miércoles, 28 de febrero de 2018

EPOC y vida social

Los profesionales recomiendan encarecidamente el ejercicio físico a los pacientes de EPOC. De acuerdo, la actividad física (y la mental, no lo olvidemos) es recomendable en todas las circunstancias. Pero este consejo debe ir acompañado de una serie de explicaciones, ya que las patologías respiratorias se conocen poco -a pesar de su altísima prevalencia- y existe mucha confusión al respecto.

  • En primer lugar, una persona con un alto grado de disnea (dificultad para respirar), que quizá precise oxígeno domiciliario entre 16 y 24 horas diarias tiene muy limitada su capacidad de movimiento. No estamos hablando de esos comodones que se tumban a la bartola, a quienes los médicos tienen que regañar para que espabilen y no queden agarrotados de pura vagancia. No señor. Son personas que han de limitar sus movimientos porque, sencillamente, se ahogan, que no pueden mantener una actividad normal, que en los caso más graves han de permanecer en reposo la mayor parte del tiempo y en los más leves han de tener cierto cuidado para no excederse. Es decir, cuando se recomienda movimiento hablamos de algo muy controlado, que ha de realizarse bajo supervisión médica y con controles periódicos in situ realizados por el propio enfermo mediante observación directa o con aparatos: peak-flow, pulsioxímetro y tensiómetro.
  • Resultado de imagen de mortadelo y filemon con baston
    Viñeta de Francisco Ibáñez

  • Pero además hay que tener en cuenta que, hasta en las peores condiciones de salud, existen ciertas necesidades básicas, a saber, comer, mantener unos cuidados higénicos y relacionarse con otras personas. Para esto hace falta moverse: cocinar, barrer y fregar, ir a la compra, encontrarse con amigos o recibirlos en casa. ¿Qué hace una persona con problemas graves de salud si no tiene la quien resuelva esas cuestiones? Puede que lo que suceda sea lo contrario, que tenga que moverse por obligación más de lo conveniente con grave peligro de empeorar o, en casos extremos, de quedarse en el sitio. ¿Tienen esto en cuenta quienes recomiendan actividad física? ¿Por qué no se ponen en la situación de estos enfermos y les sugieren qué hacer en estos casos? ¿O es que no se han molestado en preguntarles qué problemas aparecen en su vida diaria?
  • ¿Y los que están rodeados de familia? ¿No llevan una vida excesivamente controlada? ¿No corren el peligro de que se les trate como a niños, como si en lugar de los pulmones tuviesen afectada la capacidad de pensar y decidir?
Conviene plantearse todo esto, porque a veces hablamos, hablamos y se nos olvida contemplar el conjunto de factores que pueden entrar en juego en una patología como la EPOC.

viernes, 23 de febrero de 2018

¡Ponga un inhalador en su lecho de amor!

Cristina y yo comíamos pipas ayer tarde, de espaldas al mar sentadas en la empalizada de piedra. Me explicaba que no es fácil mantener una relación sin altibajos cuando tu pareja está mal de los bronquios.

- Molina, estoy desesperada. Hace siglos que no me acuesto con Paco. Un día de estos se va con otra y me deja con tres palmos de narices.


Conozco a Cris desde que éramos pequeñas, pero estas conversaciones siempre resultan algo incómodas.

- Yo creo que no deberías preocuparte, todos las parejas pasan por algún bache Después de tantos años de estar juntos la pasión va disminuyendo, es lo normal.

- No es eso. Aunque haga 18 años que le conozco, a mí Paco me encanta. Pienso que se ha conservado muy bien a pesar de todos sus rollos de salud. O que es él y me gusta así por eso. El caso es que le deseo de verdad.

- ¿Le deseas pero te niegas? Pues tenéis un problema, Cris.
- Es por los ahogos. Antes que disfrutar de él, prefiero no perderlo. Cada vez que lo pienso, me quedo sin líbido.
- ¿Le has dicho que es por eso?
- ¿Qué dices? No me perdona ni que lo piense. Si llegara a enterarse...
- ¿De verdad crees que es peligroso ?
- Si, aunque tiene fácil arreglo, dos inhalaciones antes y listo, pero no se puede hablar con él.
- No me lo creo.
- Pues no exagero nada. Ni te imaginas lo susceptible que está con eso. Prefiero decirle que estoy agotada o que me ha sentado algo mal.
- O el tópico de la cabeza. Jajajaja.
- No, porque me obligaría a tragar una aspirina y se pasaría la mitad de la noche dándome la murga. ¿Qué me aconsejas, Molina? No se lo puedo contar a nadie.
- Pues… mira, ahora que lo dices… yo creo que deberías comentárselo al neumólogo.
- ¡Qué horror! ¿Como voy a hablarle de mis intimidades a ese hombre?
- Tampoco hace falta que le des detalles. Le puedes llamar por teléfono ¿no? Pues, yo que tú, le diría que tienes miedo de intimar con tu marido, que necesitáis un consejo, y que prefieres que él no sepa que se lo has dicho. La próxima vez que vayáis a verle él sacará el tema y le dirá lo que tenga que decirle.
- Lo pensaré. De todas formas, menudo plan. Está histérico, la semana pasada me regaló un camisón nuevo. Si no lo miras con lupa no lo ves.
- ¡No te quejarás! Eso es amor.
- Ya, ya. Yo acojonada y él subiéndose por las paredes. Como para no quejarme.

Emil Nolde - Couple on the beach (1903)
- También podríais ir a un psicólogo.
- ¿Con qué excusa?
- ¿Problemas de pareja?
- Eso es lo bueno. Y lo malo, claro. Que no tenemos ningún problema.
- Pero él cree que sí, él cree que ya no te gusta.
- No sabe qué pensar. Y yo siempre le digo que me encanta, que le quiero, que sigue siendo mi chico…
- ¡Qué bonito!
Miguel Prieto - La siesta
- Precioso. Pero se lo digo cuando vamos por la calle o tengo la sartén en el gas. En la cama me convierto en una seta.

- Lo dicho. Habla con su especialista. Total… ¿qué pierdes?
- Ya. Puede que te haga caso. Es que no te imaginas lo que es verle con la lengua fuera cuando ni siquiera me ha dado un beso. Se puede ahogar subiendo una cuesta, así que en la cama…
- Si tú lo dices... Pero el médico habrá visto miles de casos, él sabrá lo que tenéis que hacer.
- Me conformo con que le convenza de que use el broncodilatador. Y de que se esté quieto y me deje hacer a mí. Si hubiera un manual de posturas para enfermos de EPOC...

- Seguro que sí, mujer.



RECUPERACIÓN DE LA SERIE DE RELATOS INDEPENDIENTES TITULADA CHARLAS CON PACO TELLA, PUBLICADA INICIALMENTE EN LA PRIMERA ETAPA DE ESTE BLOG

viernes, 16 de febrero de 2018

Tu Club de mi Comedia

(O de como el mundo entero sabe lo que me pasa mucho mejor que yo mismo)

El sábado pasado Paco fue el artista invitado en el centro cultural del barrio y el domingo repitió su actuación en el Pachuli, un club que abrieron tres franceses en los bajos de un edificio en rehabilitación y que ha estado de moda hasta hace poco. Ahora está de capa caída y todo el mundo sabe de quién es la culpa. De la crisis, sí. Desde hace ya muchos meses, los clientes de siempre entran sin pagar, los artistas trabajan gratis y el mantenimiento se ha puesto en manos de la divina providencia.

Cris me manda el vídeo por vía electrónica. Pongo en una bandeja todos los dulces que encuentro por casa y una gran jarra llena de café, coloco todo en la mesa baja y, mientras pasan trozos de la actuación de un grupo local que estuvo por la zona el verano pasado, me entretengo en mullir los cojines. La grabación es un desastre. Primero se ve un escenario borroso. Según se va acercando, la imagen se vuelve algo más nítida. Aparece Paco en primer plano inflando los carrillos y poniendo los ojos en blanco.

- Bon soir. ¿Soir? ¿Suar?

Risas contenidas.

La cámara se aleja, Paco se encoje de hombros y empieza a pasear de un extremo a otro. Ignora a los espectadores, parece estar concentrado en sí mismo. No se oye un suspiro. Cuando llega al punto de partida, se para de repente, da un cuarto de vuelta y se queda mirando al público.

- Soy un tipo incomprendido – exclama. – ¿Saben por qué? Todos se creen que tienen que darme lecciones. Cuando iba al cole había un profesor... - se pone bizco - No, no me voy a ir tan lejos, a ver si los voy a perder a la vuelta de algún lustro.

Silencio. Alguna risa nerviosa al fondo.

- Cuando mi hijo Raúl tenía tres años, lo llevamos a que viese los Reyes Magos y el coche se paró de repente. Mientras llamábamos a la grúa, al chaval se le ocurrió mearse encima, probablemente del susto. Así que, una vez acabé los trámites, me encontré cogiendo el autobús, en pleno mes de enero, con un niño empapado al que tuve que quitar los calcetines para que no se le congelasen en las piernas. Ustedes sabrán por experiencia que si te da un vahído, aunque tengas diez personas dándote codazos, no te mira ni dios. Pero ¿han probado a subirse con un niño sin calcetines, en pleno invierno, a un autobús lleno de gente? Háganlo. Todos se sentirán obligados a informarte de que el niño que arropas bajo tu abrigo va prácticamente desnudo. Me gustaría saber que les pasa por su mente retorcida: si piensan que estás ciego, que eres tonto, que te has caído de un guindo...

Había que ver a Paco dar vueltas a los ojos mientras agitaba rápidamente la punta de la lengua. El público se retorcía de risa

- Disculpe, señora, no me había dado cuenta, menos mal que usted se ha fijado.

Paco toma aire, sube los hombros y baja la cabeza esperando a que cesen las risas. Me sirvo más café.

- ¿Saben? A mí... a primera vista no se me nota, pero no respiro bien. Hablo completamente en serio. Esto me pasa porque he sido un gran fumador. A veces me dan ataques de tos en público. – Pausa – No teman, hoy ya he chupado el caramelo de menta.

Murmullos.

- Es broma. Por lo general, necesito algo más fuerte pero si salgo de casa es que el asunto está controlado. Siempre que el ambiente no sea agresivo, como aquella vez en el metro. Alguien se había puesto un perfume carísimo, debía oler como los ángeles pero yo no podía resistirlo. Empecé a toser. Un minuto, dos, diez. No se me pasaba. Al principio intentaba aguantarme pero estaba a punto de reventar. Había una mujer a mi lado y se creyó en el deber de darme un consejo. Es mi destino. Sí.

Pausa.

- Me dio un susto de muerte. Estaba yo tosiendo tan tranquilo y de repente empezó a chillar como si hubiera visto una rata. "Suba el brazo, suba el brazo".

Ahora, incluso yo empiezo a reírme al mismo tiempo que el público. La voz de pito de Paco es irresistible.

- "Suba el brazo, que suba el brazo le digo. Soy enfermera y sé perfectamente lo que tiene que hacer". Debía querer que me disculpara, o algo así, por no seguir sus instrucciones. Se-e-e-ñora que me estoy muriendo. ¿Quiere que se lo diga? Pues no puedo, cojones, tendrá que adivinarlo usted solita.

Primer plano de nuevo. Sonrisa alelada de oreja a oreja, la punta de la lengua asomando por una de las comisuras. Bizquea, no bizquea, bizquea...

- Pongo esta cara a ver si la asusto pero cada vez la veo más enfadada. Creo que estuvo a punto de pegarme porque me ahogaba sin pedirle permiso. A ella que era enfermera. ¡A quién se le ocurre!

Deja caer los brazos y pone cara de resignación.

- Lo que uno tiene que hacer mientras se ahoga. Ya digo, tengo muy mala suerte. Siempre encuentro alguien que sabe lo que me pasa mucho mejor que yo.

La cámara enfoca caras sonrientes. Luego a Paco mirando con atención.

- Por fin se calló la buena mujer.

Más risas.

- Si llego a morirme, creo que hubiera tenido que pagarle una multa.

Aplausos.

- Y si hubiese tenido solo un poco más de aire, me hubiera gustado... tirarle de las orejas. Las tenía muy coloradas.

No han dejado de reír. Paco añade.

- La pobre...

Este hombre es un humorista nato. ¡Quién lo hubiera dicho! Me sirvo un poco de leche, saco del bolsillo un caramelo de anís.



-
- Entro en un bar. Venimos de compras, me acerco a la barra mientras mi mujer se encarga de los paquetes. Doy un paso atrás en cuanto veo a la camarera con el frasco de detergente en una mano y el trapo en la otra, dispuesta a limpiar la vitrina. Me mira con cara de susto. Pero no un susto corriente, me mira como si estuviese a punto de atracarla. “Perdón señorita, – le explico – es que no puedo acercarme ahora porque tengo alergia a los químicos. En cuanto se seque…” “¡Ahhh! – hace un gesto de pánico, vierte medio litro de líquido en la bayeta y se pone a fregar frenéticamente. “Perdón, no lo sabía, ¿eh? Lo siento de verdad”.

Los espectadores escuchan con una sonrisa.

- A esas alturas, – sigue diciendo Paco – yo he retrocedido hasta la mesa, bien alejado del chorro asesino, y mi mujer ha tomado el relevo. En cuanto se sienta en el taburete, la chica vuelve a disculparse. "En serio, no tenía ni idea ¿eh?"

Parece que lo estamos viendo. Paco, convertido en camarera, sostiene con una mano un recipiente imaginario mientras con la otra frota concienzudamente el aire.

- La muy mema sacude el bote sobre la repisa extendiendo otro chorro generoso. Si no me retiro a tiempo, estaría ya en el otro barrio. “Tranquila, usted no se preocupe”, replica mi mujer, pero no puede evitar mirarla con lástima infinita, mientras la otra sigue arrojando líquido por todas las esquinas que tiene a su alcance. Si continúa con su furia higiénica, vamos a tener que huir de allí.

¿Que no lo sabías? Naturalmente, – pienso, pero me callo porque si no voy a acabar asesinándola  si tuvieras poderes paranormales no estarías vendiendo bocadillos. Y ahora que lo sabes ¿qué pretendes? ¿Acabar conmigo? Sé que es mucho pedir, pero la vida sería mucho más fácil si escuchásemos lo que nos dice el que tenemos enfrente.

Vuelven a aplaudir El público está entregado, con ganas de que vuelva a hacer el payaso pero atento a la historia. Veo caras serias, llenas de simpatía cuando la cámara hace otro barrido general.

- Y entonces, a pesar de mi mala suerte, un día se me ocurre coger un taxi. Los taxis son veneno para mí, tienen una atmósfera de por sí cargadita, con restos de tabaco sí o sí, de eso no se libra ninguno. Para acabar de liar la cosa, le añaden ambientador creyendo que así se nota menos y terminan de rematar la faena. Lo peor de todo es que nos dirigíamos a un pueblo al que solo se puede acceder por autopista. Ese día iba solo. "Haga el favor de dar un rodeo – le pido al hombre – para que no tengamos que atravesar el túnel. Es que tengo un problema de bronquios y me ahogo, ¿sabe?". El otro, sin inmutarse, suelta lo siguiente: "A usted no le pasa nada en los bronquios, lo que tiene es claustrofobia" Y se queda tan pancho.

He comprendido hace rato que se está escenificando un mitin. Paco no interpreta: lo vive. Pone una expresión tan cómica, de desesperación infinita… Se escuchan risotadas inquietas.

- Ya que se mete en camisa de once varas, le hago un resumen de la situación. "Señor, a mí quien me trata es el neumólogo porque lo que tengo está en los pulmones, si fuera claustrofóbico tendría que visitar al psiquiatra."

Ya se me han olvidado los pasteles, el café, que se ha quedado frío, y casi no sé ni dónde estoy. Veo en primera fila varias bocas abiertas, como si temiesen perder el hilo al cerrarlas.

- Y entonces – continúa Paco – el fulano se pone chulo y me larga: "Y a mí qué me cuenta. Yo no soy médico". "Acabáramos, le digo, creí que se había doctorado en todas las especialidades y que además era una eminencia. Como ha diagnosticado sin mirarme...”

Aplausos solidarios. Lo que cuenta Paco es cada vez más grave, la gente lo nota y le apoya sin reservas. Eso se ve.

- Pero escuchen, ahora viene lo mejor. Resulta que el tipo tenía salida para todo. "Es que mi mujer la tiene. La claustrofobia, digo. Y no pasa nada por eso".

Paco sacude los brazos por encima de su hombro derecho como si estuviera lanzando al taxi por los aires, taxista incluido.

- Ahora sí que lo entiendo todo. – arruga la nariz – ¿Porque tenga claustrofobia tu mujer la tenemos que tener los demás?

Risas suaves, de alivio.

Da unos pasos hacia atrás y vuelve a su sitio, como si estuviese recordando algo que le hace mucha gracia. Al reírse, sacude los hombros. La gente espera atenta, preguntándose por dónde irá a salir.

- Pero lo mejor con diferencia, lo descacharrante de verdad, la rehostia, lo que se lleva el óscar al mejor guión de todos los tiempos, es lo que me pasó con la asistenta.

Escucho enormes carcajadas mezcladas con aplausos. Creo que todavía no ha dicho nada gracioso, será para liberar la tensión.

- Llevaba días notando que cada vez que ella pasaba por allí yo me encontraba fatal. Y, como no creo en males de ojo ni mandangas, supuse que estaba actuando por libre. "Ana Mari, le pregunto como quien no quiere la cosa, ¿ha fumado usted?” Pero la cosa tenía su miga porque el último día que vino llamamos a un médico del SAMUR y trajo una bombona de aerosoles que tuve que aguantar en la boca más de veinte minutos. Claro que lo que ella tardó en confesar fue más del doble de ese tiempo. No le pusimos el foco encima de los ojos porque en casa no tenemos, pero había un poli malo (yo, naturalmente) y un poli bueno (Cristina, mi mujer, que se va a ganar el cielo de la paciencia que tiene). Después de hostigarla sin piedad entre los dos – aunque le hemos explicado por activa y por pasiva que en casa no puede entrar ningún producto que no hayamos supervisado nosotros – confiesa que todas las semanas trae un espray de amoniaco escondido en el bolso. "Lo reconozco. He sido yo.”

Nos da la espalda a todos y sube los hombros lentamente. Cuando se vuelve, adelanta la cabeza y extiende la mano derecha con gesto cómplice.

- Les juro que no podíamos creerlo, era imposible que aquello estuviera pasando de verdad. Ni en mis peores pesadillas he vivido nada tan absurdo.

Caras preocupadas. Entonces Paco parece cargarse de furia e increpa a una asistenta invisible.

- Pero, tonta de mierda. ¿Qué pretendías? ¿Matarme?

Aplausos comprensivos. Él hace una reverencia y se queda mirando con gesto grave.

- Muchas gracias.

Las paredes retumban de aplausos. Nadie esperaba esto pero han entendido y lo demuestran.

- Señores, yo vivo la vida a tope. Lo malo es que mi tope está demasiado cerca, justo aquí.

Alarga la mano y los aplausos se incrementan. Algunos se ponen de pie para aplaudir con más entusiasmo. Paco se inclina de nuevo y se cierra el telón.

La pantalla queda a oscuras. Recojo la mesa moviéndome como una sonámbula. Siento que floto, como si acabase de salir de un sueño muy largo.


RECUPERACIÓN DE LA SERIE DE RELATOS INDEPENDIENTES TITULADA CHARLAS CON PACO TELLA, PUBLICADA INICIALMENTE EN LA PRIMERA ETAPA DE ESTE BLOG

miércoles, 14 de febrero de 2018

Los principales contaminantes del aire

Un hecho que me sorprende en relación con las enfermedades respiratorias, que me sorprendió hace ya añoscuando empecé a interesarme por la cuestión, es la absoluta ignorancia en que se mantiene a los enfermos sobre la incidencia de la calidad del aire en su patología. Digo que me sorprendió en su día, ahora me parece inconcebible -no salgo de mi asombro- que pasen los meses, los años y nadie asuma la responsabilidad de avisar al afectado de lo que le enferma y al resto de ciudadanos de lo que han de hacer para no agravar los problemas respiratorios que ya existen -incluídos los suyos propios- y para no producir otros nuevos (en otros, pero también en su propia persona).
Resultado de imagen de paisajes prerrafaelitas
Atkinson Grimshaw - Liverpool Quay by Moonlight (1887)
Hace tiempo, participaba en un foro -hoy desaparecido- de salud respiratoria y no podía entender que los moderadores (por cierto, solo enfermeros no licenciados en medicina) no incidiesen en la absoluta necesidad de respirar aire puro. Estaban hablando con personas que padecían enfisema pulmonar, ¡por dios! Pues ni les importaba lo más mínimo ni creo que tuviesen conocimiento de lo nocivo que es un aire contaminado para aquellos que padecen limitaciones en el aire que respiran. Y si no sabían nada del asunto es porque -a pesar de su responsabilidad como asesores de pacientes y cuidadores- nunca se habían parado a pensarlo. Porque si lo piensas, es fácil llegar a la conclusión: una persona que necesita aporte extra de oxígeno, o lo necesita en ocasiones, o tiene que ingresar periódicamente para que se lo suministren, está en peligro siempre que los niveles de oxígeno en el aire bajen aunque sea mínimamente, y en eso consiste la contaminación, en alterar las proporciones de los componentes ambientales en detrimento de su componente fundamental.
Resultado de imagen de paisajes prerrafaelitasComo pueden suponer, en un grupo que prescindía de una premisa tan importante mis esfuerzos por conseguir que la tuvieran en cuenta caían invariablemente en saco roto. Los profesionales ni se dignaban contestarme y, naturalmente, eso influía en los profanos -excepto alguno mejor informado que la media- que, para no ser menos, me ignoraban olímpicamente. En ese contexto, me sorprendió la agudeza de la esposa de un paciente, afirmaba que su marido había experimentado una insólita mejoría durante unas vacaciones en el campo y se preguntaba si, quizá, el aire puro podía ser la causa de no haber necesitado inhaladores en ese periodo de tiempo. Era evidente que nadie les había hecho ver la relación y que sus propias observaciones les parecían tan ajenas a lo que siempre habían escuchado que no acababan de creérselas.
Señores pacientes, respiren aire puro sin abandonar su medicación de base y comprenderán que no es ninguna tontería. Señores profesionales sanitarios, informen a sus pacientes, informen a la población (de los efectos nocivos del tabaco, del humo en general, de los químicos, de la polución urbana, de los lugares cerrados y atestados de gente). Señores ciudadanos de a pie, empiecen a pensar en la calidad del aire que respiran, lo que no se ve también existe y no da igual que entre en los pulmones una molécula de oxigeno que una molécula de, pongamos por caso, la lejía que se está evaporando en un barreño. Y, si no me creen, pregunten, verán cómo tengo razón.

viernes, 9 de febrero de 2018

El perro

¿Tú en qué estás ahora, Molina? – quiere saber Cris, la mujer de Paco, que ha venido a –palabras textuales – “llevármelo a casa, ¡qué manía esta de pescar tanto!”.

        ¿Aparte de lo de siempre? Pues estoy escribiendo un cuento para una niña de mi familia que todavía no conozco. Se llama Lu y tiene dos años.

        No me digas que queréis enseñarle ya a leer. Si es que sois unos exagerados. Cuando os da por algo lo lleváis a unos extremos absurdos. A Paco le pasa igual.

        Mujer, es para cuando sea mayor. Aunque va a tener que crecer bastante porque creo que lo que está saliendo es un relato para jóvenes. Cuando aprenda a leer no voy a poder dárselo.

        Bueno, de aquí a entonces aún te da tiempo a escribir muchos.

        Y ¿con este qué hago?

        ¿Tiene título?

        Los árboles azules. ¿Por qué?

        Por nada. Yo que tú se lo regalaría a otro niño, dentro de quince años ¡quién sabe lo que puede pasar!
    Paco nos deja hablar mientras mete bultos en el coche. Luego me da un abrazo de despedida y se sientan de morros los dos. Ella al volante, él de copiloto con cara de ir a morder al primero que le tosa.
   Antes hemos estado en mi casa, los tres, entre azaleas, escuchando a Nacha Guevara (nos da por los tangos y la música argentina cuando nos juntamos al borde del mar) y comiendo sardinas del mercado con mucho limón. Cris y yo las hemos asado en la cocina, con la puerta bien cerrada y el extractor a tope porque la mínima brizna de humo es peligrosa para Paco. Él no quería comer, solo pescar. ¡Qué perra le ha entrado con la pesca! Si hemos conseguido convencerle de que subiera a probar las sardinas es solo porque ha tenido mala suerte: en el momento oportuno, dos chicos se han puesto en cuclillas junto a una barca de remos que habían volcado antes, han abierto unas latas de pintura y han empezado a pintarla. Paco ha tenido que soltar la caña y salir corriendo para no morir ahogado: el olor a pintura le tapona los bronquios tanto como el humo de las sardinas porque, aparte de la EPOC, padece un asma feroz. Nosotras, que habíamos acabado con lo nuestro y nos habíamos asomado a la azotea con la intención de llamarle, hemos bajado a toda prisa para recoger sus cosas antes de que alguien pudiese robárselas. Por fortuna mi rincón hoy estaba tranquilo, fuera de los chicos trabajando y un perro que correteaba de un lado a otro no había un alma.
     Pero, en cuanto ha acabado la sesión y los pintores se han marchado arrastrando su bote, Paco se ha empeñado en seguir pescando.
        Eso no le hace ningún daño y le entretiene- – sugiero a Cris sin saber muy bien si tengo o no razón,

        Pero no es plan – rezonga – lo que tiene que hacer es charlar con nosotras y, sobre todo, mucho ejercicio. No le conviene quedarse quieto, cuando está razonablemente bien tiene que moverse para compensar el tiempo que ha de pasar reposando.

        Es complicado, sí. – digo pensando en voz altaNo ha querido pasear con nosotras, ni siquiera buscar un mirador dónde tomar café, disfrutar de buenas vistas y sacar alguna foto. ¿Qué tendrá la pesca? Ni Cris ni yo lo sabemos, nos parece tan aburrida… Pero si hay aficionados algo ha de tener, es evidente.

Paco y Cris han hecho las paces en el coche y luego me han llamado desde el móvil para pedirmedisculpas. Se lo agradezco mucho pero estoy deseando colgar. Ahora anochece a toda prisa y yo me he empeñado en buscar al perro. No se le ve corretear. Me pareció que no tenía dueño, era bonito y gracioso, me gustaría llevármelo a la casa de las rocas, ¡sería tan feliz allí!


RECUPERACIÓN DE LA SERIE DE RELATOS INDEPENDIENTES TITULADA CHARLAS CON PACO TELLA, PUBLICADA INICIALMENTE EN LA PRIMERA ETAPA DE ESTE BLOG

miércoles, 7 de febrero de 2018

¿Quieres saber qué es la EPOC?


  • Son las siglas de Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica.
  • Se trata de una combinación de Bronquitis crónica y Enfisema Pulmonar.
  • Está producida por el tabaco, aunque cualquier tipo de contaminación la agrava. Un hecho digno de recalcar, puesto que quienes la padecen no suelen notar ninguna síntoma mientras respiran sustancias peligrosas y por tanto no suelen evitarlas.
  • Es una patología progresiva (va a avanzando siempre, aunque más lentamente si se evita el tabaco activo-pasivo y snos alejamos de los ambientes insalubres) e irreversible (no tiene vuelta atrás, aunque los síntomas mejoran con medicación y un estilo de vida saludable).
  • A veces, va asociado a otras patologías, respiratorias y no respiratorias.
  • En España la padecen cerca de dos millones de personas (en torno a un 10.5% de la población adulta).
  • De esos dos millones de enfermos, solo alrededor de un veinte por ciento está informado de que padece EPOC, por lo general, la información les llega cuando la patología está muy avanzada. Es entonces cuando empiezan a tomar medicación y, a veces, consiguen abandonar el tabaco, causante de todo el problema. Tiene pues un infradiagnóstico de dimensiones colosales.
  • Esta patología mantiene a quienes la padecen en situación de invalidez y aislamiento, aferrados a una bombona de oxígeno domiciliario, con constantes ingresos hospitalarios y con una disnea (limitación respiratoria) actuando como una espada de Damocles que les invalida para llevar una vida normal.
  • Todos los años fallecen en torno a 18.000 personas en España por causa de la EPOC,
  • A pesar de todo, los chavales se inician en el tabaco a los 12 años y gran parte de ellos continúa fumando en su vida adulta. Esto es así porque la sensibilidad social es tan laxa ante el problema y la información que les llega tan contradictoria que no son conscientes del peligro.
  • La publicidad de las tabacaleras gana, la concienciación que realizan los médicos apenas se tiene en cuenta.
  • Alguna vez tomaremos conciencia de este enorme problema social, pero mientras todo siga igual, esto no va a ocurrir. La situación es tan terrible que, por fuerza, acabará resolviéndose, pero probablemente, transcurrirán décadas antes de que la sociedad se mentalice.

Si fumas o has fumado, si te preocupa la salud de alguien conocido, esta página te informa de todo lo que necesitas saber.

viernes, 2 de febrero de 2018

La traición

- Estoy depre, no quiero ver a nadie.

Mi amigo Paco viene de la estación. La capital le conmociona tanto en los últimos tiempos que hoy se ha dejado caer por la playa con sus trastos de pesca y la intención de quedarse quieto unas cuantas horas, todo el día, el resto de su vida si fuera posible. Pero tiene mujer e hijos, un negocio que dirigir, aunque debido a su salud apenas pueda atenderlo personalmente. Tomamos unas rebanadas de pan con aceite en el primer chiringo que encontramos abierto. Le noto tenso, a punto de explotar pero no me atrevo a preguntarle. Me consta que el café le relaja, pero solo cuando le quema los labios. Tras unos cuantos sorbos de achicharrarse a conciencia, se fija en las primeras luces que asoman por la línea del océano y suelta lo que lleva encima.

- Soy un tipo despreciable.

- Lo sé, Tella, estuviste en la cárcel por contrabando. Eso no se hace, hay que respetar la ley.

- Aquello no fue más que un fallo técnico. Hubiese sido legal con solo un par de sellos en la parte derecha de los pliegos, ellos me estafaron a mí.

Me callo para no recordarle que también estuvo a punto de atracar un banco. En realidad no es mal chico, solo que en aquella época le dio por tomar sustancias. Pero parece que me adivina el pensamiento.

- Lo del banco lo planeé yo, pero luego me enfrenté a todos porque no quería que se hiciese. Por eso me salí de la banda.

Eran otros tiempos. Y ellos una panda de mequetrefes larguiruchos que acabaron en un correccional, no sé qué habrá sido de los otros. Paco se asustó tanto que cambió de barrio y encontró trabajo en una tienda de flores. Tuvo suerte de que le contratasen de aprendiz; con el tiempo, llegó a tener su propio negocio, abrió incluso varias sucursales. Ahora se conforma con su tiendecita.

- No metas al pasado en esto, Molina. Estoy jodido porque ayer tarde me llamó Pili para pedirme que la acompañase hasta el metro. Yo iba en dirección contraria, tenía cita con un proveedor pero como no habíamos quedado en una hora fija...
- ¿Pili?
- Sí, esa que trabaja en la radio; la has visto, seguro. Vive en la esquina de mi calle enfrente del parque, su marido es camionero...
En mi antiguo barrio todos nos conocíamos. Pili apenas ve más que unos cuantos bultos. Una vez me indicó cómo ir a la central de teléfonos y, aunque el camino era enrevesado, consiguió grabármelo en la cabeza, de tal modo que llegué hasta allí sin contratiempos. Estaba sorprendida, caminé más orientada que si hubiera llevado un GPS. Luego me enteré de que era ciega y entonces lo entendí. Pili iba para pianista. Desde el accidente se dedica a entrevistar a grupos de rock pero sigue tocando el piano.
- El mes pasado tuvo un concierto. Yo no fui. Me dijeron que había estado bien.
- ¿Te invitó acaso?- le pregunto con ironía - Sé que Paco aborrece la música clásica, si admira a Pili es por su programa de radio.
- Claro. El Triski y yo somos colegas.
Triski es el camionero, un melómano empedernido. Escucha lo que le echen, no hace distingos, de Mari Fe de Triana a Bethoven pasando por el rap. Con la comida le pasa igual, dentro de poco van a tener que fabricarle otra cabina, a medida. Y con costuras, a ser posible.
- Cuando Pili me llamó estábamos todavía en la mesa. Esa tarde no tenía que presentarse en la emisora sino en un acto benéfico al que habían invitado a varias bandas míticas. ¡Yo que sé! Estaba muy nerviosa porque a su jefe se le había olvidado decírselo con tiempo. Tenía que coger un par de autobuses para llegar a la estación, pero si la acercaba yo no le llevaría más de media hora. Empecé a preparar mis cosas muy despacio...
- Pero Paco, tú no puedes apresurarte.
- Por eso lo digo. Pili ya sabe que tengo un problema de bronquios. Quedé con ella en el aparcamiento del hiper, arriba, frente a la puerta, en mi hueco de siempre.
- Lo conozco. Y sé lo que vas a contarme: sentías que te ahogabas y tuviste que dejar que fuese a pie. - Intenté terminar yo la historia para que Paco no se sintiese incómodo, sé que esas crisis suyas le dan un poco de vergüenza.
- Esta vez no - sonrió - eso te lo hice a ti una vez pero ayer no estaba tan mal, en ese caso hubiese aplazado mi entrevista. Llevé a Pili hasta la boca de metro, pero era un camino nuevo para ella, se sentía insegura y me pidió que bajase y la acompañara hasta el andén.
Entonces supe lo que iba a contarme. Paco tuvo que abandonar a Pili a su suerte y no podía perdonárselo. Lleva años sin entrar en un andén de metro, tampoco en aparcamientos subterráneos.
- Te juro que lo intenté, - apuró el tercer café con amargura, la gran rebanada brillaba frente a él, ya fría. - Le dije que llegaría hasta donde pudiese y ella lo entendió, no hay problema, me conoce desde hace mucho. Me costó bastante bajar las escaleras del brazo de Pili, tuve que parar varias veces, me dieron dos ataques de tos... Conseguimos llegar hasta los torniquetes, pero me faltaba el aire. Pili estaba muy asustada, no sabía dónde tenía que ir. Le describí lo que podía ver desde allí pero más no podía decirle, yo tampoco conocía esa estación. Quisé avisar a algún empleado y no me dejó.
- ¿Has hablado después con ella?
- Sí, sí. Me llamó anoche en cuanto llegó a casa. Había llegado bien, sin tropiezos, quería que lo supiera y me dio las gracias de todas formas.
Hizo bien en agradecérselo, somos pocos los que podemos imaginarnos el esfuerzo que tuvo que hacer ese hombre. Pili puede ponerse en su lugar porque a ella también le cuesta mucho hacer lo que para otros no tiene ninguna importancia. Paco recogía ya la caña de pescar y la cesta, se puso la gorra. Esta vez no le dejé pagar. Sé por lo que ha tenido que pasar, las miradas de condescendencia, las acusaciones de locura, los guiños, los desprecios, solo porque tiene una enfermedad pulmonar y se ahoga a la primera de cambio. Pero la gente no lo entiende. Y él mismo se siente abrumado por la culpa cada vez que le sucede algo así. Su único fallo fue haber fumado cientos de cajetillas desde que tenía doce años, hasta que un día no pudo llevarse a la boca el cigarro que había encendido porque le faltaba el aliento. Tuvieron que suministrarle mucho oxígeno para sacarle de aquella y desde entonces no ha podido volver a fumar.
- No tiene ningún mérito, - nos dice siempre - yo nunca conseguí dejar el tabaco, me dejó él a mí el muy capullo.

RECUPERACIÓN DE LA SERIE DE RELATOS INDEPENDIENTES TITULADA CHARLAS CON PACO TELLA, PUBLICADA INICIALMENTE EN LA PRIMERA ETAPA DE ESTE BLOG