sábado, 30 de julio de 2016

¡Qué atrevida es la ignorancia!

Podríamos llamarlo desinformación para ser políticamente correctos. Pero realmente son cosas distintas: respecto al asma, solo quienes la padecen y su familia -a los amigos y conocidos nadie les cuenta nada de esto- están verdaderamente informados, pero, además, cuanto más ignorante es el desinformado más ciencia infusa cree que le ha sido adjudicada y más se esfuerza en demostrar al paciente que conoce su problema (una fruslería, naturalmente, teniendo en cuenta que a él no le suena de nada) mil veces mejor que él. Y esta demostración suele ser bastante peligrosa: llevarle a un sitio contaminadísimo asegurándole que está completamente limpio, jurarle por todas las perlas del Pacífico que el recipiente, trapo o suelo húmedos no contienen producto químico alguno, invitarle a su coche asegurando que allí no se ha fumado nunca y otras maravillas por el estilo.
En España se cuentan por decenas de miles, te los encuentras en cada esquina, salen de debajo de las piedras. son una auténtica legión (o plaga, según se mire). Se reconocen porque no paran de hacer preguntas y solo escuchan sus propias respuestas, porque están convencidos de que lo que ellos no conocen no puede existir y porque suelen contemplar con condescendencia al que intenta explicarles algo que ellos juzgan invención, estupidez o espejismo.
Objetarán que no tenemos obligación de hacerles caso, que podemos alejarnos de ellos, que somos libres de hacer lo que consideremos conveniente. Pero quienes se encuentran al margen de esta problemática no pueden ni imaginar la cantidad de ocasiones a lo largo del día que, por convenciones sociales, amistosas o por encontrarse en territorio ajeno, en manos de profesionales de toda índole en las más variadas circunstancias, es prácticamente imposible eludir a estos voluntarios salvavidas que, so pretexto de sus buenas intenciones, están ansiosos por darnos una lección inolvidable. (Ni ellos mismos pueden imaginar hasta que punto, y lo digo por experiencia, ajena pero experiencia al fin). Y que a nadie se le ocurra protestar por ello, mejor salir por piernas lo antes posible que enredarse a explicarles nada porque cerrarán bien los oídos mientras dejan caer como quien no quiere la cosa que "lo que le pasa a usted es algo psicológico". 
Recuerdo el caso del taxista, le ocurrió a Paco Tella hace ya algunos años y probablemente aparece en algún lugar del blog. El hombre aseguraba muy convencido que si Paco no podía meterse en ningún túnel no es porque les pasase nada a sus bronquios sino porque tenía claustrofobia. Y cuando el propio Paco intentó explicarle que eran neumólogos quienes le trataban y no psiquiatras ni psicólogos respondió con toda seriedad que él no era médico. Ahí mi amigo estuvo bien. Mientas abría la puerta del taxi dejó caer: "Pues juraría que, no solo tiene todas las especialidades de la carrera sino que además es usted un genio, porque me ha diagnosticado en tres segundos solo con mirarme por el retrovisor". Cuando se acercó a la ventanilla y le pagó, el otro seguía con la boca abierta, de no haberlo hecho no se hubiera dado ni cuenta hasta media hora después por lo menos.

martes, 5 de julio de 2016

Pídeme la luna, pero dame tiempo

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Van Gogh - Cielo estrellado
Hoy me dirijo a ti, amigo saludable a quien alguien de su entorno ha comunicado que padece problemas respiratorios. Porque fuma o ha fumado, cuando era niño guisaban con carbón y leña en su casa, le ha condicionado la genética o por otro motivo que no conoces.
Míralo. Es tu hijo, tu madre, tu vecino, un compañero de cuando ibas al colegio. Tú no le notas nada. No sangra, no le falta ningún trozo, ve, oye y habla bien. Le ves igual que siempre, vamos. Solo un poco más vago, o esa es la impresión que te da a ti. A veces, te pone nervioso, no llega a tiempo casi nunca, camina lento por la calle, aplaza citas con excusas algo bobas, te entregó muy tarde el último encargo que le hiciste… Esa nueva actitud te molesta, la encuentras absurda y empiezas a hacerte preguntas. ¿Por qué está tan raro? Ha cambiado mucho últimamente y no tienes ni idea de qué le puede pasar. Sí, te ha contado que tiene algo en los pulmones pero no te parece que eso tenga nada que ver. Tanta tontería ya cansa. Total, ¿qué tienen que ver los pulmones con hacer las cosas bien y rápido, con hablar a una velocidad normal, con tener la mirada igual de alegre que antes? Todo eso que cuenta te parecen un montón de excusas baratas. Crees que su comportamiento tiene más que ver con la voluntad, o mejor, con la falta de ella; o con el desinterés por lo que tiene delante, que viene a ser lo mismo. Quizá provocado por cierto desánimo, incluso depresión. Sí, eso debe ser. Lo que le pasa a tu amigo, a tu conocido, a ese familiar al que adoras debe ser más bien psicológico. Tú lo ves raro. No sangra, no le falta ningún trozo. ¿Qué pinta el pulmón en todo esto?
Bien. Ponte una pinza en la nariz y tápate la boca con un esparadrapo dejando un solo orificio en el centro. Ahora echa a correr y luego cuéntame hasta dónde llegas.
Pedro, Laura, don Antonio son los mismos de siempre. Te darán la luna si se la pides pero, por favor, acuérdate de no meterles prisa.