miércoles, 6 de diciembre de 2017

El hombre Marlboro

No soy el hombre Marlboro, pero trato de imitarle con un gorro y un cigarro.
Disfrazado de vaquero con cigarro incluido



Una estrategia de lo más exitosa

La solitaria figura del vaquero, recortada sobre un horizonte desértico sosteniendo un cigarrillo entre los dedos, forma parte de la iconografía popular. Tenía que ser una imagen varonil pues trataba de popularizar el tabaco con filtro e iba dirigida a las mujeres. Fue una estratagema que sirvió para crear fumadoras en un panorama formado casi exclusivamente por varones y, de paso, popularizó el filtro entre ambos sexos. El hombre Marlboro fue encarnado por diferentes personas a lo largo de las casi cinco décadas que entró en nuestras retinas. Desde 1954 a 1999, comics, películas, publicidad de prensa y televisión, series etc. se poblaron de carismáticos fumadores que consiguieron convertir en adictos a millones de incautos de cualquier edad y condición.
La industria tabacalera, como no podía ser de otro modo, conocía perfectamente los efectos del producto que fabricaba, pero mintió descaradamente ganándose la confianza de todos a excepción de los mejor informados. Aunque ahora parezca mentira, un sector del mundo de la medicina se creyó ese cuento de que fumar era una costumbre inocua, e incluso en algún momento lo recomendó como beneficioso para la salud. Ha llovido mucho desde entonces pero les aseguro que no exagero nada. Los publicistas del tabaco hicieron una labor magnífica, pues no se limitaron a promocionarlo, se aseguraron, además, de que la mayoría de los creadores (cineastas, pintores, fotógrafos) contribuyesen a dotarle de glamour.
En España existe una ley que prohíbe la publicidad, tanto directa como encubierta. Eso supone que, teóricamente, en las pantallas, sean de la dimensión que sean, nadie debería aparecer fumando. Pero es fácil comprobar que no se cumple ni se ha cumplido nunca a rajatabla. Tengo la sensación que se empezó metiendo la cuña en las películas de época -con la excusa de que por entonces fumaba todo el mundo, formando el tabaco parte del decorado como cualquier otro elemento- y, en vista de la permisividad reinante, se ha ido ampliando hasta límites de escándalo.
Si alguien no pone coto a esto, nuestros jóvenes seguirán aficionándose año tras año a este hábito macabro, imitando a sus héroes favoritos y creyendo sinceramente que "si tanta gente lo hace, no será para tanto". Pero lo es, les espera una muerte prematura y muy poca calidad de vida a partir de una edad bastante temprana. Los enfermos están ahí y son legión, pero la sociedad los tiene escondidos, camuflados, ignorados y avergonzados de sí mismos, y sin embargo son sus imágenes la que tendrían que aparecer en el cine, televisión, vídeos y fotos en lugar de esas otras, las de fumadores felices, más falsas que un euro de madera.

2 comentarios:

  1. La vida entera no, pero el aire que respiramos está lleno de humo de varias procedencias, productos químicos altamente nocivos y tóxicos diversos que no podemos ver, porque son microscópicos, pero a los que terminaremos poniendo coto, como hicimos con los microorganismos hace décadas.
    Saludos y gracias

    ResponderEliminar

Para que cuentes eso que siempre has pensado y jamás te atreviste a decir: