miércoles, 17 de enero de 2018

El tabaco, mejor ni probarlo



¿Hasta dónde vamos a llegar?

¿Qué es lo que estamos haciendo con los jóvenes? ¿Cómo pretendemos que no se inicien tempranamente en una costumbre tan legal como la inhalación de una sustancia que se dispensa en establecimientos patrocinados por el estado, avalada por marcas comerciales reconocidas y que, pretendidamente, recibe inspecciones sanitarias (¿sanitarias?) periódicas? ¿Quién puede resistirse a un hábito que están viendo en cine y televisión desde el día que nacieron? ¿Cómo van a pensar que en cuanto se inicien empezarán a matarse lentamente? ¿Cómo no van a rechazar desdeñosamente las advertencias sanitarias creyendo de buena fe que no son más que bulos?

La adición comienza a ser un hecho desde la primera calada, no importa mucho que el sabor desagrade a quien lo prueba, tal como demuestran numerosos estudios. La mayor parte de los que fuman su primer cigarro acaban convirtiéndose en adictos.

Eso de fumar es muy antiguo, ¡hombre!
José Gutierrez Solana - La tertulia del café Pombo

¿Conseguiremos una legislación antitabaco valiente en este 2018?

Empecemos ya a prohibir el tabaco a los nacidos a partir de determinada fecha, a imponer el etiquetado genérico, a restringir mucho más su consumo en público, a aumentar todavía más los impuestos al consumo, a advertir de sus peligros para el consumidor y quienes lo acompañan, a prohibir su presencia en cualquier elemento gráfico o filmado y a tildarlo de una desventurada lacra del pasado que debe extinguirse cuanto antes.

Eso de fumar es muy antiguo, ¡hombre!

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