualquier enfermo crónico. Pero tampoco hay que irse al otro extremo: mirar todo el día a la pared dejaría nuestro ánimo por los suelos, subir a una montaña rusa tampoco parece buena idea. Podemos entretenernos, disfrutar y estimular la mente sin excesivos sobresaltos. No es que vayamos a enfermar porque nos haya tocado el premio gordo, pero mejor que nos den la noticia despacio, y si el acontecimiento inesperado es negativo con más razón aún. Tampoco pasa nada por llevarnos un disgusto, son cosas de la vida, pero si esto ocurre con frecuencia quizá tenga algún efecto aunque nunca averigüemos la causa. Y  desde luego, un gran sobresalto, una reacción airada son poco aconsejables.
Conseguir esto no es difícil. Basta con planificar a grandes rasgos actividad y sitios apropiados, procurar rodearse de buen humor y buen amor, apartarse de hostilidad y conflictos, alternar ejercicio con reposo, disfrutar con lo que hacemos. En una palabra, en nuestro caso es esencial ser felices. Pongámonos a ello ya.

sábado, 30 de abril de 2016

Si tienes EPOC, sal del baúl de los olvidos

Visibilidad.
El mundo necesita saber. Nosotros necesitamos que sepan. Pero son los fumadores a quienes realmente urge abrir los ojos. Todo esfuerzo se queda corto ante las espeluznantes estadísticas, ante una sociedad indiferente, ante unos fumadores engañados por una información ambigua. Y engañosa en consecuencia.
Necesita saber que cincuenta mil personas fallecen al año en España por diferentes patologías relacionadas con el tabaco, dieciocho mil de ellos a causa de la EPOC.
Que cuantos más años cumplan, más posibilidades hay de que pasen a engrosar el número de pacientes.
Que el primer paso para dejar de fumar es desearlo y a partir de ahí se puede conseguir cualquier cosa.
Que el cigarrillo electrónico es el caballo de Troya de las tabaqueras, la trampa para introducir la nicotina en todos los formatos posibles, el engañabobos de los ingenuos. Que jamás va a ayudarnos a dejar de fumar y puede seducir a nuevos incautos, proclives a dejarse atrapar por lo moderno.
Que hace falta informar sobre la EPOC y las enfermedades coronarias para que el mundo se entere de que el cáncer no es lo único que ocurre por fumar. Que los profesionales de la salud tendrían que hablar mucho más alto y claro de lo que lo han hecho nunca, que el gobierno debería divulgar los efectos del tabaco en spots publicitarios similares a los que emite la Dirección General de Tráfico. Debido al derroche, tanto económico como en vidas humanas, es una inversión que urge. Y no es opinión mía: las cifras expuestas más arriba son bastante elocuentes.
Que las cifras de fumadores fallecidos deberían publicitarse periódicamente como se ha hecho con otras epidemias mucho menos dañinas y arraigadas, por ejemplo la gripe A.
Que las víctimas vivas, es decir los enfermos, sus familias y las de los fallecidos deberían asociarse e iniciar la batalla de la información, pues todo indica que nadie lo va a hacer por ellos.
Que una buena manera de iniciar esta batalla pacífica sería usar un símbolo conocido por todos: el lazo en la solapa. El lazo marrón de la nicotina en camisas, chaquetas y abrigos de cónyuges y viudos, de padres, de los propios pacientes oncológicos, respiratorios, cardiovasculares.
Recoja estas ideas quien pueda y quiera ponerlas en práctica. Se las regalo con muchísimo gusto.