miércoles, 3 de enero de 2018

Fuman en el coche porque se han creído el cuento

La prueba de que los fumadores viven engañados es que siguen fumando en el coche ¡CON SUS HIJOS DENTRO!
Esos padres responsables, que supervisan los menús del colegio para completar y no redundar en las cenas, que analizan las etiquetas en el súper, que se han estudiado la tabla alimentaria, cuidan de que el niño haga ejercicio en lugar de pasar horas entre pantallas diversas, de que mantenga hábitos higiénicos, de que visite regularmente al dentista, de revisar su vista, su peso, su audición, de que se someta a analíticas periódicas; que se pasan día y noche a su vera cuando está enfermo y se alteran cada vez que la temperatura sube una décima, que están pendientes de sus horarios de sueño, de que cruce la calle por los lugares habilitados para ello, de que nadie dañe su integridad física, de que no utilice instrumentos cortantes o peligrosos hasta que no esté preparado para ello y esconder medicamentos, así como productos de limpieza hasta que tengan edad de distinguir lo nocivo, de hacer lo propio con esos pequeños objetos que los bebés se llevan a la boca...
¿Ustedes creen que esos progenitores fumarían delante de sus hijos en sitios cerrados -e incluso abiertos- si sospechasen mínimamente que las advertencias de los médicos son verídicas y absolutamente demostrables?
Por supuesto que no. Se han tragado el anzuelo elaborado por la industria del tabaco y están convencidos de que ese producto que tanto les gusta no puede ser tan nocivo. Menos aún si ni siquiera se inhala. Porque -argumentan- si fuera así, estaría prohibido en lugar de venderse en los estancos.
Joaquín Sorolla - Young Girl in a Silvery Sea (1909)

Pues no, señores padres. El hecho de que el tabaco sea un producto legal es un error de la historia que nuestros descendientes criticarán como la gran aberración de estos siglos, igual que nosotros censuramos otras aberrantes costumbres del pasado. El tabaco se coló por un brecha de inadvertencia e intereses económicos hace ya demasiados años y ha llegado a tener tanto éxito que se ha convertido en un problema mundial. Acabar con él supondría, por una parte, aceptar un hecho tan imprevisible como sería que casi un tercio de la población viviese sine die con síndrome de abstinencia, por otra, renunciar a una más que sustanciosa fuente de ingresos con las consecuencias económicas subsiguientes.
Todo ello, unido a la distorsión de la realidad producida por su propia adicción -que todo hay que decirlo- les convierte en unos padres irresponsables que ni siquiera sospechan que lo son. Pero si no hay nadie que les adiverta con la contundencia suficiente para sacarles de su error, porque -ya digo- no interesa a la industria, nuestros jóvenes seguirán respirando ese veneno y, lo que es peor, en cuanto crezcan un poco gastarán parte de sus ingresos en seguir el ejemplo de sus padres perpetuando hasta el infinito esta nociva costumbre.
Pero, ustedes tranquilos, hay unos señores muy riiicos, multimillonarios, con el cazo colocado en lugar conveniente para seguir enriqueciéndose a costa de su salud. No pasa nada, ellos ganan, ustedes pierden. Siempre ha sido así, el pez grande se come al chico, es ley de vida. A no ser que recapaciten y comprendan que entre lor argumentos de los médicos y los de las tabacaleras, no es difícil decidir quién tiene la razón.
¡Feliz año nuevo! Propósito del mes de enero: DEJAR DE FUMAR. A ver si esta vez lo consiguen. Y si no es así, por favor, no lo hagan dentro del coche a no ser que, siempre, vayan solos.
De nada. ¡A mandar!

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