domingo, 26 de marzo de 2017

Recomendación 7: No te acomodes

Parece un hecho comprobado que los pacientes que llevan una vida más activa mejoran sus síntomas notablemente. Esto, además de repercutir en una mayor esperanza de vida, constituye un círculo virtuoso: a mayor salud, mejor estado de ánimo, con los efectos positivos consiguientes, un bucle que, por fortuna, se repite con resultados cada vez mejores.
Pero ya sabemos en que consiste la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica. Y, por si no lo recuerdan, lo repito: se trata de una patología que mantiene obstruidos los bronquios a consecuencia del tabaco -que se fuma o se fumó- y, por tanto, impide respirar satisfactoriamente, lo que provoca una fatiga constante e impide en mayor o menor medida el movimiento. En las fases más leves, el paciente solo ve limitados los movimientos bruscos, grandes esfuerzos o esfuerzos pequeños pero continuados como subir varios tramos de escalera. Como es lógico, cuanto más grave es el periodo que se atraviesa más limitaciones se experimentan hasta llegar a afectar los actos cotidianos: ducharse, caminar, calzarse, vestirse…
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Paul Gauguin - Jinetes en la playa (1902)
Podemos, pues, deducir que, en esas condiciones, no es tan fácil realizar ejercicio, todo lo contrario: supone un gran esfuerzo tanto físico como de voluntad, mucho cuidado y atención así como cierta dosis de valentía. El individuo ha de ser consciente de sus limitaciones y saber en todo momento hasta dónde puede llegar. Se trata de un ten con ten nada fácil de llevar a cabo en la práctica pero perfectamente posible. Es verdad que, con el tiempo y la experiencia, se van facilitando las cosas. Hay que ir habituándose a la enfermedad, conociéndola, observar las reacciones corporales, echarle mucho ánimo, pedir ayuda si es preciso a quienes están alrededor, solicitar consejo especializado e ir investigando poco a poco. Cada uno encontrará el/los tipo/s de ejercicio/s más adecuado/s para su estado de salud, más en consonancia con sus gustos y forma de vida y establecerá la rutina de horarios, tiempos, pausas y lugares que más convengan a su forma de ser. 
Veremos que lo que al principio nos parecía un mundo es perfectamente factible y, poco a poco, se irá allanando el camino. Si eres tú el interesado, échale fuerza de voluntad porque te aseguro que merece la pena, pero, como la constancia es fundamental en esto, tampoco te impongas un sacrificio excesivo, no vayas a elegir un ejercicio con el que no te sientas cómodo: camina por lugares agradables para ti, realiza alguna clase de juego que hayas practicado antes suavizándolo si es necesario para adaptarlo a tus nuevas circunstancias etc. Si estás leyendo este artículo y eres amigo o familiar de alguien que padece de disnea producida por la EPOC, anímale a que consulte a su médico, aconséjale que no se apoltrone, trata de mejorar su estado de ánimo apoyándole lo mejor que puedas. Sé que decirlo es muy fácil y solo el que lo pasa sabe lo que supone realmente, pero no hay más remedio que esforzarse porque es mucho lo que está en juego. Y recuerda: la desidia es el mayor enemigo de los pacientes con Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica.

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