viernes, 5 de agosto de 2016

La EPOC va al gimnasio

¡Cuidado!
No se trata de ningún consejo, tan solo de un planteamiento –novedoso o no, eso pueden decírmelo ustedes– de una cuestión que, pienso, alguien tenía que poner sobre el tapete pues merece la pena debatirse.
Pregunto: Los pacientes de EPOC ¿pueden practicar fitness?
Respondo: En principio, no.
Pero, como en casi todos los aspectos de la vida, sobre todo si, como en este caso, su complejidad es grande y los factores individuales poseen una variabilidad enorme, habría que matizar muchísimo.
¿Quién tiene que matizar? Los profesionales. Cada uno en su terreno, estudiando cada caso y elaborando un programa con instrucciones muy precisas para cada persona en concreto. Esos profesionales se llaman neumólogo y fisioterapeuta respiratorio. Habitualmente, el segundo pone en práctica las instrucciones del primero, y eso es también imprescindible en esta circunstancia. Una pauta lo más ajustada posible que debería ir acompañada de detalladas recomendaciones para que el interesado aprenda a observarse durante la sesión y actuar en consecuencia, un estricto seguimiento de los resultados a lo largo del tiempo, un diálogo permanente a lo largo de todo el proceso y la resolución constante de dudas. Y, naturalmente, el establecimiento del feedback más adecuado en cada punto –sea en positivo o en negativo–, lo que supone un constante reajuste de la estrategia a la vista de los efectos que vayan produciéndose.
Georges Seurat - El circo
No me olvido de que la natación es otra posibilidad a tener en cuenta. Pero, por una parte, ese asunto si está en cuestión y he visto literatura al respecto, por otra, no todos los pacientes respiratorios toleran el cloro, en particular si el diagnóstico completo ha detectado asma.
Posiblemente, un profesional del deporte –fitness o cualquier otro– incluso el aficionado que lo practica habitualmente, podría permitirse este esfuerzo, Teniendo en cuenta además que la escala en los aparatos de musculación es muy amplia e incluye niveles mínimos solo habría que buscar los posibles destinatarios de esta práctica. Provisionalmente, apunto, esos antiguos deportistas a los que se ha detectado EPOC mientras se encuentran en activo por afición o profesión, pero quizá también aquellos que aún están en las primeras fases. Hace falta mucha cautela en esto, pero de ahí a convertirnos en timoratos solo hay un paso, y no recomendable precisamente. De ahí la extrema sutileza con que hay que tratar este asunto.
Por otra parte, sabemos que no hace falta ir al gimnasio. La fisioterapia respiratoria incluye ejercicios adaptados a cada caso particular, como la bicicleta o las mancuernas, que son comunes a uno y a otro. Mi propuesta consiste en dar un paso más, en combinar la prudencia con la audacia, en preguntarnos si se puede recomendar la práctica del fitness en un gimnasio convencional a ciertos pacientes de EPOC.
Pero, después de todo, ¿por qué molestarse tanto? ¿No sería mejor curarse en salud, es decir, contentarse con pasear como hasta ahora y no meterse en más complicaciones? No pienso responder a algo que no me compete, doctores tiene la iglesia. Solo apuntaré que he presenciado efectos portentosos en algún caso aislado, que quizá el fitness contenga posibilidades que no existen en otra clase de ejercicios y, en consecuencia, puede ser necesario un análisis –con la consiguiente divulgación– de sus efectos en la capacidad pulmonar, en la resistencia muscular (que también se resiente en la EPOC como demuestran muchas investigaciones recientes) e incluso, y no es este un factor sin importancia, en el ánimo de quien la sufre.