miércoles, 27 de diciembre de 2017

España se queda atrás en la lucha antitabáquica

En enero de 2006 entro en vigor una legislación antitabaco que generó más problemas que soluciones, la tensión era patente y el gobierno de entonces no tuvo otro remedio que rectificar. Por fin, desde enero de 2011 difutramos de otras leyes, más satisfactorias, incluso avanzadas para ese momento.

En un ambiente particularmente polémico, no se podía resolver todo. Parece comprensible, pues, que se dejasen aparcadas multitud de cuestiones: prohibición el tabaco en las playas, en los coches donde viajan niños, en los estadios; mayor rigor en el cumplimiento de la prohibición en los alrededores de hospitales (sobre todo ¡cielos! las filas de sanitarios con batas blancas y un cigarro humeante); la implantación de un paquete de tabaco genérico, sin rastro de marcas comerciales; un drástico incrmento de los impuestos etc.

Se trata de un comportamiento que, como país, solemos adoptar a menudo. La secuencia es conocida:

1) proponemos una ley pionera con la oposición de intereses muy fuertes,
2) sorteando mil y un obstáculos, acaba por aprobarse,
3) se pone en marcha, pese a quien pese,
4) su cumplimiento se convierte en parte de la vida cotidiana,
5) se demuestra su efectividad y ya nadie la pone en duda sin parecer sospechoso de algo,
6) arrastramos a un sinfín de países, maravillados con nuestro ejemplo,
7) enfermos de éxito, acabamos durmiendo en los laureles,
8) la legislación y las costumbres se estancan, estamos tan satisfechos que no somos capaces de dar un paso más,
9) los países que nos siguieron empiezan a plantearse nuevas metas, las mentalidades han cambiado y ya no se conforman con tan poco,
10) uno de esos países acaba siendo pionero en la promulgación de nuevas leyes abriendo la puerta a otras costumbres,
11) muchos otros países toman nota y, uno tras otro, siguen su ejemplo,
12) España sigue encantada de conocerse, no mueve un dedo para avanzar, se complace en favorecer intereses (en este caso, económicos) a costa de los derechos humanos (de la salud si nos ciñemos a este ejemplo, aunque hay unos cuantos más),
13) la situación se anquilosa y esclerotiza, nos convertimos en los cavernícolas universales, los problemas aumentan pero nadie mueve un dedo, ni siquiera para protestar, porque ya -una vez- fuimos pioneros en algo,
14) el mundo gira y nosotros seguimos atascados en el bache de la complacencia.
Urge endurecer las leyes antitabaco españolas

¿Es que nunca tendremos arreglo?, me pregunto. Señores sanitarios, me alegra que protesten, pero tengan en cuenta que en sus manos, y solo en las suyas, está la solución. ¿Qué esperan para mover los engranajes? Informen del problema al gobierno central y a los autonómicos, hagan valer sus razones, protesten, presionen, hagan ruido, movilicen a ese público previamente concienciado que se mostrará encantado de seguirles. 

Estamos esperándolos pacientemente, confiábamos en ustedes, es verdad que de vez en cuando protestan, perro muy tibiamente y solo una parte muy pequeña del sector. Además, al escucharles, se diría que no tienen nada que ver en el asunto y eso nos a pie a preguntarnos ¿quiénes piensan que tienen que cambiar las cosas? 

¿Unas autoridades que no tienen por qué entender de medicina y que tienen mil prioridades por delante de la salud pública? 
¿El ciudadano medio? 
¿El caballo de Santiago? 
¿Su suegra?

¡Convénzanse! Ya es hora de que se pongan de una buena vez en marcha, esperamos que no nos defrauden.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Para que cuentes eso que siempre has pensado y jamás te atreviste a decir: