miércoles, 14 de febrero de 2018

Los principales contaminantes del aire

Un hecho que me sorprende en relación con las enfermedades respiratorias, que me sorprendió hace ya añoscuando empecé a interesarme por la cuestión, es la absoluta ignorancia en que se mantiene a los enfermos sobre la incidencia de la calidad del aire en su patología. Digo que me sorprendió en su día, ahora me parece inconcebible -no salgo de mi asombro- que pasen los meses, los años y nadie asuma la responsabilidad de avisar al afectado de lo que le enferma y al resto de ciudadanos de lo que han de hacer para no agravar los problemas respiratorios que ya existen -incluídos los suyos propios- y para no producir otros nuevos (en otros, pero también en su propia persona).
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Atkinson Grimshaw - Liverpool Quay by Moonlight (1887)
Hace tiempo, participaba en un foro -hoy desaparecido- de salud respiratoria y no podía entender que los moderadores (por cierto, solo enfermeros no licenciados en medicina) no incidiesen en la absoluta necesidad de respirar aire puro. Estaban hablando con personas que padecían enfisema pulmonar, ¡por dios! Pues ni les importaba lo más mínimo ni creo que tuviesen conocimiento de lo nocivo que es un aire contaminado para aquellos que padecen limitaciones en el aire que respiran. Y si no sabían nada del asunto es porque -a pesar de su responsabilidad como asesores de pacientes y cuidadores- nunca se habían parado a pensarlo. Porque si lo piensas, es fácil llegar a la conclusión: una persona que necesita aporte extra de oxígeno, o lo necesita en ocasiones, o tiene que ingresar periódicamente para que se lo suministren, está en peligro siempre que los niveles de oxígeno en el aire bajen aunque sea mínimamente, y en eso consiste la contaminación, en alterar las proporciones de los componentes ambientales en detrimento de su componente fundamental.
Resultado de imagen de paisajes prerrafaelitasComo pueden suponer, en un grupo que prescindía de una premisa tan importante mis esfuerzos por conseguir que la tuvieran en cuenta caían invariablemente en saco roto. Los profesionales ni se dignaban contestarme y, naturalmente, eso influía en los profanos -excepto alguno mejor informado que la media- que, para no ser menos, me ignoraban olímpicamente. En ese contexto, me sorprendió la agudeza de la esposa de un paciente, afirmaba que su marido había experimentado una insólita mejoría durante unas vacaciones en el campo y se preguntaba si, quizá, el aire puro podía ser la causa de no haber necesitado inhaladores en ese periodo de tiempo. Era evidente que nadie les había hecho ver la relación y que sus propias observaciones les parecían tan ajenas a lo que siempre habían escuchado que no acababan de creérselas.
Señores pacientes, respiren aire puro sin abandonar su medicación de base y comprenderán que no es ninguna tontería. Señores profesionales sanitarios, informen a sus pacientes, informen a la población (de los efectos nocivos del tabaco, del humo en general, de los químicos, de la polución urbana, de los lugares cerrados y atestados de gente). Señores ciudadanos de a pie, empiecen a pensar en la calidad del aire que respiran, lo que no se ve también existe y no da igual que entre en los pulmones una molécula de oxigeno que una molécula de, pongamos por caso, la lejía que se está evaporando en un barreño. Y, si no me creen, pregunten, verán cómo tengo razón.

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