miércoles, 20 de diciembre de 2017

Ironía respiratoria

Paradojas de la opinión pública

Lo que pensamos la mayoría

Se enferman los ojos, los intestinos, el corazón. El único órgano que se mantiene sano siempre son los pulmones. Si estos, por casualidad, pudiesen enfermar ¿cómo nos afectaría?  En nada. Los pulmones no sirven para nada. ¡Ah! sí, espera. Sirven para respirar. Entonces... si pudiesen enfermar los pulmones, ¿respiraríamos peor? ¿Nos podríamos quedar sin aire incluso? No creo. Eso sería mortal, ¿cómo puede ser que el aire no entre? Claro que el aparato respiratorio es uno más de los sistemas corporales, luego, podrá enfermar como todos. Y si sirve para gestionar el aire que entra y sale, a lo mejor, es sólo un suponer, esta entrada y salida puede no producirse con la fluidez que sería deseable o no producirse en absoluto. Pero ¿cómo va a ser esto? A mí no me suena de nada. Claro que nunca estudié medicina. ¡Uy! que lío.

Lo que de verdad ocurre

La ciudadanía está desinformada y tiene toda la pinta de tratarse de un fenómeno poco o nada inocente, Que algo que sucede a la vista de todos permanezca oculto para la mayoría solo puede deberse a intereses muy fuertes, de todos conocidos por lo demás. Es mucho más cómodo que cada uno ensucie el aire cómo y cuánto quiera, además de muy rentable para algunos bolsillos. El tabaco genera pingües beneficios, la lejía es más barata que el resto de desinfectantes (pero también genera gran cantidad de problemas respiratorios cuyo origen suele ignorarse), las taladradoras que levantan polvo son más económicas que las otras.
Por eso, nadie se para a pensar que los pulmones se estropean como cualquier otra parte del organismo. Y que el responsable de esas irregularidades es la suciedad ambiental. Aunque pensándolo bien parezca absurdo, para el común de los mortales se enferman los ojos, el corazón, los intestinos... y, parece ser, los pulmones son los únicos órganos que se mantienen en perfecto estado pase lo que pase. Algo a todas luces falso. Si hacemos recuento de los enfermos de asma en España, resulta que afecta al 10% de la población. La EPOC tiene una prevalencia parecida, aunque entre las dos no alcanzan el 20% porque hay un solapamiento entre ellas. Y no son las únicas patologías que impiden el paso del aire a los pulmones y de ahí al torrente sanguíneo: recordemos la hipertensión pulmonar, la esclerosis múltiple etc.
¿Cuál es la consecuencia de que se ignoren los problemas respiratorios? Que cada uno campa a sus anchas, arroja al aire lo que quiere sin que nadie se lo impida, no tiene en cuenta a los enfermos actuales ni a los potenciales. Porque, efectivamente, el aire sucio obstruye los bronquios de los enfermos pero además convierte en enfermos los que estaban sanos hasta entonces.
La sociedad necesita más información. Que los médicos, el ministro de turno, los diputados y todo el que tenga alguna responsabilidad en el asunto explique con la suficiente claridad al ciudadano medio el enorme drama que supone padecer una obstrucción respiratoria, la gran cantidad de afectados, la impactante cifra anual de fallecidos.
La solución, pedagogía, pero de la buena: concienciar, informar, alertar, promover la empatía, estimular el razonamiento, erradicar mitos indeseables. La situación es insostenible, pero si se toman medidas rápidamente podemos dejar un hueco a la esperanza.

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