martes, 4 de abril de 2017

Buscando a la EPOC desesperadamente

Moraleja: demos voz a los asmáticos, a los pacientes de EPOC, a los afectados de fibrosis quística, a los transplantados de pulmón y a todo aquel que en algún momento de su vida ve reducida su capacidad respiratoria. 


Decíamos en el post anterior que la visibilidad es un factor fundamental para el paciente respiratorio y que, por desgracia, carece por completo de ella. La gente sabe que existe el cáncer, la diabetes, se asusta con las subidas del colesterol gracias al bombardeo publicitario -aunque es más un factor de riesgo que una patología- es consciente, en fin, que cualquier órgano del cuerpo es susceptible de enfermar. Corrijo: cualquiera menos los pulmones. Respirar mal no se concibe porque no se habla nunca de ello, se confunde con ansiedad u otro trastorno psíquico, existe una idea muy generalizada de que respirar con el diafragma y hacer yoga son los únicos remedios disponibles para un problema relacionado con el stress, la sugestión o los nervios. No niego que la fisioterapia respiratoria es una ayuda inestimable en las patologías respiratorias, pero si existe una afección pulmonar, en principio no bastaría con ella, habría que combinarla con otras terapias porque estamos hablando de una cuestión tan orgánica como puede serlo un problema coronario.
Cuál es el  quid de la cuestión
Sin embargo, como vengo repitiendo una y otra vez, estamos hablando de los pacientes que más dependen de la conducta de su prójimo. Un asmático o una persona con EPOC se pueden ver gravemente afectados por una simple alteración ambiental (una fogata, un cigarro, una bayeta impregnada en detergente). A veces el efecto da la cara a largo plazo y es imposible saber qué lo provocó, otras, se presenta de forma súbita. La gravedad también varía mucho: desde una disnea muy leve a un broncoespasmo que pone en peligro la vida.
No hay muchos asuntos tan urgentes y susceptibles de reivindicación como este. Y no exagero: si nos fijamos únicamente en los efectos, podríamos comparar conductas tan faltas de mala intención (como fumar o pasar una bayeta) con atentados terroristas. Terrorismo inocente podríamos llamarlo, por paradójico que pueda parecer.
Resultado de imagen de revolucion industrial consecuencias ambientales
William Bell Scott - Iron and Coal (1855–60)
Existen soluciones
La conclusión es obvia: los pacientes respiratorios necesitan:
  • En primer lugar, conocerse.
  • Después, unirse en pos de un objetivo común.
  • Por último, reivindicar.
Pero estamos como en el chiste- ¿Dónde está la mayor dificultad para camuflar un millón de euros? Tener un millón de euros, ni más ni menos, a partir de ahí todo es coser y cantar. Aquí pasa lo mismo. Los enfermos respiratorios estarían más que dispuestos a darse a conocer, a explicar lo que les ocurre, a trabajar por resolver sus problemas, a pedir -a veces, hasta a exigir- el respeto de sus conciudadanos. Pero primero tienen que conocerse. ¿Y quién les puede poner en contacto? Los mismos que tienen la ccapacidad de divulgar, aquellos que mencionaba en el post anterior: los neumólogos.
Neumólogos, autoridades sanitarias y periodistas -por este orden de actuación- conseguirían, de proponérselo, que la sociedad pueda conocer este gravísimo problema en el que, en realidad, estamos involucrados todos aunque solo sea en potencia. Pero, además, son los únicos capaces de lograr que los pacientes se conozcan entre ellos, que puedan relacionarse, intercambiar experiencias, puntos de vista, problemas, soluciones. Y, lo más importante, para convertirse en la voz autorizada que comunique a la población el significado de esta problemática, su repercusión en la vida diaria, su carácter invalidante, su peligrosidad a la larga o a la corta.
Moraleja: demos voz a los asmáticos, a los pacientes de EPOC, a los afectados de fibrosis quística, a los transplantados de pulmón y a todo aquel que en algún momento de su vida ve reducida su capacidad respiratoria. Pongámosles en contacto, ellos sabrán organizarse y decidirán qué es lo que tienen que hacer, pero también pongámosles un micrófono delante, hagamos reportajes donde se explique cómo es su vida, sus limitaciones, terapia, pronóstico de futuro y, sobre todo, las causas por las que esas personas han llegado hasta aquí.
El mundo será algo más justo, menos peligroso para todos, con un menor porcentaje de muertes. 

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