miércoles, 31 de enero de 2018

El tabaco en Extremadura: vergonzoso sepulcro blanqueado

Observo que el gran público no suele percibirlo, pero quien se moleste, como yo, en rastrear las noticias sobre tabaco encontrará dos discursos paralelos, contradictorios y, sin embargo, complementarios para quienes desean mantener la doble moral, la gran hipocresía o gran timo, ese "tiro la piedra y escondo la mano", que se viene perpetuando desde la década de los 80, época en que llevaron a cabo los primeros intentos de legislación para -teóricamente- alertar a la población, reducir el consumo, prevenir enfermedades etc. etc. Y, sin embargo, la prensa dice otra cosa. No explícitamente, pero si, como decía antes, rastreamos pacientemente las noticias acerca de este nefasto producto nos daremos cuenta de que nos encontramos ante un gran fraude comunicador, ante algo que yo llamaría el fraude del siglo.
Por un lado, no ocultan las consecuencias del consumo del tabaco, pero:

  • solo lo hacen con toda claridad en medios especializados, como revistas médicas o similares, de forma que prácticamente nada de eso llega realmente a los profanos, 
  • no existen alertas claras dirigidas a los consumidores actuales y potenciales. El Ministerio de Sanidad no se gasta un céntimo en spots publicitarios advirtiendo del peligro, como sí hace el de Tráfico. No se ve a neumólogos, al ministro del ramo ni a funcionarios del ministerio etc. concediendo entrevistas para aclarar conceptos y que cada uno sepa exactamente a qué atenerse.
  • no se divulgan las escalofriantes cifras de lo que cuestan al estado las enfermedades derivadas del tabaco (respiratorias, cardiovasculares y cancerígenas fundamentalmente). Datos cuya verdadera importancia no reside en el gasto que reflejan sino en la cantidad de dramas humanos que se esconden tras ellos.
  • avisan casi como de broma, como si sintieran un escrúpulo excesivo que no hay que tomar demasiado en cuenta. Por ejemplo, etiquetando unas cajetillas (que han superado todos los controles legales y se venden en establecimientos homologados) como culpables de la futura muerte de su desprevenido consumidor.
  • teniendo en cuenta, como decía antes, que se trata de un producto aprobado por el estado cuya producción, venta y consumo es -tácita o explícitamente- aprobado por las autoridades competentes, toda recomendación, advertencia o impacto divulgativo es poco. en esas circunstancias.
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David Teniers - The Younger
La otra cara de la moneda es el triunfalismo con que se abordan los progresos económicos de las explotaciones agrícolas, el cinismo con que nos venden las subvenciones a los cultivos de tabaco  (o su descenso) como si se tratase de una ayuda social, el catastrofismo con que se anuncia un eventual descenso de consumidores con la consiguiente repercusión en las millonarias ganancias de esas siniestras empresas conocidas como tabacaleras, en lugar de explicar que el descenso del consumo es una magnífica noticia porque augura un futuro de pérdidas que provocaría el cierre total y definitivo del negocio. Lo dramático es que, en lugar de eso, se permite que científicos al servicio de la muerte ideen nuevos productos que tienten al consumidor con su modernidad y le engañen con su pretendida inocuidad, Productos tan peligrosos y perversos como el cigarro electrónico o el Iqos o tabaco sin combustión, que no arde pero, por supuesto, contiene nicotina y los productos resultantes de su calentamiento también se expulsan a la atmósfera.

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