jueves, 31 de mayo de 2018

31 de mayo, Día Contra el Tabaco ¿Qué es el IQOS?

Un año más celebramos el Día Internacional Sin Tabaco. Otro año y la gente sigue fumando por todas las esquinas con total inconsciencia, perjudicando con su humo a los viandantes, machacándose literalmente la salud. Y lo peor es que, también año tras año y a pesar de tan sombrío panorama, los jóvenes siguen iniciándose en ese hábito mortífero. ¡Cuánta impotencia!
Un año más y el lobby tabaquero sigue engañándonos a todos. Seguimos en el limbo, nos creemos sus torticeros argumentos, incluso aceptamos esos nuevos productos -tan modernos ellos, tan eficaces para seguir matando a consumidores y vecindario- que se han sacado de la manga para seguir lucrándose a nuestra costa.
¡Qué bien lo han hecho! Nos saquean mientras nos matan lentamente. 
¡Viva el Día Internacional Sin Tabaco! 
Pero es un grito triste, lleno de impotencia, es obvio que esto sirve de muy poco, que la gente sigue muriendo en silencio, callando la causa (EPOC: cáncer de pulmón, crisis asmáticas, fibrosis), escondiéndose tras ambigüedades para no molestar demasiado. Mueren después de muchos años de ostracismo, de vivir arrinconados en sus casas aferrados a una bombona de oxígeno, de sentirse como muertos en vida y, para colmo, creyéndose culpables.
Pero la víctima no es culpable nunca. Nos han engañado a todos y lo siguen haciendo impunemente.
El IQOS no es un buen producto, resulta tan dañino como todos, es veneno con envase atractivo como el resto de elementos que contienen nicotina. No sé cómo han podido introducirlo en el circuito comercial cuando está probado que es un producto mortífero. O sí lo sé, cuando hay fortunas por medio los trámites se facilitan, las barreras se allanan, no solo se deja pasar el producto: se le extiende una alfombfra acolchada para que llegue más rápido a su meta. Algunos bolsillos estarán un poco más llenos, algunas vidas se volverán mucho más precarias, muchas mentes se confundirán creyendo que la legalización del nuevo artefacto garantiza que es completamente inocuo. 
Nos dejamos engañar, somos ingenuos, y eso tiene un coste muy alto.
Nos están matando lentamente, lo juro.
Y si no me creéis, ¡informáos!

viernes, 20 de abril de 2018

El chivo expiatorio (II)

Dio la impresión de que no le quedaba aliento. Llenó su vaso con el agua que quedaba en la jarra y se pasó un pañuelo por la frente.

-¿Alguien quiere café? -Propuso Paco.

-¡Claro! Todos. –Replicó Cris mientras retiraba los platos sucios- Ya está hecho. Trae las tazas y sírvelo, anda.

-¿Estás bien? –pregunté a Sonia. Se la veía muy pálida y parecía haberse quedado sin fuerzas.

Pili, que estaba a su lado, le echó un brazo por los hombros.

-Paco, ¿vienes ya? -Cristina se acercó a la ventana- Voy a abrir un poco que hace mucho calor aquí.

Subió el estor con brío- Venga, ¿estamos todos ya?

-¿Mejor? –Paco, que entraba con la bandeja, dejó otra jarra llena junto a Sonia.

-¿Qué pasó después?

Sonia resopló y se llevó la taza a los labios.

-No sé cómo puede haber gente tan estúpida en el mundo.

-¡Uy! Si yo te contara… -interrumpió Paco.

-¡Calla! –terció su mujer.

-Pues nada, que querría contarle a mi tío que Luis y yo tampoco lo llevábamos muy bien, que estaba pensando en echar todo por la borda pero me estaba costando dar el paso. Le daba vueltas a todo eso mientras esperaba a que saliese, y no me estaba fijando en nada más. Entonces fue cuando vi a esos payasos al otro lado del cristal, haciendo visajes y descojonándose. Les di la espalda pero uno salió a preguntarme, con toda su jeta, por qué había salido corriendo.

-¿Hablas de los camareros?

-Sí, sí, los putos camareros.

Pensé que no parecía la misma Sonia que se había sentado a la mesa un rato antes. Ahora estaba reviviendo la escena y descargaba toda la rabia que tenía dentro. Guardaba más sangre en las venas de lo que parecía a primera vista.

"-Contesté que le que preguntase a mi tío, que todavía estaba dentro del bar. Pero siguió insistiendo como si estuviese obligada a darle explicaciones. Fui tonta haciéndole caso. Le dije que me hacían daño los líquidos.

"-¿Qué líquidos?

“Me interrogaba con una altanería y un aire chulesco que, por supuesto, no estaba dispuesta a soportar.

“-El detergente que tenéis encima de la mesa. Soy asmática y me ahogo al olerlo. ¿Tienes algo que objetar o es que crees que tengo que pedirte permiso para salir del bar cuando me plazca?

“.No. Si… Yo…

“-Y tus compañeros ¿de qué se ríen? Vaya pandilla de memos que sois.

“-Perdone, señorita. No es que se rían. Bueno, se ríen, pero en el sentido...

“Encima palurdo –pensé.

“-¿En el sentido? ¿De qué sentido hablas? ¿De la falta de respeto? ¿De la estupidez? ¿De molestar a gente que no os ha hecho nada? Mira, no quiero seguir hablando, seguro que no te importa pero esta movida está afectando a mi salud. Entra de una vez, diles a esos que dejen de reírse de lo que no entienden y déjame en paz, haz el favor.

“Cruzó la puerta de un salto, parecía un conejo asustado, no se esperaba que fuera a plantarle cara, tampoco que fuésemos gente normal, supongo, aunque sigo sin imaginarme qué les pudo pasar por la cabeza. Le vi hablar con sus compañeros, me fijé en cómo se ponían serios de golpe. Cuando se lo conté a Ángel me dijo que le habían pedido disculpas. Por el malentendido, dijeron. Él no contestó, no tenía ni idea de lo que le estaban hablando.

“Pero a esas alturas ya estaba tocada. Me había alterado tanto que apenas podía andar, me ahogaba, tuvimos que parar varias veces. Me eché el inhalador a la boca pero apenas me hizo efecto. Ángel estaba dispuesto a llamar al Samur, como había tenido que hacer tantas veces, para mi familia es casi una rutina ya. Íbamos los dos muertos de frío, apenas quedaba nada abierto y yo tenía que sentarme. También, y a ser posible, entrar en calor. Después de muchas paradas, de temer, una vez más, que no iba a ser capaz de salir viva de aquello, conseguimos llegar a la estación. Ángel quería llevarme al hospital o a mi casa, dónde fuera, pero yo era partidaria de esperar un poco. Nos sentamos en un banco del andén y, cuando llegó mi autobús, ya estaba bastante repuesta, así que subí sin escuchar las protestas de Ángel ni casi mirarle cuando me despedía para no ver su cara de preocupación.

Se oyó a Paco, tan práctico como de costumbre:

-¿Moraleja?

-Espera, –reclamó Pili- todavía no ha terminado.

-¡Ah! Pero, ¿todavía hay más?

-¿Qué si hay más?

RECUPERACIÓN DE LA SERIE DE RELATOS INDEPENDIENTES TITULADA CHARLAS CON PACO TELLA, PUBLICADA INICIALMENTE EN LA PRIMERA ETAPA DE ESTE BLOG
(Continuará)

miércoles, 18 de abril de 2018

Los peligros de un solo cigarro

El que quiera confirmar que el tabaco es un elemento altamente nocivo solo tiene que consultar cualquiera de las páginas médicas que informan sobre el asunto. En este blog también hay información de sobra. Hemos comentado infinidad de veces que los fumadores están en riesgo de padecer enfermedades cardiovascularres, patologías respiratorias como EPOC y asma, cánceres de varios tipos, sobre todo de pulmón, problemas de piel y de vista etc.
Lo peor no es que el fumador caiga en la trampa de creerse los cantos de sirena de las tabacaleras y aliados, eso es de comprender porque su adición piensa por ellos. Aunque si tienen un momento de lucidez y decide pedir ayuda profesional aumentaría su esperanza de vida y, por encima de todo, la calidad de esta. Vivir durante una decena o dos de años con graves problemas para respirar y, por tanto, para moverse libremente, gran parte de ellos encadenados a una bombona de oxígeno no creo que le haga mucha ilusión a nadie.
Pero lo altamente preocupante es que los no fumadores, con un total desconocimiento de la cuestión, se lanzan irresponsablemente a opinar poniéndose ingenuamente del lado del fumador. O eso creen ellos, porque si quieren hacer una favor, tanto a los fumadores como a los que respiran el humo que inhalan, deberían recomendarles que tratasen de abandonar el hábito.
El tabaco es peligroso desde la primera calada
Fumadores en la puerta de un local
Y lo que ya es absolutamente demencial es que los adolescentes continúen con esta costumbre sin que nadie parezca preocuparse demasiado: ni familia, ni profesorado, ni autoridades sanitarias, que deberían promover campañas de concienciación dirigidas sobre todo a ellos. Un escándalo absoluto.
Pues bien, dentro de esa desinformación que mantiene en el limbo a la ciudadanía, nos hemos hecho a la idea de que solo los que fuman un determinado número de cigarros al día pueden padecer algún trastorno. Esto no es así: el tabaco es peligroso desde la primera calada, incluso es peligroso aspirar el humo de otros fumadores. Dependerá de factores ambientales y genéticos cómo se materializa ese peligro, qué enfermedad (o enfermedades) acechan a cada individuo, en qué momento de su vida darán la cara, gravedad de estas etc.
Hace poco he conocido otro dato preocupante: el primer cigarro es tan peligroso como un paquete entero. Tampoco me sorprende. Hemos incorporado un veneno devastador a nuestra cultura y costará mucho esfuerzo lograr que la opinión pública se conciencie de esta realidad. A las autoridades médicas corresponde abrir los ojos de la gran mayoría, informar con todo detalle qué les espera en el futuro, mostrar cómo es la vida y las condiciones físicas de todas esas personas que sufren en silencio, recluidas en sus casas, los efectos de esa ley del silencio que ya dura demasiado.

viernes, 13 de abril de 2018

El chivo expiatorio (I)

Se acercaba un puente de cuatro días y me preguntaba cómo aprovecharlo. La semana anterior había acabado un guión de lo más tortuoso y me había quedado sin ganas de escribir una sola línea en todo lo que quedaba de mes, había puesto mis lecturas en barbecho hasta nueva orden, como estaba lloviendo a cántaros, recorrer a pie la montaña visitando sus pueblos y pasar penalidades no me convencía nada, entonces llamó Pili y me propuso que visitásemos a Paco, podía alojarme en su casa si ellos no tenía sitio. Ya conocéis a Pili, es una vecina de mi antiguo barrio, ciega de nacimiento o casi, con la que solo he hablado un par de veces. Me han dicho que no ha vuelto a comprar un libro mío desde que maté al protagonista de un relato en la última frase y a traición. Esta vez, tenía un plan.

-Te necesito, Molina. Una amiga mía quiere conocer a Paco y como tienes confianza con él…
-Más que nada, soy amiga de Cris. Puedo preguntar si tienen libre alguna tarde del puente.

Tenían. Y nos invitaron a empanada casera, una de las especialidades de Paco. La amiga de Pili se llamaba Sonia, lo único que entendí de todo lo que me contó esa tarde. Que si tenía movilidad reducida, que si no dejaba de llorar…
No sabía lo que iba a encontrarme.

-¿Es que va en silla de ruedas?
-¿Qué? No, no.

Su caso, según dijo, era muy parecido al de Paco, por eso quería que hablasen. Hace poco se había sentido tan vejada que no se levantaba ni para comer. Le daba igual perder el trabajo, le daba igual todo.
-Su novio le ha dicho a su jefa que tiene la gripe.

-Pero ya no es época de gripes.
-Ya. Poca imaginación que tiene el muchacho.

-Y se lo ha tragado.
-Parece ser.

El salón de Paco aparecía cuajado de guirnaldas y empapelado con pancartas en las que se leía “Todos se pelean por un papi como el mío” “Queremos hacerte feliz” “Por ti se inventó el día del padre” y frases por el estilo. Los niños acababan de representar una obra y estaban desmontando el escenario. Junto a nosotras tres pasaban cortinas, un guerrero con bigote, una princesa con capirote, una torre de cartón, una escalera forrada de fucsia, arbolitos de plástico, nubes de algodón azul. Mientras esperábamos que se apaciguase todo aquel revoltijo, nos sirvió sangría el abuelo. Luego reunió a los chicos, se aseguró de que no les quedase ni un churrete y se los llevó al cine con un paso tan marcial que, se diría, capitaneaba un regimiento.

-Sentimos interrumpir en un día como este.

Paco se pasó la manga por la frente.
-¡Ya venía bien un respiro!

-Estos ratos acaban agotándole, –intervino Cris- por eso os citamos para hoy. Habéis sido una coartada estupenda.
-Pero tu padre…

-Hoy también es su día. Está encantado de llevarlos por ahí. Un día por otro, casi nunca encontramos la ocasión.
Cris fue sirviendo los trozos de empanada que, por cierto, estaba de muerte y, en cuanto empezaron a funcionar los tenedores, dejamos hablar a Sonia.

-No sé cómo empezar, –empezó- es como si me sintiese culpable. Por nada, la verdad. Hace unos días quedé con mi tío Angel, fuimos a una tasca del centro, una de mala muerte porque estaba todo a reventar. Tomamos unas cervezas y unos pinchos.
Sonia tiene el pelo muy lacio, muy rubio y muy achicharrado  por el sol. Me fijé en sus ojeras azuladas, en que apenas probó bocado, en su expresión de derrota y sus hombros caídos. Al verla, no cabía duda de que la depresión le estaba clavando los garfios.

-Mi tío quiere separarse porque su mujer le… Bueno, eso da igual. Está decidido pero no se atreve a enfrentarse a mi padre, que es muy conservador y un poco intransigente. Ángel es el pequeño y siempre nos hemos llevado bien.
Cuatro pares de ojos la miraban. La única que sabía de qué iba el asunto era Pili, también la única que apenas podía verla.

-Yo también tengo hipersensibilidad a los químicos. Como tú, Paco. La verdad es que aún no me lo explico. Estábamos enzarzados en lo del divorcio, cuando Ángel se paró y dijo: “Ve saliendo rápido que ya me encargo yo de pagar. Estos han sacado los botes
“Miré y vi un espray lleno de líquido azul sobre la mesa más cercana a la puerta y a un camarero con guantes de goma y un trapo que estaba a punto de agarrarlo. Cogí el bolso y la chaqueta y eché a correr tapándome la boca. Ya he estado en urgencias muchas veces por lo mismo y no estoy dispuesta a comprobar si el producto tiene cloro o no tiene.

Miró fijamente a Paco.
-Supongo que sabes lo que es un bronco-espasmo.

-Demasiado bien. Sigue.
-¿También tú has ido al hospital?

Paco puso su mejor cara de guasa.
-Como todos, miles de veces, hasta que aprendí cuándo hay que irse corriendo de los sitios.

-Pues eso. Salí a toda prisa con la pasmina por delante y Ángel se quedó como alelado, parecía que rebuscaba en la cartera pero en realidad estaba dando vueltas a lo que habíamos hablado y así pasó diez minutos. Mientras fuera me estaban machacando entre todos, él seguía allí, en Babia.
“Me asomé por una ventanita que daba a la barra y le vi al fondo, cabizbajo. Al otro lado, justo enfrente de mí, cuatro camareros me hacían gestos de mal gusto y se partían de risa. No lo entiendo, la verdad.

Paco se había puesto serio.
-¿Cuántos años te lleva tu tío?

-No sé, unos quince.
-Pues te puedes imaginar, cualquier guarrada se les pasaría por la cabeza. Hay gente que tiene la mente muy sucia.

-Pero éramos un tío y una sobrina hablando de sus cosas. No lo puedo entender.
-Sonia, es que los tíos se aburren mucho. – Terció Cris.


RECUPERACIÓN DE LA SERIE DE RELATOS INDEPENDIENTES TITULADA CHARLAS CON PACO TELLA, PUBLICADA INICIALMENTE EN LA PRIMERA ETAPA DE ESTE BLOG
(Continuará)

miércoles, 4 de abril de 2018

¿Por qué le llaman infarto cuando quieren decir broncoespasmo?

Ante todo hay que definir el concepto:
"El broncoespasmo es un estrechamiento temporal de los bronquios (vías respiratorias en los pulmones) causado por la contracción de los músculos en las paredes de los pulmones, por la inflamación de la mucosa pulmonar, o por una combinación de ambas condiciones."

Existe un gran porcentaje de muertes súbitas, ocurridas a personas asmáticas -con diagnóstico previo o no- cuyo origen no es un ataque al corazón sino la inhalación de sustancias fuertemente irritantes o con algún ingrediente alérgeno que dan lugar a una respuesta automática en los bronquios, inflamándolos y, en consecuencia, produciendo un significativo estrechamiento que dificulta la respiración, y si no se trata a tiempo, es capaz de producir la muerte del individuo. 
¿Porqué un proceso de este tipo llega a relacionarse con un ataque al corazón? Muy sencillo, porque cuando el oxígeno no llega a los pulmones, o no llega en la cantidad suficiente, los músculos se ven privados de esta sustancia vital, y el corazón no es otra cosa que un músculo, si bien esencial para mantener el organismo con vida.
Quiero decir con esto, que cuando se habla de insuficiencia cardio-respiratoria el individuo no siempre padece un problema coronario; en ocasiones, el origen se encuentra en los pulmones. Lógicamente, y simplificando, si no llega aire a estos órganos, o no en cantidad suficiente, o llega muy contaminado y por tanto con una proporción insuficiente de oxígeno, falla el corazón y se produce el fallecimiento.
Sin embargo no escuchamos muy a menudo hablar de esto. Se suelen meter en el mismo saco los fallecimientos y las crisis de extraordinaria gravedad que aparecen y se desarrollan rápidamente tengan el origen que tengan, de esta forma nadie se plantea el peligro que supone la liberación de sustancias peligrosas y su contribución a un porcentaje determinado de fallecimientos repentinos. De esta forma, nos ahorramos utilizar medidas preventivas como registringir aún más el acto de fumar en lugares públicos, prohibir la utilización de productos químicos potencialmente peligrosos, regular el uso de taladradoras y maquinaria generadora de gran cantidad de polvo, tanto en la calle como en locales, obligando a sustituirlas por otras que ejercen la misma función y contaminan mucho menos, y un largo etcétera. Comprometerse con esta problemática resulta, ciertamente, algo molesto, pero imprescindible para prevenir una gran cantidad de muertes fácilmente evitables, no solo del público transeúnte sino de los propios trabajadores, que son los primeros en inhalar esos productos o partículas.
Una vez dicho esto, repito la pregunta. ¿Por qué le llaman infarto cuando quieren decir broncoespasmo? Pues para despistar, naturalmente. Cualquiera que tenga ojos para ver, a poco que observe, se dará cuenta de que existe una ley del silencio en torno a este asunto.

miércoles, 14 de marzo de 2018

Tabaquismo: Cuando uno enferma porque sí

¡Desengáñese fumador! Tal como indican voces autorizadas, la fantasía de que a usted no le va a tocar la china tiene poco fundamento, ya que está alimentada por opiniones tan poco consistentes como:

  • de una parte, los sectores interesados en mantenernos ciegos. Muy interesados, por cierto, ya que el dinero que mueve la industria tabaquera se  concreta en cifras de muchos ceros.
  • de otra, la adicción del propio fumador, que intenta justificar, como es lógico. Para ello, utiliza toda clase de excusas: "me siento muy bien", "puedo dejarlo cuando quiera", "no hace tanto daño como dicen", "a mí no me va a tocar", "de algo hay que morir", "todo eso que dicen no son más que mentiras de las farmaceúticas" (?!)
  • por último, la falta de información y la indiferencia social, que no entiende lo que está pasando y, a pesar del drama social y económico, no se preocupa de tomar conciencia de ello. Es más, incluso personas que no han fumado nunca, defienden lo indefendible por pura inercia e ignorancia.
Pero a los fumadores les espera, en un alto porcentaje de casos:
Resultado de imagen de paquetes de tabaco
  1. Responsabilidad en la aparición de patologías ajenas o en su agravamiento debido a la emisión constante de humo, en espacios abiertos y cerrados.
  2. Prematuro envejecimiento.
  3. Una larga y penosa enfermedad con el consiguiente descenso de la calidad de vida, escasa movilidad etc.
  4. Asociación con otras patologías, bien provocadas por la inmovilidad forzosa, por efectos secundarios de una medicación indispensable, por las escasas perspectivas vitales, descenso de autoestima y escasa socialización que acaban frecuentemente en un cuadro depresivo.
  5. Fallecimiento prematuro.
Seguro que algo me dejo en el tintero, pero si todo esto le parece poco motivo para abandonar el tabaco, se está engañando a sí mismo.
Si usted es fumador y cree imposible pasar sin el cigarrillo, busque ayuda profesional. Se sorprenderá de su eficacia. Muchos, antes que usted, se han sentido incapaces y acabaron consiguiéndolo con mucho menos esfuerzo del que imagina.
Si alguien de su entorno fuma aconséjele que busque ayuda, una ayuda avalada científicamente, nada de cantos de sirena, homeopatía o imposición de manos, eso es tirar el dinero y, lo que es peor, la forma más segura de hacer que el fumador retroceda en sus buenos propósito.

viernes, 9 de marzo de 2018

Cómo dejé el tabaco

Llevaba veinte días sin trabajar por culpa de una bronquitis y la casa se me caía encima. El día había sido gris y tristón, con nubes bajas y amenaza de lluvia, se intuía el invierno en las rachas de aire frío que me abofetearon cuando abrí la ventana, en el color de la tarde y en las ramas peladas. Si tenía motivos para estar decaído, el tiempo tampoco animaba. Empezaba a anochecer. Me había acercado unas cincuenta veces al teléfono, luego cogía un libro para ahuyentar tentaciones, pero la trama no lograba atraparme. Cristina había agarrado la bolsa de viaje nada más comer y se había marchado a casa de su madre con los niños. Todavía eran bebés, no hacía ni cuatro años que vivíamos juntos. Dijo que se largaba para siempre porque no podía soportar mi mal humor. No quería llamarla por orgullo. O porque me parecía demasiado pronto para ablandarla y prefería esperar al día siguiente, ya no recuerdo bien.
Fui a buscar un refresco porque estaba harto de fingir que leía y porque la cocina estaba en dirección contraria al teléfono. Me dolía la cabeza y el pecho, tenía algo de fiebre y la vida me parecía una broma de mal gusto. Volví a echarme la manta por encima y abrí la segunda cajetilla de esa tarde. Pensé que el salón debía oler a rayos, aunque yo no lo notase, porque llevaba horas cociéndome en mi propio jugo; pero si lo ventilaba a esa hora corría el riesgo de coger un pasmo aún mayor del que tenía encima. Así que encendí un cigarro y di un par de caladas nerviosas. Entonces me quedé tieso. Tal cual.
Me dediqué a dar bocados al aire pero no entraba ni gota, como si me hubieran puesto un tapón en la garganta. La colilla se consumió sola en el cenicero mientras yo bregaba con mis sudores fríos y luchaba por respirar. Tenía una nube delante de los ojos, noté cómo perdía fuerza en los brazos y los dejé caer, eché la cabeza hacia atrás, apreté los párpados e intenté respirar hondo con toda mi furia. Cuando lo conseguí y empecé a ver colores de nuevo, me juré a mí mismo que no volvería a coger un cigarro.
El fumador de pipa - Cezanne (1895)
Ya no sé cómo hicimos las paces. Debimos darnos prisa porque no creo haber pasado solo ni una noche más. Me había mareado y me asusté, eso es lo que le conté a Cris, luego supe que había sufrido una crisis de asma.
Tardé en volver al trabajo. No engordé. Alrededor del teclado se acumulaban los envoltorios vacíos de mis caramelos de menta. Algún compañero ponía cara de guasa al verlos, pero eran el equivalente del cenicero lleno que se veía en todas las mesas y que la fuerza de la costumbre había convertido en normal.
Lo había intentando tantas veces que nadie pensó que fuese a conseguirlo. Mi mujer escondió los cartones detrás de una pila de libros y aseguró que habían ido a la basura. Lo que no quería era tirar el dinero porque estaba convencida de que en un par de días iba a salir a comprar otros.
No fue así. Se me había metido en la cabeza que si era capaz de aguantar veinte horas sin el vicio, podría continuar toda la vida. Y así fue. Atrás quedaron los mil intentos anteriores, mis llantos a escondidas cada vez que echaba de menos la dosis, las restricciones: quince al día, luego diez, ocho, hasta seis, nunca menos. El hormigueo en las venas cuando, por fin, claudicaba, un gran bienestar que me recorría de arriba a abajo el cuerpo. Decían que un cura de la Rioja expulsaba las ganas de fumar solo con tocar la cabeza del visitante. Me apunté en una lista de seis meses pero Cris se negó a acompañarme, dijo que no quería brujerías en su casa y volví a llamar para anularlo.
Yo no lo había dejado, era él quien me había dejado a mí. Me había dado cuenta de que, por mucho que me gustara el tabaco, la vida era preferible.

RECUPERACIÓN DE LA SERIE DE RELATOS INDEPENDIENTES TITULADA CHARLAS CON PACO TELLA, PUBLICADA INICIALMENTE EN LA PRIMERA ETAPA DE ESTE BLOG

miércoles, 7 de marzo de 2018

Los fallecimientos por EPOC alcanzan cifras insólitas

Insólitas y escandalosas, las cifras de muertos digo. Hasta hace unos días seguía abrumada por los 18.000, que se producían solo en un año y solo en España. Pero noticias recientes la han elevado a 29.000 de un golpe. Sí, han oído bien, casi treinta mil un año tras otro. El estudio no cuenta los fallecimientos por asma, ni por cánceres producidos por el tabaco, ni las enfermedades cardiovasculares por la misma causa etc. etc. Eso significa que, si hasta ahora las muertes por tabaquismo ascendían a más de 60.000 anuales, sumando estos once mil, nos ponemos en cerca de setenta y cinco mil. Y la gente pensando que no ocurre nada, Que el tabaco es malo pero no tanto. ¡Cielo santo! Estamos locos de verdad.
Y hablo de setenta y cinco mil siendo muy benevolente, porque si el recuento anterior estaba tan por debajo de los números reales habrá que pensar que quizá el resto de cifras tampoco se acercan ni remotamente a la verdad. Esto nos daría una mortalidad anual de.... Miren, prefiero no pensarlo. Mejor hagan ustedes las cuentas.
Enemigo público nª 1: el tabacoDan ganas de entrar a saco en un plató justo cuando se están emitiendo las noticias y obligar los locutores a confesar los verdaderos peligros del tabaco so pena de ponerles en la boca un puro de la mejor calidad y encenderlo. Dinamita pura, verdadero veneno, aunque algunos en ese momento pensarán que se trata de un regalo. 
Dan ganas de subirse a todas las estatuas de todas las plazas mayores de cada localidad del país, o de meterse en el reloj que da las doce campanadas en Noche Vieja y cantar esos números con música de Miserere.
Dan ganas de ponerse un cártel a la espalda y caminar delante de cada transeúnte que camine con un cigarro encendido.
Dan ganas de entrar en las clases de primaria y escribir en la pizarra con letras bien grandes que el tabaco es el mayor enemigo de los adultos y que no lo prueben jamás. O mejor, entrar en el Ministerio de Educación y tratar de convencer a su titular que los peligros del tabaquismo debería ser una lección imprescindible en la asignatura de Ciencias Naturales.
Si les parece que estoy exagerando pregúntense lo siguiente ¿cuántos factores producen más de setenta mil fallecimientos anuales en nuestro país? ¿La carretera, el terrorismo, los accidentes laborales, la delincuencia? Ni hablar. Estaríamos preocupadísimos corrigiendo esa conducta o elemento tan nocivo que mata anualmente a decenas de miles de personas. Entonces, ¿porqué estamos tan tranquilos ante este panorama terrible? Yo se lo diré, por pura desinformación. Estas cifras aparecen muy en segundo plano, no hay grandes titulares, nadie abre una sección de noticias proclamando lo que significa en realidad la manida frase "El tabaco mata" que, por desgracia, casi nadie se cree. Pero, repito, SOLO una de las patologías producidas por el tabaco mata a 29.000 españoles anualmente. En total las muertes a causa de esa sustancia se elevan a más de setenta mil y, obviamente, los fumadores pasivos no entran en la estadística.
El día que, como colectivo, caigamos en la cuenta nos va a entrar un mareo que nos va a dejar tambaleando. Pero eso tardará mucho, pero mucho en ocurrir, porque hay gente ganando milesde millones de dólares, y esos mandan en los canales, las emisoras y las redacciones aún más que sus propios dueños. Hasta en las calles y los coles mandan, porque han distorsionado tanto la información que llega hasta el gran público que ni el anuncio en los paquetes de tabaco consigue que lleguen a creérselo.

viernes, 2 de marzo de 2018

El cuerpo también tiene memoria

Vamos todos en tropel a celebrar el aniversario de Paco y Cristina. La casa parece estallar por sus costuras. Nos arremolinamos en el salón con vistas al parque dónde él ha paseado a sus hijos cuando eran pequeños, el que yo cruzaba todos los días hasta que me vine a vivir a las rocas. Hasta hace poco, al caer la tarde, era fácil adivinar su silueta en el bar que hay junto al mercado, apurando la copa de antes de la cena, discutiendo con su hablar recio, salpicando con puñetazos al tablero su discurso.

Escuchando sus risotadas de ahora, nadie diría –y menos que nadie sus viejos conocidos– que a veces no puede dar ni dos pasos. Todo ese músculo, la estatura, su pasión por la vida, el vigor aparente, se disuelven como aire, como ese mismo aire que no entra en sus pulmones porque se lo impide una obstrucción crónica. Paco, como sabemos de sobra los que estamos allí, respira mal, muy mal. A veces, le facilitan una bombona de oxígeno, otras sufre un ahogo súbito a causa de algún producto inhalado al albur. Su vida cotidiana, amenazada por esas eventualidades, necesariamente ha de parecerse a un infierno. Quizá ese es el mayor motivo para que su familia le mime tanto.

Los hijos abrazan mucho a Paco, a Cris un poco menos. Piensan que ella todavía les va a durar bastante, que ya habrá tiempo para carantoñas. Después. ¿Después de qué?

Paco ha competido como corredor, levantador de pesas, nadador, incluso ha boxeado un poco.

-Yo soy un "duro" bueno. – Suele decir.

Pero eso ya no es cierto. Ahora se ha convertido en un “blando” cascarrabias. Solo compite consigo mismo y es fácil que le venza la pereza. Como ha de pasar largas temporadas en reposo, luego le cuesta volver a la rutina del deporte. Pero los médicos son insobornables, quiera o no quiera ha de esforzarse todo lo posible. A alguien tan entrenado como él se le puede exigir más que al resto. Y, por encima de los médicos, está Cris. Ella es su enfermera y su sargento mayor. No le pasa ni una. ¡Qué te muevas, recórcholis! ¿Quieres hacer el favor de moverte?

Cris es algo injusta, porque Paco, con su exigua capacidad respiratoria, luchando contra ella, esforzándose por ampliarla todo lo que es capaz, monta en bici, va a nadar a una cala apartada cuando hace buen tiempo, acude diariamente al gimnasio. Salvo, claro está, en sus etapas difíciles, que, por desgracia, son bastante frecuentes.

También reconoce  las ventajas.

- El ejercicio de tantos años le ha salvado la vida, - asegura - sin él no sé dónde estaría ya, probablemente se hubiese ido al otro barrio.

En casos como este, es magnífico que el cuerpo tenga memoria, que registre lo que hicimos antes para poder beneficiarnos de ello. Pero también pasa factura de los errores que hemos cometido. Esa memoria del cuerpo ha tomado como rehén a Paco, a pesar de la rebeldía que brota de él y de que hace más de tres lustros que dejó de fumar.

Pero todo lo arropado que este hombretón se siente cuando se encuentra en familia, le llega en forma de burla y desprecio en cuanto abandona el cálido nido y sale al despiadado, inmisericorde, mundo exterior.

-¿Y a ti qué más te da? –tercia Cris, que nunca ha entendido esa susceptibilidad, insólita en su marido hasta hace poco.

Pasan de mano en mano los trozos de tarta. Veo miradas como rayos mortíferos en los ojos de ambos cónyuges. Puede que a Cris no le molesten las pullas porque no van dirigidas a ella, porque jamás se ha quedado sin aliento cuando más necesitaba defenderse.

-Me desquicia que sean insensibles nada más que por pura y simple estupidez. ¿Nadie se para a pensar un momento? Si no se extrañan porque la sangre pueda contener azúcar, porque el corazón se pare de pronto, porque unas cuantas células se vuelvan malignas y se pongan a proliferar ellas solas a sus anchas en cualquier lugar del cuerpo, porque unos bichos invisibles apodados bacterias ataquen a alguien infinitamente más grande que ellos y lo enfermen, porque algo tan aparentemente inofensivo como el polen pueda producir serios trastornos, ¿porqué les asombra tanto lo que me pasa a mí? ¿Qué importa que lo otro lo hayan escuchado antes y esto no? ¿Cada vez que oyen algo nuevo piensan que es falso? ¿Es que se creen que lo saben todo? ¡Ignorantes!

Amen, Paco Tella, amén.

RECUPERACIÓN DE LA SERIE DE RELATOS INDEPENDIENTES TITULADA CHARLAS CON PACO TELLA, PUBLICADA INICIALMENTE EN LA PRIMERA ETAPA DE ESTE BLOG

miércoles, 28 de febrero de 2018

EPOC y vida social

Los profesionales recomiendan encarecidamente el ejercicio físico a los pacientes de EPOC. De acuerdo, la actividad física (y la mental, no lo olvidemos) es recomendable en todas las circunstancias. Pero este consejo debe ir acompañado de una serie de explicaciones, ya que las patologías respiratorias se conocen poco -a pesar de su altísima prevalencia- y existe mucha confusión al respecto.

  • En primer lugar, una persona con un alto grado de disnea (dificultad para respirar), que quizá precise oxígeno domiciliario entre 16 y 24 horas diarias tiene muy limitada su capacidad de movimiento. No estamos hablando de esos comodones que se tumban a la bartola, a quienes los médicos tienen que regañar para que espabilen y no queden agarrotados de pura vagancia. No señor. Son personas que han de limitar sus movimientos porque, sencillamente, se ahogan, que no pueden mantener una actividad normal, que en los caso más graves han de permanecer en reposo la mayor parte del tiempo y en los más leves han de tener cierto cuidado para no excederse. Es decir, cuando se recomienda movimiento hablamos de algo muy controlado, que ha de realizarse bajo supervisión médica y con controles periódicos in situ realizados por el propio enfermo mediante observación directa o con aparatos: peak-flow, pulsioxímetro y tensiómetro.
  • Resultado de imagen de mortadelo y filemon con baston
    Viñeta de Francisco Ibáñez

  • Pero además hay que tener en cuenta que, hasta en las peores condiciones de salud, existen ciertas necesidades básicas, a saber, comer, mantener unos cuidados higénicos y relacionarse con otras personas. Para esto hace falta moverse: cocinar, barrer y fregar, ir a la compra, encontrarse con amigos o recibirlos en casa. ¿Qué hace una persona con problemas graves de salud si no tiene la quien resuelva esas cuestiones? Puede que lo que suceda sea lo contrario, que tenga que moverse por obligación más de lo conveniente con grave peligro de empeorar o, en casos extremos, de quedarse en el sitio. ¿Tienen esto en cuenta quienes recomiendan actividad física? ¿Por qué no se ponen en la situación de estos enfermos y les sugieren qué hacer en estos casos? ¿O es que no se han molestado en preguntarles qué problemas aparecen en su vida diaria?
  • ¿Y los que están rodeados de familia? ¿No llevan una vida excesivamente controlada? ¿No corren el peligro de que se les trate como a niños, como si en lugar de los pulmones tuviesen afectada la capacidad de pensar y decidir?
Conviene plantearse todo esto, porque a veces hablamos, hablamos y se nos olvida contemplar el conjunto de factores que pueden entrar en juego en una patología como la EPOC.

viernes, 23 de febrero de 2018

¡Ponga un inhalador en su lecho de amor!

Cristina y yo comíamos pipas ayer tarde, de espaldas al mar sentadas en la empalizada de piedra. Me explicaba que no es fácil mantener una relación sin altibajos cuando tu pareja está mal de los bronquios.

- Molina, estoy desesperada. Hace siglos que no me acuesto con Paco. Un día de estos se va con otra y me deja con tres palmos de narices.


Conozco a Cris desde que éramos pequeñas, pero estas conversaciones siempre resultan algo incómodas.

- Yo creo que no deberías preocuparte, todos las parejas pasan por algún bache Después de tantos años de estar juntos la pasión va disminuyendo, es lo normal.

- No es eso. Aunque haga 18 años que le conozco, a mí Paco me encanta. Pienso que se ha conservado muy bien a pesar de todos sus rollos de salud. O que es él y me gusta así por eso. El caso es que le deseo de verdad.

- ¿Le deseas pero te niegas? Pues tenéis un problema, Cris.
- Es por los ahogos. Antes que disfrutar de él, prefiero no perderlo. Cada vez que lo pienso, me quedo sin líbido.
- ¿Le has dicho que es por eso?
- ¿Qué dices? No me perdona ni que lo piense. Si llegara a enterarse...
- ¿De verdad crees que es peligroso ?
- Si, aunque tiene fácil arreglo, dos inhalaciones antes y listo, pero no se puede hablar con él.
- No me lo creo.
- Pues no exagero nada. Ni te imaginas lo susceptible que está con eso. Prefiero decirle que estoy agotada o que me ha sentado algo mal.
- O el tópico de la cabeza. Jajajaja.
- No, porque me obligaría a tragar una aspirina y se pasaría la mitad de la noche dándome la murga. ¿Qué me aconsejas, Molina? No se lo puedo contar a nadie.
- Pues… mira, ahora que lo dices… yo creo que deberías comentárselo al neumólogo.
- ¡Qué horror! ¿Como voy a hablarle de mis intimidades a ese hombre?
- Tampoco hace falta que le des detalles. Le puedes llamar por teléfono ¿no? Pues, yo que tú, le diría que tienes miedo de intimar con tu marido, que necesitáis un consejo, y que prefieres que él no sepa que se lo has dicho. La próxima vez que vayáis a verle él sacará el tema y le dirá lo que tenga que decirle.
- Lo pensaré. De todas formas, menudo plan. Está histérico, la semana pasada me regaló un camisón nuevo. Si no lo miras con lupa no lo ves.
- ¡No te quejarás! Eso es amor.
- Ya, ya. Yo acojonada y él subiéndose por las paredes. Como para no quejarme.

Emil Nolde - Couple on the beach (1903)
- También podríais ir a un psicólogo.
- ¿Con qué excusa?
- ¿Problemas de pareja?
- Eso es lo bueno. Y lo malo, claro. Que no tenemos ningún problema.
- Pero él cree que sí, él cree que ya no te gusta.
- No sabe qué pensar. Y yo siempre le digo que me encanta, que le quiero, que sigue siendo mi chico…
- ¡Qué bonito!
Miguel Prieto - La siesta
- Precioso. Pero se lo digo cuando vamos por la calle o tengo la sartén en el gas. En la cama me convierto en una seta.

- Lo dicho. Habla con su especialista. Total… ¿qué pierdes?
- Ya. Puede que te haga caso. Es que no te imaginas lo que es verle con la lengua fuera cuando ni siquiera me ha dado un beso. Se puede ahogar subiendo una cuesta, así que en la cama…
- Si tú lo dices... Pero el médico habrá visto miles de casos, él sabrá lo que tenéis que hacer.
- Me conformo con que le convenza de que use el broncodilatador. Y de que se esté quieto y me deje hacer a mí. Si hubiera un manual de posturas para enfermos de EPOC...

- Seguro que sí, mujer.



RECUPERACIÓN DE LA SERIE DE RELATOS INDEPENDIENTES TITULADA CHARLAS CON PACO TELLA, PUBLICADA INICIALMENTE EN LA PRIMERA ETAPA DE ESTE BLOG

viernes, 16 de febrero de 2018

Tu Club de mi Comedia

(O de como el mundo entero sabe lo que me pasa mucho mejor que yo mismo)

El sábado pasado Paco fue el artista invitado en el centro cultural del barrio y el domingo repitió su actuación en el Pachuli, un club que abrieron tres franceses en los bajos de un edificio en rehabilitación y que ha estado de moda hasta hace poco. Ahora está de capa caída y todo el mundo sabe de quién es la culpa. De la crisis, sí. Desde hace ya muchos meses, los clientes de siempre entran sin pagar, los artistas trabajan gratis y el mantenimiento se ha puesto en manos de la divina providencia.

Cris me manda el vídeo por vía electrónica. Pongo en una bandeja todos los dulces que encuentro por casa y una gran jarra llena de café, coloco todo en la mesa baja y, mientras pasan trozos de la actuación de un grupo local que estuvo por la zona el verano pasado, me entretengo en mullir los cojines. La grabación es un desastre. Primero se ve un escenario borroso. Según se va acercando, la imagen se vuelve algo más nítida. Aparece Paco en primer plano inflando los carrillos y poniendo los ojos en blanco.

- Bon soir. ¿Soir? ¿Suar?

Risas contenidas.

La cámara se aleja, Paco se encoje de hombros y empieza a pasear de un extremo a otro. Ignora a los espectadores, parece estar concentrado en sí mismo. No se oye un suspiro. Cuando llega al punto de partida, se para de repente, da un cuarto de vuelta y se queda mirando al público.

- Soy un tipo incomprendido – exclama. – ¿Saben por qué? Todos se creen que tienen que darme lecciones. Cuando iba al cole había un profesor... - se pone bizco - No, no me voy a ir tan lejos, a ver si los voy a perder a la vuelta de algún lustro.

Silencio. Alguna risa nerviosa al fondo.

- Cuando mi hijo Raúl tenía tres años, lo llevamos a que viese los Reyes Magos y el coche se paró de repente. Mientras llamábamos a la grúa, al chaval se le ocurrió mearse encima, probablemente del susto. Así que, una vez acabé los trámites, me encontré cogiendo el autobús, en pleno mes de enero, con un niño empapado al que tuve que quitar los calcetines para que no se le congelasen en las piernas. Ustedes sabrán por experiencia que si te da un vahído, aunque tengas diez personas dándote codazos, no te mira ni dios. Pero ¿han probado a subirse con un niño sin calcetines, en pleno invierno, a un autobús lleno de gente? Háganlo. Todos se sentirán obligados a informarte de que el niño que arropas bajo tu abrigo va prácticamente desnudo. Me gustaría saber que les pasa por su mente retorcida: si piensan que estás ciego, que eres tonto, que te has caído de un guindo...

Había que ver a Paco dar vueltas a los ojos mientras agitaba rápidamente la punta de la lengua. El público se retorcía de risa

- Disculpe, señora, no me había dado cuenta, menos mal que usted se ha fijado.

Paco toma aire, sube los hombros y baja la cabeza esperando a que cesen las risas. Me sirvo más café.

- ¿Saben? A mí... a primera vista no se me nota, pero no respiro bien. Hablo completamente en serio. Esto me pasa porque he sido un gran fumador. A veces me dan ataques de tos en público. – Pausa – No teman, hoy ya he chupado el caramelo de menta.

Murmullos.

- Es broma. Por lo general, necesito algo más fuerte pero si salgo de casa es que el asunto está controlado. Siempre que el ambiente no sea agresivo, como aquella vez en el metro. Alguien se había puesto un perfume carísimo, debía oler como los ángeles pero yo no podía resistirlo. Empecé a toser. Un minuto, dos, diez. No se me pasaba. Al principio intentaba aguantarme pero estaba a punto de reventar. Había una mujer a mi lado y se creyó en el deber de darme un consejo. Es mi destino. Sí.

Pausa.

- Me dio un susto de muerte. Estaba yo tosiendo tan tranquilo y de repente empezó a chillar como si hubiera visto una rata. "Suba el brazo, suba el brazo".

Ahora, incluso yo empiezo a reírme al mismo tiempo que el público. La voz de pito de Paco es irresistible.

- "Suba el brazo, que suba el brazo le digo. Soy enfermera y sé perfectamente lo que tiene que hacer". Debía querer que me disculpara, o algo así, por no seguir sus instrucciones. Se-e-e-ñora que me estoy muriendo. ¿Quiere que se lo diga? Pues no puedo, cojones, tendrá que adivinarlo usted solita.

Primer plano de nuevo. Sonrisa alelada de oreja a oreja, la punta de la lengua asomando por una de las comisuras. Bizquea, no bizquea, bizquea...

- Pongo esta cara a ver si la asusto pero cada vez la veo más enfadada. Creo que estuvo a punto de pegarme porque me ahogaba sin pedirle permiso. A ella que era enfermera. ¡A quién se le ocurre!

Deja caer los brazos y pone cara de resignación.

- Lo que uno tiene que hacer mientras se ahoga. Ya digo, tengo muy mala suerte. Siempre encuentro alguien que sabe lo que me pasa mucho mejor que yo.

La cámara enfoca caras sonrientes. Luego a Paco mirando con atención.

- Por fin se calló la buena mujer.

Más risas.

- Si llego a morirme, creo que hubiera tenido que pagarle una multa.

Aplausos.

- Y si hubiese tenido solo un poco más de aire, me hubiera gustado... tirarle de las orejas. Las tenía muy coloradas.

No han dejado de reír. Paco añade.

- La pobre...

Este hombre es un humorista nato. ¡Quién lo hubiera dicho! Me sirvo un poco de leche, saco del bolsillo un caramelo de anís.



-
- Entro en un bar. Venimos de compras, me acerco a la barra mientras mi mujer se encarga de los paquetes. Doy un paso atrás en cuanto veo a la camarera con el frasco de detergente en una mano y el trapo en la otra, dispuesta a limpiar la vitrina. Me mira con cara de susto. Pero no un susto corriente, me mira como si estuviese a punto de atracarla. “Perdón señorita, – le explico – es que no puedo acercarme ahora porque tengo alergia a los químicos. En cuanto se seque…” “¡Ahhh! – hace un gesto de pánico, vierte medio litro de líquido en la bayeta y se pone a fregar frenéticamente. “Perdón, no lo sabía, ¿eh? Lo siento de verdad”.

Los espectadores escuchan con una sonrisa.

- A esas alturas, – sigue diciendo Paco – yo he retrocedido hasta la mesa, bien alejado del chorro asesino, y mi mujer ha tomado el relevo. En cuanto se sienta en el taburete, la chica vuelve a disculparse. "En serio, no tenía ni idea ¿eh?"

Parece que lo estamos viendo. Paco, convertido en camarera, sostiene con una mano un recipiente imaginario mientras con la otra frota concienzudamente el aire.

- La muy mema sacude el bote sobre la repisa extendiendo otro chorro generoso. Si no me retiro a tiempo, estaría ya en el otro barrio. “Tranquila, usted no se preocupe”, replica mi mujer, pero no puede evitar mirarla con lástima infinita, mientras la otra sigue arrojando líquido por todas las esquinas que tiene a su alcance. Si continúa con su furia higiénica, vamos a tener que huir de allí.

¿Que no lo sabías? Naturalmente, – pienso, pero me callo porque si no voy a acabar asesinándola  si tuvieras poderes paranormales no estarías vendiendo bocadillos. Y ahora que lo sabes ¿qué pretendes? ¿Acabar conmigo? Sé que es mucho pedir, pero la vida sería mucho más fácil si escuchásemos lo que nos dice el que tenemos enfrente.

Vuelven a aplaudir El público está entregado, con ganas de que vuelva a hacer el payaso pero atento a la historia. Veo caras serias, llenas de simpatía cuando la cámara hace otro barrido general.

- Y entonces, a pesar de mi mala suerte, un día se me ocurre coger un taxi. Los taxis son veneno para mí, tienen una atmósfera de por sí cargadita, con restos de tabaco sí o sí, de eso no se libra ninguno. Para acabar de liar la cosa, le añaden ambientador creyendo que así se nota menos y terminan de rematar la faena. Lo peor de todo es que nos dirigíamos a un pueblo al que solo se puede acceder por autopista. Ese día iba solo. "Haga el favor de dar un rodeo – le pido al hombre – para que no tengamos que atravesar el túnel. Es que tengo un problema de bronquios y me ahogo, ¿sabe?". El otro, sin inmutarse, suelta lo siguiente: "A usted no le pasa nada en los bronquios, lo que tiene es claustrofobia" Y se queda tan pancho.

He comprendido hace rato que se está escenificando un mitin. Paco no interpreta: lo vive. Pone una expresión tan cómica, de desesperación infinita… Se escuchan risotadas inquietas.

- Ya que se mete en camisa de once varas, le hago un resumen de la situación. "Señor, a mí quien me trata es el neumólogo porque lo que tengo está en los pulmones, si fuera claustrofóbico tendría que visitar al psiquiatra."

Ya se me han olvidado los pasteles, el café, que se ha quedado frío, y casi no sé ni dónde estoy. Veo en primera fila varias bocas abiertas, como si temiesen perder el hilo al cerrarlas.

- Y entonces – continúa Paco – el fulano se pone chulo y me larga: "Y a mí qué me cuenta. Yo no soy médico". "Acabáramos, le digo, creí que se había doctorado en todas las especialidades y que además era una eminencia. Como ha diagnosticado sin mirarme...”

Aplausos solidarios. Lo que cuenta Paco es cada vez más grave, la gente lo nota y le apoya sin reservas. Eso se ve.

- Pero escuchen, ahora viene lo mejor. Resulta que el tipo tenía salida para todo. "Es que mi mujer la tiene. La claustrofobia, digo. Y no pasa nada por eso".

Paco sacude los brazos por encima de su hombro derecho como si estuviera lanzando al taxi por los aires, taxista incluido.

- Ahora sí que lo entiendo todo. – arruga la nariz – ¿Porque tenga claustrofobia tu mujer la tenemos que tener los demás?

Risas suaves, de alivio.

Da unos pasos hacia atrás y vuelve a su sitio, como si estuviese recordando algo que le hace mucha gracia. Al reírse, sacude los hombros. La gente espera atenta, preguntándose por dónde irá a salir.

- Pero lo mejor con diferencia, lo descacharrante de verdad, la rehostia, lo que se lleva el óscar al mejor guión de todos los tiempos, es lo que me pasó con la asistenta.

Escucho enormes carcajadas mezcladas con aplausos. Creo que todavía no ha dicho nada gracioso, será para liberar la tensión.

- Llevaba días notando que cada vez que ella pasaba por allí yo me encontraba fatal. Y, como no creo en males de ojo ni mandangas, supuse que estaba actuando por libre. "Ana Mari, le pregunto como quien no quiere la cosa, ¿ha fumado usted?” Pero la cosa tenía su miga porque el último día que vino llamamos a un médico del SAMUR y trajo una bombona de aerosoles que tuve que aguantar en la boca más de veinte minutos. Claro que lo que ella tardó en confesar fue más del doble de ese tiempo. No le pusimos el foco encima de los ojos porque en casa no tenemos, pero había un poli malo (yo, naturalmente) y un poli bueno (Cristina, mi mujer, que se va a ganar el cielo de la paciencia que tiene). Después de hostigarla sin piedad entre los dos – aunque le hemos explicado por activa y por pasiva que en casa no puede entrar ningún producto que no hayamos supervisado nosotros – confiesa que todas las semanas trae un espray de amoniaco escondido en el bolso. "Lo reconozco. He sido yo.”

Nos da la espalda a todos y sube los hombros lentamente. Cuando se vuelve, adelanta la cabeza y extiende la mano derecha con gesto cómplice.

- Les juro que no podíamos creerlo, era imposible que aquello estuviera pasando de verdad. Ni en mis peores pesadillas he vivido nada tan absurdo.

Caras preocupadas. Entonces Paco parece cargarse de furia e increpa a una asistenta invisible.

- Pero, tonta de mierda. ¿Qué pretendías? ¿Matarme?

Aplausos comprensivos. Él hace una reverencia y se queda mirando con gesto grave.

- Muchas gracias.

Las paredes retumban de aplausos. Nadie esperaba esto pero han entendido y lo demuestran.

- Señores, yo vivo la vida a tope. Lo malo es que mi tope está demasiado cerca, justo aquí.

Alarga la mano y los aplausos se incrementan. Algunos se ponen de pie para aplaudir con más entusiasmo. Paco se inclina de nuevo y se cierra el telón.

La pantalla queda a oscuras. Recojo la mesa moviéndome como una sonámbula. Siento que floto, como si acabase de salir de un sueño muy largo.


RECUPERACIÓN DE LA SERIE DE RELATOS INDEPENDIENTES TITULADA CHARLAS CON PACO TELLA, PUBLICADA INICIALMENTE EN LA PRIMERA ETAPA DE ESTE BLOG